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Opinión - La profecía de Thiel, por Enric González

La profecía de Thiel

13 de junio de 2026 22:13 h

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“La educación de un libertario”, el artículo que Peter Thiel publicó en 2009, era escalofriante en su momento. Ahora lo es más. Porque la profecía de Thiel está cumpliéndose.

Peter Thiel no es el más rico de los tecnomagnates, pero es el más influyente de todos ellos. Los demás, incluyendo a Elon Musk, el primer billonario de la historia, le consideran el jefe. Recuerden aquella célebre portada de la revista “Fortune” en 2007, en la que los miembros de “la mafia de PayPal” (la empresa que transformó Silicon Valley) aparecían ataviados como gángsters de “Los Soprano”, con Thiel, el “capo”, en primer plano.

Thiel lleva casi 20 años proclamando que la libertad es incompatible con la democracia. La idea se comprende mejor si se sustituye “libertad” por capitalismo y “democracia” por cualquier forma de gobierno que implique de alguna forma a los ciudadanos y trate de mejorar sus vidas. Según Thiel, la gente es esencialmente estúpida y entorpece el progreso.

Hablamos de un tipo muy, muy inteligente. Precoz campeón de ajedrez en su Alemania natal, con estudios en Derecho, Filosofía y Economía y experiencia laboral en los tres ámbitos, multimillonario antes de cumplir los 30 años, Thiel se considera miembro de una pequeña élite obligada a distanciarse, física y moralmente, de la masa embrutecida. Cree que los océanos, el espacio exterior o, en menor medida, los universos virtuales de Internet ofrecerán en un futuro próximo posibles refugios para dicha élite.

La última frase de su artículo de 2009 es reveladora: “El futuro de nuestro mundo puede depender del esfuerzo de una sola persona que construya o difunda la maquinaria de libertad que haga del mundo un lugar seguro para el capitalismo”.

Probablemente se vea a sí mismo como esa persona, ese “ultrahumano” nietzscheano (pero sin el humanismo fundamental de Friedrich Nietzsche) destinado a la gran hazaña cósmica: lograr la sumisión de la especie a la maquinaria capitalista, único baluarte, supuestamente, de la libertad y la justicia.

Una de las creaciones del tecnomagnate es el Proyecto Maven, un sistema bélico basado en la inteligencia artificial (con su empresa Palantir al frente y otras, como Amazon, aportando tecnología complementaria y datos) que otorga una casi completa autonomía a los sistemas armamentísticos. Estados Unidos y su apéndice militar en Oriente Próximo, Israel, llevan cinco años ensayándolo. Maven ha sido puesto a prueba en Gaza. Con éxito, se supone, vistas la matanza y la devastación.

Por supuesto, Peter Thiel, gran admirador de Javier Milei (ha comprado una casa de 12 millones de dólares en Buenos Aires para residir en Argentina), no ve contradicción en que el Proyecto Maven haya sido subvencionado de forma masiva por los contribuyentes estadounidenses. Considera que el dinero de los impuestos está correctamente invertido en su sistema de inteligencia artificial, a diferencia del que se destina al bienestar público o (en eso no le falta un punto de razón) a salvar a los bancos de sus propios errores.

¿Está cumpliéndose la profecía de Thiel? Veamos. Los tecnomagnates son cada día más inconcebiblemente ricos. Los tecnomagnates (Elon Musk y Jeff Bezos) dirigen la nueva carrera espacial estadounidense. Los tecnomagnates han lanzado sistemas de inteligencia artificial más y más intrusivos ante la pasividad impotente de los gobiernos. Y los tecnomagnates se deleitan aprovechando sus redes sociales y sus sistemas de inteligencia artificial para azuzar conflictos sociales y desacreditar a los gobiernos legítimos (véase el papel de Elon Musk en los disturbios de Belfast y en la campaña continua contra el primer ministro británico, Keir Starmer).

Me parece que Thiel y los suyos van ganando.