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Más de dos años para recibir un diagnóstico

A.M.

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En el ya lejano octubre de 2023 viajé por primera vez a Marrakech. Fue un viaje maravilloso, aunque tuvo una amarga cara B, y es que significó el punto de partida de mi periplo gastrointestinal. De Marruecos volví con una terrible diarrea que tardó más de un mes en remitir, por lo que acudí en diversas ocasiones a la consulta de mi doctora de cabecera, pero nunca era nada.

A partir de entonces, la diarrea se instaló en mi vida, repitiéndose periódicamente cada mes y medio o dos meses, sin motivo aparente y condicionando mi día a día. De hecho, en muchas de las vivencias de estos dos últimos años, como el último puente de la Segunda Pascua en el que fui con una amiga a la Costa Brava, sobresale el recuerdo de estar gastrointestinalmente descompuesta y no poder disfrutar al 100% de la experiencia.

Evidentemente, durante este largo periodo he acudido muchas veces a mi centro de atención primaria por este motivo y he sido atendida por diversos profesionales, ya que durante este tiempo mi doctora de cabecera ha estado de baja, pero la respuesta siempre era la misma: otros factores.

Es decir, un continuo de profesionales ha estado durante más de dos años atribuyendo mis diarreas y gastritis sistemáticas a otros factores, como la toma del suplemento de hierro, los nervios o intoxicaciones alimentarias, pese a que nunca detecté haber comido nada en mal estado ni que un cierto grupo de alimentos —lactosa, gluten, etc.— pudiera estar sentándome mal, porque no tenía otra sintomatología que justificara que se me hiciera una simple prueba diagnóstica, como el cultivo.

Finalmente, después del periplo que fue ir de un sustituto a otro por la baja médica de mi doctora de cabecera, me asignaron otra, ya que la mía estaba a punto de jubilarse. Y, después de acudir a su consulta en marzo de 2026 por la vivencia de dos gastroenteritis muy violentas y muy seguidas, por fin decidió programarme las pruebas pertinentes. Eso sí, con la coletilla de que lo hacía porque el malestar persistía desde hacía mucho tiempo, ya que —recalcaba— no tenía ningún otro síntoma que lo justificase.

Sin embargo, el resultado de los análisis ha dado positivo en Helicobacter pylori, una bacteria bastante común y que tiene una cura relativamente sencilla, pero que en el peor de los casos puede llegar a ser cancerígena.

Entonces, me pregunto lo siguiente: ¿la estrategia para diezmar todavía más la sanidad pública es cronificar la sintomatología de los pacientes desacreditando su malestar y poniendo en riesgo su salud, ya que se pueden agravar problemas médicos fáciles de tratar a priori, por tal de ahorrarse las pruebas diagnósticas de laboratorio? Es decir, ¿la salud de la ciudadanía a cambio de abaratar costos?