Pedro Almodóvar: “La inteligencia artificial es un peligro, pero nunca podrá escribir 'Hable con ella'”
Pedro Almodóvar ha escrito su primera novela. Eso, ya de por sí, es una noticia que cualquier seguidor del cineasta debería celebrar. Pero es que la ha escrito, además, con una libertad arrolladora que se desprende en cada palabra de El hombre que solo escribía en los aviones (Reservoir Books). En sus páginas se mezclan sin pudor citas, relatos, referencias cinéfilas, un poco de autoficción y toda la esencia del universo del cineasta.
Una obra tan libre que remite a Enrique Vila-Matas, que alaba la novela en la faja que la envuelve, y al que pocas horas antes de que elDiario.es vaya a la oficina de Pedro Almodóvar le han otorgado el Premio Nacional de las Letras Españolas. Parece un guiño del destino, y Almodóvar se muestra encantado porque confiesa la inspiración de a quien considera un maestro.
En El hombre que solo escribía en los aviones el protagonista tiene el nombre más almodovariano posible, Flavio Guijarro, y podría definirse como un coach de actores que anhela escribir… y quizás dirigir. Puede que no sea el más dotado para ello, pero su capacidad de copiar, reapropiarse de textos y convertirlos en algo diferente sí es sobresaliente. Una idea que surgió mientras rodaba Amarga Navidad, con la que esta novela forma un díptico sobre la creación artística, y también como ejemplos de obras que no creen en ninguna norma académica de construcción del relato.
Desde el primer momento se ha dicho que es su primera novela, pero usted ya había escrito relatos, había escrito Patty Diphusa... ¿Pesa mucho la palabra ‘novela’?
Sí, pesa. No es que ahora me sienta novelista, aunque el hecho de escribir una novela tampoco te convierte en novelista. Pero para mí he dado un paso gigantesco, porque yo no había sido capaz de escribir una novela. Era capaz de ficcionar relatos que duraban dos horas, hora y media o menos en forma de película, pero no como una novela. Entonces para mí es un gran logro, independientemente de no saber qué pasará con ella; para mí es un gran logro porque soñaba desde hace mucho tiempo con ello.

Flavio Guijarro, su protagonista, dice que la palabra es sagrada. ¿Para usted también lo es, incluso la de un guion?
Un guion es un material de trabajo, lo cual significa que debe tener la posibilidad y la flexibilidad de adaptarse a determinadas circunstancias. Esas circunstancias nunca pueden ser esenciales, porque si no, cambias la historia que estás contando. Mis guiones son de hierro. No son de oro: son de hierro. Voy a rodar con un guion férreo, pero en el momento en que ya he ensayado con los actores y tengo el decorado, normalmente adapto cosas porque las distancias son más largas o más cortas, o porque una vez que veo todo junto me sugiere decirlo de otro modo, acortar o, al contrario, alargar escenas. La palabra es sagrada como concepto, pero no significa que sea algo inamovible.
¿Anhela usted la perfección, como Flavio?
Totalmente, pero es que hay que anhelarla. Tú tienes que ir, y por eso sufro de vez en cuando rodando, pidiendo, demandando y provocando como puedas la perfección de cada plano. Aun así, la película va a ser el sesenta por ciento de lo que tú has soñado, pero para que llegue a ese porcentaje necesitas haber luchado casi con los puños para que fuera perfecta.
La película perfecta no existe. Ni Vértigo es una película perfecta, y tampoco hace falta. No es perfecta por el hecho de que conlleva la participación de cuarenta, cincuenta o sesenta personas; esas personas están vivas e interactúan con el material que están rodando, y lo que aparece a veces es distinto a lo que habías pensado. No de un modo esencial, porque entonces la has cagado y tienes que volver a rodar la película que querías rodar.
La perfección absoluta no existe, pero hay que imponérsela. Yo, por ejemplo, cuando hacía mis Super-8 iba con mi guion y todo escrito, a pesar de que ni se oían los diálogos. Lo llevaba aun siendo un formato totalmente subestándar que iban a ver cuatro personas, pero le tengo mucho respeto a eso.
El mayor deseo que siento ahora mismo es el de crear. Y es tan estimulante, angustioso, reconfortante y doloroso como el deseo carnal
Aparece en la novela varias veces la palabra “ansiedad”. Se dice que “La ansiedad consiste en detener el tiempo” y que esta es una novela escrita con ansiedad. ¿Es su forma de enfrentarse al tiempo esa ansiedad por escribir?
Últimamente sí. Desde la pandemia reconozco que el concepto de tiempo se ha plantado en tres dimensiones delante de mí, como diciendo: “Aquí estoy y te queda menos”. Siempre había pensado en el tiempo, pero no del modo en que lo hago ahora; ahora lo hago del peor modo, con ese pensamiento de “Me queda menos tiempo de vida”, que creo que no es positivo.
Entonces me ha dado mucha prisa por escribir, por hacer películas y por desarrollar un montón de cosas que tengo todavía en la mesa de trabajo. Esa sensación te provoca ansiedad, pero hay un tipo de ansiedad vinculada a la adrenalina que es positiva porque te empuja a trabajar. Lo que ocurre es que hay un momento en que sin darte cuenta te pasas de rosca, se convierte en algo muy angustioso. Hay que estar atento, sobre todo yo, que tengo esa tendencia. Además, el organismo me lo avisa a través de la piel con pequeños sarpullidos; el cuerpo te está diciendo que pares.
En la novela aparece, cómo no, el deseo, pero tengo la sensación de que ese deseo ha ido cambiando a lo largo de su carrera.
El mayor deseo que siento ahora mismo es el de crear. Y es tan estimulante, angustioso, reconfortante y doloroso como el deseo carnal. En mis películas sí ha cambiado el modo de mostrar el deseo carnal, y creo que ha cambiado por el hecho de que en los ochenta y los noventa ya lo exploré mucho. Ahora mismo, a no ser que explique mucho una secuencia con contenido erótico o revele aspectos clave de los personajes, trato de pasar bastante rápido por encima, sencillamente porque ya lo he hecho antes.
Curiosamente, cuando termine esta entrevista me iré a casa a seguir escribiendo lo que espero que sea mi próxima película, y en ella aparece el deseo carnal como no ha aparecido antes en mis historias: de un modo muy descarnado, casi violento y explícito. Lo que me queda es encontrar a dos actores, porque en este caso son dos tíos, que estén dispuestos a hacer lo que he escrito. Va a haber un cambio en ese punto porque me lo pide la historia; el argumento tiene mucho que ver con eso.
Hace años, creo que presentando el guion de Madres paralelas, mencionó el relato de Blade Runner que tenía guardado. Habló de que cuando vio Titane se acordó de ese relato suyo donde una replicante se follaba a un coche. Por fin lo podemos leer.
Cuando vi Titane me dio una rabia... porque yo había escrito veinticinco años antes la relación de un coche con una replicante, una relación carnal. Es que hay muchos elementos que se pueden utilizar con un coche... Sobre las replicantes tengo escrito mucho más de lo que aparece en el libro, porque no quería que fagocitara la historia principal. Empecé a escribirlo exactamente en el 83, después de ver la película. Cambió mucho a lo largo del tiempo porque de vez en cuando lo retomaba por diversión.
Al principio se titulaba La gente tiene que servir, como la película de Forqué, porque eran replicantes y todas ellas se dedicaban al servicio doméstico. Ya tenía actrices adjudicadas: una era Carmen Machi, otra Chus Lampreave... Máquinas que habían salido defectuosas, muy respondonas y maleducadas porque eran baratas, pero a la vez se les había contagiado algo humano y por eso eran tan espabiladas y divertidas. El otro tipo de replicantes eran las superguapas, que se dedicaban a tareas de más nivel, como una traductora que dominaba mil idiomas. Se reunían los jueves en una discoteca que estaba gestionada íntegramente por replicantes porque, al ser música de máquinas, quienes mejor la entendían eran ellos. Además, no tenían que drogarse ni tomar nada para estar veinticuatro horas seguidas pinchando música. Se reunían allí y hablaban de sus cosas.
Eso lo tenía escrito en los ochenta. Conforme avanzaba, fueron apareciendo más temas, como la venta de memoria. Lo que cerró el relato según lo tengo ahora fue que, hacia el año 2000, mi hermano me habló de la transgénesis y me fascinó. Es una realidad terrorífica porque sitúa al ser humano al borde de una nueva condición biológica. En ese momento yo estaba escribiendo La piel que habito, que también me llevó tiempo; y en cuanto incluí en ella la transgénesis todo cobró sentido, y se la adjudiqué también al relato de las replicantes.
Estuve mucho tiempo entrando y saliendo de ese texto, pero nunca sabía qué iba a hacer con él; pensaba que a lo mejor algún día lo terminaría, pero cada vez que me acerco al tema se me ocurren nuevas ideas. Además, habiéndose hecho ya la continuación de Blade Runner 2049 y tantas películas sobre robots… pero quiero creer que esta historia es distinta.
En la España de su Blade Runner ha habido tres guerras civiles, Madrid queda para la clase dirigente y el país es casi una gran empresa. ¿Ve usted tan mal a España en estos momentos?
Veo el mundo muy mal. De hecho, en ese relato EEUU desaparece; ya no existe, es víctima de un autogolpe similar a lo que podría ocurrir con este señor en el poder. Imaginé un futuro muy desgraciado. Creo que estamos ante un momento muy distópico y oscuro, no solo por razones evidentes y por los políticos que gobiernan, sino por la inteligencia artificial, aunque no he querido nombrarla explícitamente en la novela.
Eestamos en un momento peligrosísimo. La alianza Vox y PP ya está diciendo lo que quiere, y sería tal atraso que yo no quiero empezar a deprimirme de un modo anticipado
La cultura creada por la IA se basa en millones de datos, pero no es original, no tiene alma, y probablemente sustituya a la cultura humana. Yo creo que es un gran peligro. Pero hay cosas que no puede hacer una inteligencia artificial. No creo que la inteligencia artificial pueda escribir un guion como La mala educación o Hable con ella, porque no tendrán ese proceso de cocción que yo le he dedicado a cada uno de ellos; no hay otro modo de hacerlo.
La cultura corre peligro, sobre todo porque detrás de la IA hay mucha cantidad de dinero, lo que acelerará el proceso para que se imponga muy pronto en nuestras vidas. Nosotros lo vamos a vivir. Ya vivimos situaciones así: llegar a un sitio, poner el pasaporte y que una máquina te lea el iris ya es parte de eso. Me preocupa muchísimo porque es una fuerza desmedida que dejará obsoletos millones de puestos de trabajo. El año pasado el Nobel de Física advertía de que existía un uno por ciento de probabilidades de que destruyera la humanidad; son datos escalofriantes que leemos en la prensa.
Si me preguntan qué creo que hay que hacer: regularla. Es esencial aprobar leyes que pongan límites y considerar la cultura humana. No es que yo quiera estar en un altar, pero que fuera como un santuario intangible donde no se pueda entrar: que el que entre y pinte sea quien pinte y el que escriba sea quien escriba. No veo que las cosas vayan por ese camino, es un poco apocalíptico, y a pesar de que me levanto cada día intentando ser lo más optimista posible, son momentos muy difíciles.
La novela va a salir en precampaña electoral, ¿le preocupa el futuro de nuestro país?
Sí, me preocupa muchísimo. Ahora la promoción de la novela y la escritura de un nuevo proyecto me mantienen estimulado, al igual que la película que hemos producido con los Javis (La bola negra), que es un fenómeno mundial. Todo eso me tiene muy entretenido y estimulado, pero si dejo de pensar en esas cosas que tengo entre manos, creo que estamos en un momento peligrosísimo. La alianza Vox y PP ya está diciendo lo que quiere, además de que ya lo ha dicho en las diferentes comunidades donde han gobernado, y sería tal atraso que yo no quiero empezar a deprimirme de un modo anticipado, pero estoy a punto de eso. Como me deje para mí un día entero libre, sin nada que hacer, me deprimiré mucho pensando en lo que nos espera a partir del día 29.
He ido varias veces a Televisión Española para distintos programas y entrevistas, y algo que estoy oyendo a varias personas es: “¿Y a mí cuándo me echaran?”. TVE le está haciendo pupa a La Sexta, le está ganando terreno en el entretenimiento y está enfrentándose a la que era la máxima televisión, Antena 3. Está funcionando mejor que nunca. Y me imagino a esa gente pensando en qué van a hacer con ellos, contando con que les echarán… Van a entrar como un elefante en una cacharrería y de un modo devastador. Claro que me preocupa. Me preocupa muchísimo.
¿Puede hacer algo la cultura?, ¿qué puede hacer un creador en estos momentos?
Pues no lo sé. Quiero decir, primero hablar de ello, firmar todos los manifiestos que te presenten. Hay muchas causas, además de la española. A mí, por ejemplo, me encantaría hacer una película sobre este momento, pero no estoy capacitado para ello. Me da mucha rabia que tenga un instrumento como es el cinematográfico y que lo pueda utilizar… pero no me sale, no soy capaz. No sé tanto de todas las profesiones que engloban y que están implicadas en este mundo. Sé los chascarrillos, pero tendría que ser algo más profundo para hablar de la desolación de este momento, y eso incluyera desde los señores mayores que están luchando por sus pensiones hasta la juventud absolutamente desesperada, y con razón, que está buscando una casa, un trabajo, un futuro.
El concepto libertad se lo han apropiado personas que no saben lo que es y sobre todo, que no están dispuestos a vivir en libertad y a dejar que los demás vivamos en libertad.
Hablar de todo eso, y de los políticos también. De los políticos es más fácil, porque son como actores. Hay algo que se parece mucho a una campaña, que es la promoción de una película o un libro. Bueno, los autores creo que mentimos menos. Yo no miento, y eso a veces me crea problemas.
Cuando presenta una película en un festival tiene clarísimo cómo habla del presente, cómo entronca con lo que ocurre en el mundo. ¿Qué dice esta novela del momento actual?
Yo creo que el principal mensaje que tiene la novela es el de la más absoluta libertad. Yo he escrito y he rodado siempre con toda la libertad del mundo, pero hay veces que los propios formatos de una película ya incluyen unos ciertos límites que tú sabes que si los pasas queda mal. Aquí he experimentado más libertad que en toda mi vida. Y esa libertad sería el mejor mensaje, porque se trata de que las libertades de las que gozamos ahora y que nos ha costado tanto trabajo adquirir, aunque algunas van decreciendo, que continúen formando parte de nuestra vida.
¿No le da rabia que sea un concepto tan manido el de libertad en los últimos años?
Sí, se lo han apropiado las personas que no saben lo que es y sobre todo, que no están dispuestas a vivir en libertad y a dejar que los demás vivamos en libertad. Nos lo han arrebatado como nos han arrebatado la bandera. Y es una pena, porque yo no puedo evitar ahora, cuando veo a una persona con una pulsera de la bandera de España, que eso me provoque una antipatía enorme, al menos por la mano. Tendré que hablarle y a lo mejor la persona me gusta. Otro de los mensajes es que cuando mejor les va a todos es cuando conviven. En el relato de Blade Runner conviven las unidades, conviven los replicantes, conviven las personas, los científicos, las empresas, etcétera y conviven todos en armonía. Recuerdo los años de la movida. Lo maravilloso de esos años es que no había guetos, o sea, en los lugares a donde íbamos había transexuales, había pansexuales, había travestis, había de todo lo imaginable. En la noche estábamos todos juntos. Ahora no, ahora es más específico. Y en ese momento, los locales eran la variedad y la diversidad absoluta.
Una de las muchas citas en el principio es de la novela Peces de Eva Baltasar...
Yo he pensado llevarla al cine. A lo mejor, de hecho, me pongo. Me admira enormemente lo que ella consigue decir en esa novela acerca del deseo, de la pasión y de lo que es una relación posesiva que ahora diríamos tóxica. Me fascina la novela. El único problema es que es esencial encontrar dos actrices que se presten a ir tan lejos, y eso no es fácil. Creo que le voy a decir a Eva y Yolanda [sus directoras de cásting] que si me encuentran a dos actrices dispuestas, yo trabajo con ellas. Es una novela que adoraría llevar al cine.
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