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Riesgo máximo para la democracia

Miembros destacados del PP de manifestración en el Templo de Debod, en Madrid.

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La ciudadanía va a tener que activarse a conciencia y los gobiernos honestos actuar sin demora contra la degeneración de la democracia que avanza a grandes zancadas. Ha pasado el tiempo de avisar que venía el lobo: está a las puertas. Aunque todavía no se ha adueñado de la situación. Hay un peligro mundial cierto y, de similar corte, otro en España, que podría ser más fácil de atajar. Puede que ver el problema aparentemente más lejano ayude a entender el doble riesgo que corremos.

La gran prensa internacional alerta de la amenaza que representa para el mundo una victoria electoral de Donald Trump en Estados Unidos en el año que va a comenzar. Lo hizo textualmente hace unos días, si recuerdan, el semanario británico The Economist. El Washington Post desgrana en una columna una tajante sentencia: “La dictadura de Trump está más cerca y es más inevitable de lo que los estadounidenses creen. Pero todos se están comportando con normalidad”. Una entrevista en la CBS con la congresista republicana Liz Cheney, hija nada menos del que fuera vicepresidente con Bush, de tan aciaga memoria, dice que “si Donald Trump es reelegido, podría significar el fin de la república y expresa preocupación por la comodidad de su partido con Trump y sus mentiras”.   

Implicado en juicios que van desde su aliento a quienes asaltaron el Capitolio al perder las elecciones, a corrupciones y sobornos varios, y agresiones sexuales, el país autollamado paradigma de la libertad puede elegir a Trump presidente aunque haya sido condenado. Su partido le libró de dos impeachments con causa. Y lo que es más claro aun: anunció sus propósitos cuando lanzó su candidatura. Marzo 2022: “Aprobaremos reformas críticas que hagan que el presidente de los Estados Unidos pueda despedir a todos los empleados del poder ejecutivo. El Estado profundo debe ser y será sometido”. Trump propuso una drástica expansión del poder presidencial.

Va el primero en las encuestas. Millones de seres siguen creyendo sus mentiras –de tal calibre que se edificó un monumento, un muro, en Nueva York, con 20.000 de ellas–. El drama es que el demócrata Joe Biden ha sido un fracaso completo, comprometido en conflictos internacionales pésimamente gestionados que le han restado popularidad entre los votantes. Y quiere repetir, a pesar de que, además, muestra a sus 82 años signos visibles de deterioro cognitivo. ¿Qué puede salir mal?, como suele decirse. El temor existe y se expresa de múltiples formas.

La onda expansiva de tal mandato sería de enorme amplitud. Y en junio se celebran elecciones al Parlamento europeo, en las que puede crecer más aun la ultraderecha cambiando la esencia misma de Europa. Es trágico que la Comunidad que se creó como respuesta a la barbarie fascista –con sello nazi, ya saben– pueda regresar a ese caos.  

La batalla que aquí en el sur del continente, en España, se libra entre la derecha extrema, sin principios éticos, y un Gobierno progresista salido de las urnas se inscribe en este mismo contexto. Los paralelismos son brutales. Lo que Trump llamaba “el Estado profundo” es el que está en pie de guerra en España contra la legalidad vigente. Cinco años con el Poder Judicial caducado y ya convertido en “un intolerable comisariado político”, como ha definido –con datos– Inés Herreros, de la Unión Progresista de Fiscales. En su resistencia férrea a renovarlo, el Partido Popular parece que ahora se abre a repensarlo por la reprimenda de Bruselas, pero horas antes el portavoz Borja Sémper reiteraba la negativa con este argumento: “Para que el zorro no controle a las gallinas”. En un partido que ha controlado la Justicia 22 de los últimos 27 años gracias a los bloqueos del Poder Judicial. Trump también se aseguró una justicia a su medida. La mayoría del Supremo fue elegida por un partido que solo había ganado el voto popular una vez en las últimas ocho elecciones.  

El PP se ha lanzado a una desenfrenada carrera por entorpecer la labor del Gobierno y de las instituciones a las que pueda poner la zancadilla. Con una agresividad de manada de perros rabiosos, y con la mentira y el bulo por bandera. Igual que Trump. En particular la presidenta de Madrid que ha convertido a la comunidad en un incómodo revulsivo para el resto de España. Las atrocidades que suelta Ayuso por su boca son puro terrorismo político. No puede ser más vil decir, en las puertas del día de la Constitución: “Seguimos luchando contra ETA en todas sus versiones”. Ella es más terrorista que nadie hoy en España porque el terrorismo es esa siembra de miedo que atemoriza a una población buscando el poder por medios ilícitos. Entre los dinosaurios del partido resucitados para la ocasión, Mayor Oreja se permite decir casi lo mismo en un colegio concertado de Madrid. También ha comparecido Federico Trillo, el ministro del Yak 42 que se resiste a meterse debajo de una baldosa como debió hacer abochornado tras su nefasta gestión.

El problema es de fondo. Cómo unos patanes sin escrúpulos del calibre de Trump, Milei o Ayuso pueden encandilar a las masas, se explica por el egoísmo y la pérdida de educación y valores programada. Los medios de manipulación o de entontecimiento son su vehículo, no podemos dejar de repetirlo. Y están generosamente subvencionados por la política corrupta con el dinero público. Es el patrón fijo que nos lleva a las puertas de un 2024 que puede convertir al mundo en una pesadilla.

Elecciones y resacas. Guerras de crueldad extrema. La vida humana ha dejado de tener importancia, especialmente si se aparta del nuevo modelo nazi: blanco, masculino, rico, y preferentemente bobo. No hay mejor evidencia que ese horror diario de la matanza perpetrada en Gaza por el Israel de Netanyahu que conocía los planes de Hamás desde un año atrás y les dejó actuar pregúntense por qué. Y la hipocresía internacional que no detiene ese atroz genocidio calculado. El fascismo cómplice de andar por casa no se conmueve tampoco ni con esas criaturas que claman rotas, víctimas del horror. No saben los estúpidos siquiera que cuando se abre la veda termina siendo para todos.

Un escenario complejo en estas circunstancias. Y con impedimentos difíciles de solucionar. Siempre la educación y la información veraz fueron los soportes para una sociedad decente. Y renquean. Y el ruido favorece a quien, como el PP, recoge los frutos de favorecer a los favorecidos y regar con nuestro dinero a los voceros que vendan su producto aunque venga cargado de mentiras.

El procés nunca debió haberse desvirtuado al extremo que lo hizo, pero se trabajó para ello a fondo. ¿Beneficios de la amnistía? Se preguntan ya en las encuestas. El primero, si se quiere, que la derecha más sucia, ultra y bruta no mande también desde Moncloa. E invertir caminos erróneos. Una vez más pido firmeza al Gobierno. Sin miedo para cambiar las normas que hayan de cambiarse a fin de restablecer los valores democráticos. Incluyendo de una maldita vez el fin de las subvenciones a medios que desinformen. En “todas sus versiones”.

La noticia política puntual del día es que Podemos abandona Sumar y se pasa al grupo mixto. Pero apenas es noticia como tal, sino otra crónica de una ruptura anunciada. En realidad fue Sumar quien abandonó a Podemos. Es de esperar que el progresismo camine en la dirección adecuada en medio del problemático escenario local y mundial en el que nos movemos.

Queda casi un año para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, todavía puede caer un meteorito (de sensatez o de los otros). Los dirigentes europeos podrían ver la amenaza que se cierne sobre la UE y tomar medidas. Serias. La ultraderecha inquietante, dañina, está en Hungría, o en Italia, y en la oposición de España y al mando de ayuntamientos y comunidades. Cometer errores en ese punto puede salir muy caro. Todavía Feijóo puede sentir morriña por sus apacibles paseos en barca por las aguas de Galicia. Y Ayuso ser contratada como animadora de espectáculos y hacer una gira ejemplar por los colegios de niños pobres, las residencias de ancianos y quién sabe si por los juzgados.

Y el Gobierno de Pedro Sánchez actuar con valentía plena y con la energía que se precisa. Y sus apoyos de investidura aportar al proyecto común. Y la sociedad, sobre todo, ser consciente de lo que ocurre, de lo que viene, de cómo afrontar este reto decisivo y encauzarlo sin pérdidas de tiempo en discusiones improductivas. Todo puede ocurrir cuando el futuro sigue siendo algo por venir, una página todavía en blanco.

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