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Sagunto: viaje a la igualdad a velocidad demasiado baja

6 de abril de 2026 22:10 h

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En septiembre de 2019 escribí en este espacio una columna titulada “No hay tercera vía contra la discriminación”, en alusión a la situación generada en torno a los “Alardes” de Irún y Hondarribia, que ahora recordaré. 

No pensaba tener que volver al tema y, menos aún, que hechos parecidos se fueran a repetir en otros lugares. Y, si bien no es la única ni será, desafortunadamente, la última vez, lo ocurrido en Sagunto merece seguir reflexionando sobre el largo y demasiado lento viaje hacia la plena y efectiva igualdad de hombres y mujeres. No quiero, en modo alguno, orillar los grandes avances logrados en todos los terrenos, pero tampoco puede obviarse que sigue habiendo déficits importantes.

Un viaje hacia la plena igualdad que pasa, desde luego, por Irún y Hondarribia y también por otras localidades y acontecimientos festivos. Pero, si resalto estas dos, es por su relevancia, su largo, intenso e incesante recorrido y porque me resultan muy cercanas en muchos sentidos. 

Pues bien, en dichas localidades guipuzcoanas, como la mayoría ya conoce, se celebran desde 1522 y 1638, respectivamente, unos desfiles de armas – Alardes – conmemorando, en esencia, sendas victorias o algo similar sobre las tropas francesas en los días, también respectivamente, de 30 de junio – San Marcial – y 8 de septiembre – Virgen de Guadalupe -. Desde aquellas lejanas fechas los Alardes se habían celebrado con la exclusiva participación de hombres en todos los papeles, excepción hecha de la cantinera de cada compañía participante. 

Sin embargo, desde hace años, muchas mujeres y hombres han querido tomar parte en estos Alardes en pie de igualdad, sin que ello haya sido posible todavía hoy de manera normalizada. Ya en 1996 unas pocas mujeres intentaron participar como soldados en ambas localidades, siendo un momento determinante para ellas y para el resto de mujeres y hombres que las apoyaron y también para el resto de la ciudadanía y para la propia celebración. 

No ha sido un esfuerzo gratuito, sino que, aunque no resulte fácil de comprender, estas mujeres y otras personas que las apoyaron se vieron sometidas a un sufrimiento tremendo que ha impactado duramente en sus vidas y en las de sus entornos más cercanos.

Y también en ambas localidades ha habido clamorosos y dolorosos silencios, además de respuestas varias en todos los espacios posibles, incluidos los Tribunales y poderes públicos concernidos. De un lado, se admitió judicialmente, en decisión difícil de entender, la celebración de actos o Alardes “privados”, entendiéndose que no generaban discriminación. De otro, muchas personas y grupos seguimos defendiendo que, como ordena la Constitución, corresponde a los poderes públicos – y en este caso, añado, muy particularmente, a los Ayuntamientos – promover la igualdad real y efectiva y remover los obstáculos que la dificultan. 

Pues bien, resultado de ello es que aún hoy coexisten dos Alardes con base en fórmulas jurídicas distintas: el “”tradicional“, en el que las mujeres solo intervienen como cantineras, impidiéndoseles otro papel - absolutamente discriminatorio, por tanto – y el ”mixto“ o auténticamente igualitario, en el que mujeres y hombres participan en igualdad y libertad. Algo que genera una inmensa perplejidad, pues, en mi opinión, ello contraviene la propia Ley de Igualdad de Euskadi, que prohíbe expresamente la organización y realización de actividades culturales en espacios públicos en las que se obstaculice la participación de las mujeres en condiciones de igualdad con los hombres.

¿Y qué han hecho los poderes públicos al respecto durante estos años?. 

De un lado, es cierto que el Gobierno Vasco, a través de Emakunde – Instituto Vasco de la Mujer –, y el Parlamento Vasco, a través del Ararteko o Defensor del Pueblo, apoyan incluso presencialmente el desfile igualitario. Pero se puede también afirmar que, al mismo tiempo, falta una intervención clara y decidida – decididamente visual - de ambas instituciones, en defensa enérgica e indubitada de la Ley de Igualdad. 

Los Ayuntamientos, por su parte, durante demasiado tiempo se han resistido a cualquier avance. En Irún se viene solicitando la organización de un “Alarde Municipal”, como se había hecho durante cientos de años, hasta que se produjo este absurdo e injusto conflicto. Una petición que no ha tenido respuesta positiva, a lo que se añade la inmensa e imborrable vergüenza de que desde 1996, no haya sido sino en 2023 cuando quien ha sido Alcalde desde 2002 – José Antonio Santano, del PSE-EE, hoy Secretario de Estado de Transportes – haya recibido al Alarde igualitario, siendo así que siempre había recibido, sin ningún rubor y con total desparpajo, al Alarde discriminatorio. 

En Hondarribia la situación ha sido similar – Alcaldía del PNV hasta 2023 -, y, por el momento, tampoco ha cambiado sustancialmente desde esta fecha con el nuevo Ayuntamiento, lo que ha generado una cierta “decepción” en la consideración de la Compañía Jaizkibel – la compañía mixta -, si bien ha habido una mayor consideración oficial hacia esta Compañía.

Y, entretanto, la discriminación sigue desfilando y haciéndose presente e hiriendo cada año, en una especie de inasumible tercera vía, cual es la de que cada cual disfrute de la fiesta como lo desee, incluso si ese disfrute es claramente discriminatorio. 

Un último y muy reciente acontecimiento merece ser resaltado, por su novedad. El pasado 26 de marzo el Ayuntamiento de Hondarribia aprobó su II Plan de Igualdad, en el que el Alarde es abordado en dos líneas: avanzar para la resolución del conflicto – ¡qué menos! - y, lo que, en mi opinión, tiene un gran interés, “analizar fórmulas para reconocer la violencia sufrida en la defensa de los derechos de las mujeres a favor de un alarde igualitario”. A destacar que este Plan recibió el voto en contra del PSE-EE y del PNV. Ya ven que aún estamos así – así de mal, quiero decir -.

Y ahora, ustedes se preguntarán, y con toda la razón, ¿qué hay de lo de Sagunto? ¿Qué hay de esa decisión de la Cofradía de la Purísima Sangre de rechazar la participación de las mujeres en la procesión de la Semana Santa, apelando, una vez más, a la “tradición”?

Pues, sobre lo que ocurre en Sagunto, desconozco los detalles, más allá de lo leído. Pero, miren, borren de esta columna los términos de Irún, Hondarribia y Alardes y dejen el resto, pues sirve prácticamente en su integridad. Con una diferencia relevante: la Ministra de Igualdad ha anunciado que llevará el tema a la Fiscalía y que podría privar a la Semana Santa de Sagunto de su calificación de Fiesta de Interés Turístico Nacional. Una decisión – esperemos que así termine siéndolo – cabal y necesaria que, lamentablemente, y de manera inexplicable, nunca se ha anunciado ni sugerido para otros conflictos discriminatorios similares, como los de Irún y Hondarribia. 

Estamos en el buen camino para la igualdad real y efectiva. No cabe, ciertamente, negar los avances en terrenos muy relevantes. Pero no cabe, tampoco, negar todas las dificultades y la realidad que cada día vemos. Una realidad que muestra todavía hoy altísimos niveles de violencia sobre las mujeres, desigualdad laboral, brecha salarial, diferencias en la asunción de las responsabilidades domésticas y de los cuidados y, en definitiva, diferentes oportunidades y condiciones de vida entre mujeres y hombres.

Hay quien opina que, comparada con estos otros terrenos de desigualdad, la participación de las mujeres en actos festivos es un tema menor, pero no es así. La igualdad no puede quedar al margen de los momentos en que la ciudadanía disfruta de tradiciones y diversiones, pues son momentos muy relevantes para la cohesión social. La fiesta une – o desune, como en los casos comentados – y es una expresión clara de la participación ciudadana. En estas fiestas que comento, es claro que no se habría tolerado en los últimos años pretender impedir, por ejemplo, la participación de personas de otras procedencias, pues ello habría sido humanamente injustificable, socialmente insoportable y jurídicamente insostenible. ¿Por qué se sigue, sin embargo, permitiendo orillar a las mujeres en muchas fiestas tradicionales?. ¿Por qué se sigue negando a las mujeres un papel en plena igualdad?.

Hay quien cree que hay “demasiada igualdad”, tal como revelan algunas encuestas. Pero la igualdad está cambiando el mundo y va a seguir haciéndolo para que cada persona disfrute de ello y mujeres y hombres vivamos iguales cada día en cada espacio de vida y en cada lugar.