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La novela de horror doméstico de Camila Fabbri que refleja la sociedad pospandemia: “Un vecino es una incógnita”

La escritora argentina Camila Fabbri

Carmen López

28 de octubre de 2026 23:40 h

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De pronto, un olor penetrante y asqueroso invade la realidad de Aldana. Sospecha que viene del apartamento en el que vive Celeste, una joven de 25 años que estudia arquitectura, así que llama a su puerta, pero nadie le abre. Al no obtener respuesta, va en busca de Gilda, la portera, para que confirme que la peste es real y la ayude a actuar de alguna forma. La situación es alarmante, porque nada bueno suele ocultarse tras un aroma nauseabundo fuera de la gastronomía. Así empieza El año de la serpiente, la nueva novela que Camila Fabbri acaba de publicar en Anagrama.

Un suceso truculento ocurrido en los años ochenta en Argentina había permanecido en su cabeza y ha servido para perfilar esta historia. Dos primas fueron encontradas muertas en una bañera, con los cuerpos descompuestos. ¿Cómo podía ser que los cadáveres estuviesen tan deteriorados si la autopsia desveló que habían fallecido solo un día antes? La incógnita disparó numerosas teorías, entre ellas que una serpiente estaba vinculada al más que seguro asesinato. Esta idea impactó mucho a Fabbri y decidió que ese reptil sería un personaje esencial, pero silencioso, en la novela: es la mascota del único protagonista masculino del libro.

“La serpiente en mi novela funciona más como una operación metafórica que como animal”, dice a elDiario.es durante una entrevista en Barcelona. Las cualidades que definen a estos reptiles le permiten hablar de ciertas masculinidades: son sigilosas, se desplazan en silencio por el suelo y pueden aparecer al lado de su víctima por sorpresa. “Para mí hay ciertos vínculos con determinados hombres con ciertas características que responden un poco a esa lógica: cuando te querés dar cuenta estás completamente atrapada en algo que no era tan evidente al principio”, desarrolla. Para ella es una especie de “arquitectura del odio” que se erige alrededor de una persona.

El libro de Fabbri comienza como un true crime clásico y que tanto éxito tiene entre el público: una mujer joven aparece muerta en extrañas circunstancias y nadie sabe qué ha podido pasar. Una de las protagonistas de la novela es precisamente esa “víctima perfecta” porque, aunque solo tiene 25 años, no le queda familia, apenas tiene amigos y tampoco se relaciona con sus vecinos. Si le ocurre cualquier cosa, puede que nadie se entere de forma inmediata. “Celeste es una chica que está en una situación muy vulnerable, ya es víctima sin serlo todavía”, comenta la escritora acerca de su personaje, “porque no tiene a nadie en el mundo, su familia murió, heredó y no necesariamente tiene que trabajar para vivir, lo cual no es tan positivo”.

El mal de la vida moderna

La falta de obligaciones hace que se tenga mucho tiempo libre, pero eso disminuye las posibilidades de interactuar con otros seres humanos y disfrutar de esas horas de relajo. El trabajo articula la vida de las personas hasta tal punto que, si no lo tienen, pueden acabar aisladas. Esa circunstancia hace que Celeste caiga de manera fácil en una trampa de la que no puede huir. “Me pareció que era bueno volver a contar la víctima joven pero también con algunos otros matices. Es un feminicidio puro y duro, pero intermediado por una serpiente, hay algo un poco más simbólico ahí y quizás algo de ritual, tenía la necesidad de ir por otro lado para no caer por ahí en un amarillismo que no era lo que estaba buscando”, sostiene Fabbri.

El común denominador de los personajes de la novela es la soledad. Del tipo que se da en las grandes ciudades, donde muchas veces no se sabe absolutamente nada de la persona que vive en la casa de al lado, ni siquiera si daba los buenos días en el ascensor. En la novela de Fabbri, la vecina de Celeste reflexiona acerca de ese desconocimiento cuando se descubre el drama, una reacción que suele ser común en casos dramáticos donde la culpa aflora aunque no tenga demasiado sentido. “Un vecino justamente es eso, como una incógnita. Y está bien que así sea. Si sabes todo lo que le pasa a todos, arriba, abajo, al costado, te vuelves loco”, mantiene la autora.

Aunque la falta de contacto humano cuando se reside en el campo es diferente, para Fabbri la que se experimenta ahora en cualquier contexto es el reflejo del signo de los tiempos. Aunque el confinamiento de la pandemia ya pasó hace años, para la escritora hay algo “que parece que no se hubiera terminado de desarmar” y las relaciones humanas se han quedado algo oxidadas. “Además, una decisión tan consciente de estar adentro de uno con sus pensamientos es un lugar bastante cómodo también. Creo que todo eso atraviesa la novela”, considera. Aunque la relación entre un hombre y una mujer sea determinante para la trama, cree que hay muchos otros temas que la sobrevuelan y que tienen peso más allá de una relación de pareja más o menos desafortunada.

Precisamente, esa unión surge cuando Celeste y Simón se encuentran de forma casual. Si no hubiesen estado en el mismo lugar a la misma hora, nada habría sucedido. El hecho de que una persona a la que no se conoce de nada acabe por tener un lugar esencial en la propia existencia es tan sorprendente, que la chica reflexiona sobre ello en medio de su primera cita. Un cuestionamiento acerca de lo que va a hacer que, por supuesto, aleja de su mente: si todos los individuos que se acercan sin un contexto común previo reflexionasen demasiado sobre ello, la humanidad se habría extinguido mucho antes del cambio climático. A Fabbri le impresiona bastante este tema y cuando en la literatura aparecen estas escenas piensa: “Pero no, hasta hace una hora no sabían ni qué olor tenía esta persona”. Para ella, esos movimientos son casi como una coreografía que se interpreta porque el humano es un animal. “La intimidad finge cosas que no son reales, como que estás abrazado con el otro, pero esto no es real”, considera.

Éxito e incertidumbre

La trayectoria de Camila Fabbri, que fue la única autora argentina de la lista Granta 2021 de escritores en español menores de 35 años, ha pasado por casi todos los géneros literarios. Escribió obras de teatro, cultivó el relato en Estamos a salvo (Temas de hoy, 2022), la crónica novelada en El día que apagaron la luz (Anagrama, 2025) y la novela en La reina del baile, que fue finalista del Premio Herralde en 2023. Ahora ha publicado un nuevo libro de narrativa de ficción, aunque no descarta volver a otros formatos en un futuro. Por el momento, no está escribiendo nada nuevo porque la promoción no deja demasiado tiempo para pensar y, ni siquiera, digerir lo publicado.

Pese a su éxito ascendente, le ha costado asumir que la escritura es su oficio del todo, aunque no se considera una autora de renombre (a estas alturas, otros ya se habrían adjudicado el título). “Estoy construyendo una obra de alguna manera que va de un lugar hacia otro”, explica y añade que cree que “los escritores o las escritoras también tienen un trabajo en este momento para ayudar a seguir pensando, a no dejar de preguntarse cosas a través de la ficción”. La coyuntura política de su país desde que Milei se convirtió en su presidente en 2023 hace que la situación de los trabajadores de la cultura sea, por decirlo suavemente, inestable. “Se instaló la idea de que los artistas viven de arriba o necesitan que lo subvencionen y entiendo que dicho así, sacado de contexto, tiene lógica, pero está esa sensación de que todo el tiempo te están diciendo que lo que hacés no sirve para nada, que vos decís: ”’Sé que tengo que desoírlo', pero es difícil“, dice.

La peor parte se la ha llevado el cine, que se ha quedado prácticamente sin ayudas, cuando era una industria que funcionaba. “Creo que se subvencionan tres películas por año. Esto ya no es un recorte, es un aniquilamiento”, asevera. Le preocupa mucho la actitud de la juventud argentina, que pide la vuelta a unos valores tradicionales o a la idea que tienen de ellos. “Son un poco los hijos de la pandemia, niños que se criaron un poco encerrados y salieron al mundo con odio. Es muy general lo que estoy diciendo, no creo que sea así en todos lados ni todos, pero a mí me asombra un poco”.

El hecho de que Lula haya ganado las últimas elecciones de Brasil le ha dado cierto grado de optimismo, aunque la situación en su país sea muy cambiante y nunca sepan qué va a suceder. Fabbri afirma que no tiene “así como un discurso” y su aportación puede ser más valiosa desde su escritura. “Si hay que firmar algo, firmo. Pero creo que puedo sumar desde otro lado, desde una militancia a mi altura, a mis posibilidades, con mis herramientas”, concluye.

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