El pajarito azul y sus satélites: demasiado poder y demasiadas hipotecas

El perfil de Elon Musk en Twitter

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Elon Musk y Mark Zuckerberg se parecen más de lo que creen. El CEO de Meta (Facebook) hablaba en 2017 de crear con su red social una “comunidad global”. El creativo e impetuoso gran emprendedor, el hombre más rico del mundo, CEO de Tesla y SpaceX (que incluye Starlink) quiere transformar la recién adquirida Twitter en la gran “ágora digital” del mundo (global digital town square), abierta a todos los debates y gentes. No solo un objetivo idealista, sino de negocio. Facebook tiene casi 3.000 millones de seguidores en el mundo. Twitter, casi 250 millones (y Musk quiere multiplicarlos por cinco en cuatro años). Pero Twitter crea más opinión entre responsables políticos, medios de comunicación y opinadores, con un efecto multiplicador en el público, en general y especialmente en casos de crisis o de información falsa. Aunque Facebook influye más directamente sobre el usuario (como se vio con el caso de Cambridge Analytica). 

 El peligro de Musk no es el del rico que se hace con un medio de comunicación (Jeff Bezos, de Amazon, ha resucitado un excelente Washington Post, aunque también está ensayando el Proyecto Kuiper de red de satélites para Internet), sino que mezcle negocios. Que Twitter acabe vinculado a la red Starlink de Internet desde el espacio que ya se ha convertido en un elemento de comunicación indispensable para el acceso de los ucranianos, desde luego su ejército, a Internet y lo que supone. En Kiev le están agradecidos a Musk, aunque le criticaron que considerara que se ha de llegar a un acuerdo de paz por el cual Ucrania tendrá que ceder territorio a Rusia. Y agradecido le está el Pentágono, aunque en un momento dado el gran emprendedor quiso que le pagaran estos servicios (de lo que se retractó después). Musk se ha convertido en un actor privado en la geopolítica mundial. No es algo nuevo en la historia (mírese la de varios imperios modernos), pero es un factor que está cobrando cada vez mayor importancia.

Elon Musk no fue el único ejecutivo de la industria de la defensa que acudió a la reciente primera ceremonia de relevo de mando de la Fuerza Espacial de EE UU. Pero sí el único que alabó por su nombre el jefe del Estado Mayor Conjunto por su aportación a la capacidad espacial de EE UU: “Lo que él simboliza, en realidad, es la combinación de la cooperación civil y militar y el trabajo en equipo que hace de Estados Unidos el país más poderoso del espacio. Así que, Elon, gracias por estar presente hoy aquí”, dijo el general Mark Milley en la ceremonia en la Base de Andrews, a las afueras de Washington. 

De momento, Musk está volcado en transformar Twitter en una red rentable -en parte de pago- y abierta. Se le están yendo algunos anunciantes, como General Motors (competidor de Tesla). Está por ver si mantendrá los criterios de los antiguos propietarios sobre desinformación, pues tras el intento del 6 de enero de 2021 de Trump y seguidores de impedir con un asalto al Capitolio la certificación por el Congreso de la victoria de Biden como ganador de las elecciones a la Casa Blanca, los entonces dueños de la red anularon la cuenta del presidente saliente. Musk, que defiende lo que llama un “concepto absoluto de la libertad de expresión”, se la devolverá. Pero quiere crear un consejo consultivo antes de tomar decisiones sobre contenidos. También Zuckerberg creó uno para Facebook, con gente prestigiosa, que de poco ha servido. Según el experto en estrategia Peter Singer, Musk no le presta demasiada atención a la ciberseguridad. Él mismo ha difundido algunas noticias falsas por Twitter antes de comprarla. Y está dispuesto a que la información en sus Teslas en China vaya también al gobierno chino. Aunque en Europa, tendrá que respetar las reglas de transparencia y contenidos de la UE.

En algunos ambientes de Washington preocupa la conjunción de una red social con influencia -y que pretende que sirva para todo (the everything app, como la china WeChat), también para comprar y pagar- y una red de Internet, vía satélite, con alcance global, un coche completamente conectado y su capacidad espacial, ahora que ese ámbito es objeto de una carrera público-privada entre potencias. Esto es lo nuevo. Especialmente de cara al Metaverso que viene, y por el que tanto están apostando Zuckerberg y otros.

Preocupación que aumenta ante las dependencias e hipotecas que tiene Musk, que ha comprado Twitter por 44.000 millones de dólares, vendiendo parte de su participación en Tesla, el fabricante de coches eléctricos de alta gama -su enorme fábrica en Shanghai hace 70.000 al mes- y con dinero saudí. Para Singer, “puede que Musk sea el dueño de Twitter, pero China y Arabia Saudí son efectivamente los dueños de Musk.” El Departamento del Tesoro estadounidense lo está investigando. Ahí, tras esa aparente fortaleza, puede estar una de las debilidades de Elon Musk.

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