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Cebollas metálicas

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Las cebollas metálicas son máquinas de defensa intelectual utilizadas por mitos, mentiras y todo tipo de estigmas sociales. Se trata de un artilugio constituido por sucesivas capas que podríamos pensar que son de algún tipo de metal por su dureza y consistencia. La cebolla metálica esconde en el núcleo aquello que defiende y, para poder desenmascarar la indignidad, hay que ir arrancando todas y cada una de las capas que la envuelven. Las diferentes capas de la cebolla son más duras y gruesas a medida que se profundiza. Además, el asaltante encontrará defensores de la cebolla a su alrededor y en todas partes. Este aspecto desconcierta al atacante y muchas veces desmotiva su ánimo y neutraliza sus argumentos. El ataque directo al núcleo es imposible. La única manera de asaltar la cebolla metálica es reconocer cada una de las capas y arrancarlas una a una. Por si todo esto no fuera suficiente, en muchas ocasiones gran parte de las convicciones y creencias del asaltante van a quedar destruidas al llegar al núcleo. La pelea no es noble, la cebolla actúa de forma perversa. A medida que el atacante se acerca al núcleo se va dando cuenta de que él mismo es un defensor de la cebolla.

El machismo utiliza una elaborada y compleja cebolla metálica como máquina de defensa de su status quo. La primera capa de la cebolla metálica del machismo es la banalización. Se quita importancia a frases, actitudes o pensamientos continuamente. Se hacen chistes, se argumenta que hay cosas más importantes. La segunda capa es la normalización. Se citan situaciones aparentemente similares que no tuvieron repercusión. Se establece todo tipo de comparaciones. La siguiente capa es la dialéctica política, el posicionamiento ideológico de cada uno, en el que se esconden, maliciosamente, los hechos con palabras vaciadas de contenido. Esta capa es especialmente densa y engañosa. Por ejemplo, en esta capa, para descalificar y desvirtuar los hechos se habla de “ideología de género” como si una agresión fuese un impedimento para acceder a una subvención pública. La siguiente capa es la de la justificación. Parece mentira, pero sí, se justifican lo actos machistas. Jueces, comunicadores, políticos y el público en general, justifica los actos de machismo constantemente. La siguiente capa es el machismo cultural, social e institucional. Socialmente, nos vemos conducidos por la senda de la diferenciación, de los estereotipos o de las costumbres. Y lo más grave, las instituciones se mantienen machistas. Lo más grave está por llegar, porque la superación de la capa social, al arrancarla, la capa que aparece es la de la capa de la violencia de género. Desde el menosprecio al insulto, desde la bofetada al asesinato. La violencia de genero está profundamente arraigada en nuestra sociedad. Por eso resulta muy complicado alcanzar esta capa porque se trata de hechos que, aparentemente, se presentan como esporádicos y casi nadie se siente concernido. Por eso hay que despojarse de ese falso orgullo de ser el centro de la creación y asumir los datos que son incuestionables, hay decenas de miles de denuncias anuales. La última capa esconde el verdadero corazón de la cebolla, la última capa descubre la cultura de la violación. Ahora sí, ahora si somos interpelados todos directamente. Todos compartimos esta lacra, todos formamos parte de una sociedad que tiene enraizada la cultura de la violación. Sabemos perfectamente lo que es la cultura de la violación, pero somos incapaces de verla a nuestro alrededor, aunque, manada tras manada, sigamos asistiendo a un espectáculo que no deberíamos consentir.

Está claro el tratamiento penal que damos a los delitos, pero no permitir la cultura de la violación significa no permitir que las capas de la cebolla nos detengan. No debemos banalizar el machismo, no debemos permitir que se normalice a nuestro alrededor. No debemos consentir que echen cortinas de humo desde la política y no hay que callar cuando alguien intente justificar un acto machista por pequeño que sea. De esta manera se podrán destruir las costumbres, las tradiciones, las normas y las leyes que discriminan a las mujeres, que las cosifican y que las convierten en juguetes al servicio de los hombres. Entonces, y solo entonces, podremos contener eficazmente la violencia de género y, finalmente, erradicar de nuestras vidas la cultura de la violación.

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