La portada de mañana
Acceder
Una avería técnica y tres errores humanos provocaron el fatal accidente
El accidente de Urda rompe la campaña
Opinión - 'Primero las víctimas', por Raquel Ejerique

Primero, las víctimas

28 de octubre de 2026 23:40 h

0

Eran casi las nueve y en el programa de Las Mañanas de TVE se hablaba de política, Bolsonaro, de Israel, del Senado. A los pocos minutos se heló la sangre y la escaleta preparada. Un “alcance” de trenes en Toledo que, según pasaban los minutos y las imágenes, se presentaba de peor color y que ha acabado por ser una desgracia incomprensible, evitable y terrible que ha dejado a una setentena de personas y familias arruinadas para siempre. Otras 400 han sobrevivido, aunque su vida quedará atravesada por la vivencia. Un choque de trenes por alcance en la misma vía era, hasta este miércoles, inimaginable y absurdo con la tecnología ferroviaria que tiene España. Así lo admiten los expertos y el propio Ministerio de Transportes.

Quinientas personas enseñaron este miércoles por la mañana su billete en Atocha y salieron de viaje desde Madrid a Andalucía. A trabajar, a pasar unos días con la familia, a ver un piso, a hacer un examen, a reunirse con un viejo amigo. Nada peligroso ni arriesgado. Un viaje en tren sin más, un trayecto cotidiano e irrelevante, un medio para llegar a un fin.

Una caída del sistema de seguridad automático seguida de una indicación humana errónea y mortal –no revertida por nada ni nadie– convirtió en una tragedia un simple viaje en tren. Es irreversible. El Estado solo puede ya atender, curar y ayudar en algo que tiene una dimensión incomprensible y que tiene y tendrá sus responsables. En paralelo a los cuidados y la atención sanitaria, el Gobierno debe dar información constante y exhaustiva de por qué y cómo pasó: dos accidentes ferroviarios de calibre desastroso y muertes múltiples en nueve meses en la misma línea no es razonable y bate todos los cálculos de probabilidad. Pueden o no ser dos eventos independientes con causas distintas, pero los ánimos de las víctimas y los viajeros de tren no están para matemáticas. Además de decir que hay seguridad, el Gobierno tiene, después de este terrible evento, que demostrarlo.

El ministro Óscar Puente salió a dar información y se sometió a las preguntas de los periodistas a las cinco horas del mortal accidente. Aunque despejó algunas incógnitas e hizo una cronología, él mismo sembró otras dudas: calificó de “inexplicable” que el operador de Adif hubiera dado vía libre a los trenes con la velocidad habitual y que no viera que había un Iryo parado. Si es inexplicable es que faltan datos y respuestas que no pueden tardar mucho en ser ofrecidas.

Según el propio ministro había tres personas en ese turno: el propio operador que dio órdenes erróneas, un auxiliar y un supervisor. ¿Por qué ninguno se dio cuenta, en los 17 minutos desde que el AVE se pone en marcha y hasta la embestida, de que había un tren parado? ¿Hay protocolo para esto? ¿Por qué si un maquinista alertó a la sala de que no se podía ir a velocidad normal, sino a 40 km/h al no haber sistema automático activo, en la sala de control no se revirtió la orden para el resto de trenes? ¿Qué despiste afecta a tres personas y dura casi 20 minutos? El propio ministro admitió ante los periodistas que todavía no lo entienden. Quienes cogen hoy un tren necesitan más certezas.

Primero van las personas, los heridos, las familias de los fallecidos y acabar la tarea de filiación y hospitalización. Al mismo tiempo tienen que darse las explicaciones, rellenar los agujeros negros que generan desconcierto y desconfianza, entender el porqué para dar respuesta a una España de luto. Y luego, la política. Hacerlo al revés es agitar el fantasma del Estado fallido y basar argumentos en opiniones. El propio organismo investigador, independiente del Gobierno, ha admitido que es pronto para las hipótesis y la guardia civil toma aún declaración a testigos, implicados y recaba pruebas. Mientras todo eso pasa, partidos como Vox ponen ya querellas en los juzgados con destinatarios y líderes del PP hacen diagnósticos generales sobre el sistema ferroviario. Hay prisa y necesidad por saber, pero también hay una campaña electoral en marcha. El incentivo para utilizar una desgracia que deja muchas vidas y todavía muchas incógnitas es alto y esperemos que no se dé ese salto, aunque en las redes ya haya un estado de ánimo incendiario y una España polarizada y experta en seguridad ferroviaria.

Hay un tiempo de digerir, de localizar, de llorar, de asistir a las víctimas. También hay que reclamar más información y claridad sobre lo ocurrido. Cuando se sepa qué, cómo y quién, hay que exigir las responsabilidades y las dimisiones o los castigos, también los electorales si es el caso. Y, sobre todo, poner el remedio para que nada parecido se pueda volver a repetir.