El rapto de Europa
Ahora que Donald Trump y los ayatolás han descubierto que pueden mantener el precio del petróleo por encima de los 100 dólares sin disparar un misil o perder un dron va a ser difícil que dejen quieto el juguete. Los patrones no mienten. Siempre que el precio ha bajado de esa barrera en los últimos dos meses, o su amigo y vecino Donald, o los ayatolás, o ambos a la vez, han ejecutado alguna performance para volver a subirlo. USA se ha consolidado como la mayor potencia geoenergética del mundo y el régimen ha afianzado su dominio sobre un estrecho que los norteamericanos no necesitan, pero sus aliados así. Negocio redondo para ellos, caos para todos los demás. Pregunten por los Emiratos Árabes en la OPEP si no me creen.
Ahora que Benjamín Netanyahu ha comprobado que pueden seguir bombardeando el Líbano mientras el mundo hace como que hay un alto el fuego, va a ser imposible que aspire también al Nobel de la Paz para poder traspasárselo después a Trump envuelto en una kufiya. La política convertida en un modo de continuar la guerra por otros medios. Es el signo de los tiempos.
Habríamos pedido otra ronda solo por las risas si hace apenas una década alguien nos hubiera dicho que un presidente norteamericano iba a empezar a desmembrar la espina dorsal de su estrategia de defensa en Europa ante la Rusia más agresiva de la historia reciente, retirando soldados en la fiel Alemania con canciller democristiano, dejando en el aire su presencia en la Italia de la ultra Georgia Meloni o la España del socialista Pedro Sánchez. Pero la broma es infinita y ahora, además, es real. Cuantas veces habrá lamentado estos días el canciller Friedrich Merz no haber puesto en su sitio a Trump cuando se despachó a gusto con España en sus mismas narices.
La Administración Trump quiere ponerle a Europa y a la OTAN un chaleco más apretado incluso que esos que suele lucir Víctor de Aldama para colaborar con la rebaja de su propia pena. La disyuntiva planteada por el emperador naranja es simple: o se socializan los costes de la guerra de Irán, o se lleva los juguetes a su casa. No se trata de una rabieta. Es un cálculo estratégico. Si el aliado más fuerte y leal puede acabar castigado así, imagínense qué puede sucederle a los demás. A Volodímir Zelenski aquella bronca en el Despacho Oval podría acabar pareciéndole un bonito recuerdo.
Como en el mito fundacional y en los cuadros maestros de Tiziano, Rubens o Rembrant, Europa está a punto de ser secuestrada por un toro naranja que se cree Zeus, pero no lo es. Ningún momento tan vital como ahora para la continuidad del mayor proyecto de cooperación internacional de la historia de la humanidad. Con todos sus defectos, errores y problemas, la UE es lo más parecido a un mundo mejor que hemos tenido.
Si el amigo americano quiere irse, es hora de dejarle que se vaya y hacernos cargo de todas las facturas a escote. Hace tiempo que Ucrania aguanta sostenida solo por una Unión que siempre ha sabido avanzar empujada por el más feroz deseo de aniquilarla de sus enemigos. Más Europa y menos coches y aranceles. Es justo lo que no esperan que hagamos.