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La “prioridad nacional” de Vox: ser más racista

22 de abril de 2026 21:52 h

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El partido Vox nació con una agenda antiecológica, antifeminista, antihomosexual. Lobbies gay, maltratadas de pega y agenda verde de Bruselas que arruina a los agricultores de toda la vida. Así fue consiguiendo atrapar el voto de una ciudadanía que veía su mundo moral posfranquista colapsar, de manera acelerada por una tecnología que ha abierto una fosa social. En Vox, antes de la pandemia, allí encontraron refugio miles de españoles desconcertados que querían volver a un mundo que ha dejado de existir y en el que ellos o sus familias educadoras eran dueños de los códigos o, al menos, pertenecían a la clase que los establecía y los entendía. Ese refugio no lo han encontrado en otro lugar, y eso es un fracaso de la política.

Pero el partido de Abascal entendió pronto que esos mantras eran insuficientes para seguir creciendo. Había una parte de la población, mujeres por ejemplo, que no estaba dispuesta a aceptar el paquete regresivo completo. Del mundo de la ética y la moral nacional católica pasaron al eje del bolsillo y la calidad de vida. La precarización de la clase media y/o trabajadora –por motivos que tienen que ver con los privilegios de unos ricos que son cada vez más ricos– era un vellocino de oro de votos. Emulando a la ultraderecha francesa, o al discurso de Trump, Vox ha apostado por echar la culpa del empobrecimiento a los más desfavorecidos. El extranjero “ens roba”. O delinque. O cambia los paisajes castellanos de España.

En esa idea de bienes limitados y menguantes para una población creciente reposa el concepto “prioridad nacional”. Ya no se repartirá a quien más lo necesite, sino a quien sea más español primero. Pero, ¿qué es ser español? Español sería haber nacido en España. ¿O también haber adquirido la residencia? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Los hijos de una pareja de italianos que viven en Barcelona un año tendrían derecho a beca o tarjeta sanitaria? ¿O solo hablamos de ciudadanos marroquíes y negros? ¿Hablamos de pobreza o hablamos de extranjeros? ¿Hablamos de raza? ¿O hablamos de Islam? ¿Hablamos de los millonarios que consiguieron la golden visa comprando pisos que no podrían tener derecho a colegio público? ¿Propone Vox que las personas nacidas fuera venga, trabajen y paguen impuestos en España pero que tengan menos derechos que otros que trabajan y pagan impuestos en España? ¿O que ni siquiera vengan a trabajar? ¿O que vengan pero que no molesten con su presencia y voz en las calles, hospitales o colegios? El Tribunal Constitucional estará encantado de poder leer estos argumentos.

La milagrosa solución que plantea Abascal en los territorios en los que está pactando con el PP –con la siempre confusa posición de Feijóo, que no se sabe si va, si viene o si ya estuvo– es limitar los beneficiarios del estado del bienestar por razón de raza, papeles, cultura o nacionalidad, en lugar de trabajar en aumentar y mejorar ese maltrecho estado del bienestar, que tiene que reparar grietas de desigualdad abiertas con dinero público, en muchos casos, por el turbocapitalismo desenfrenado en la esfera privada.

Vox quiere Make España Great Again pero no por la vía de la innovación, calidad de empleo o justicia impositiva, sino por la vía de la segregación por raza y cultura. Puede que sea solo una solución para seducir a esos miles de españoles que sienten que viven mal pese a que trabajan, que pagan mucho en vivienda, que viven muy lejos de sus trabajos, que cada vez comen más arroz y menos pescado o que no se van de vacaciones. Quizás el racismo sea dopamina para ellos y Abascal, su camello ideológico dispuesto a inculcar el virus del racismo en un país abierto y democrático.

O puede que sea un simple eslogan que sirva como excusa para romper con el PP cuando le venga en gana y mandar un mensaje de amparo a miles de españoles necesitados de soluciones, aunque sean absurdas, racistas e imposibles.