La llorona
«Ay, de mí, llorona, llorona» rezan las infinitas versiones de la popular canción mexicana. En una de las más conocidas, Chavela Vargas remataba con un desgarrador «si ya te he dado la vida, llorona, ¿qué más quieres? ¡Quieres más!». Gente así, con una ambición desmedida, lamentablemente, abunda. Y es esa ambición, que la vida no les permite saciar, lo que les lleva a vivir en una queja constante.
Precisamente, quejándose es como se ha tenido que volver, antes de tiempo, la pobre Isabel Díaz Ayuso de su viaje a México, con x. Por, eso cree ella, un complot de la Presidenta del país, Claudia Sheinbaum. Y claro, tener que acortar su viaje oficioso, pues por más que le pese no puede llamarlo oficial, no le ha gustado un pelo a la buena de Isabel. Así que se ha vuelto a su ático de lujo a llorar porque en México, con x, hay libertad de expresión y hay quien la usa para decir que, por allí, no les cae demasiado bien quien cinco siglos atrás se dedicó a matar a sus antepasados, violar a sus antepasadas y expoliar sus recursos. Una acusación que, por lo que sea, Isabel Díaz Ayuso no quiere que se haga. Y como los pérfidos izquierdosos del mundo están emperrados en negarle sus deseos pues, claro, se ha vuelto enfurruñada a Madrid que es mucho mejor que México, con x, porque al ser tan grande no te encuentras ni a tu ex por la calle ni a tu novio en Telemadrid.
Tampoco es que sea la primera vez que viene escaldada de uno de esos costosos viajes que le pagan los y las madrileñas. Con la ocasión singular de que el dólar estaba devaluado, y antes de que su colega liberal Trump pusiera el precio de los combustibles por las nubes y dejara, paradójicamente, a no pocos aviones en tierra, Ayuso se fue seis veces a E.E.U.U. Seis. La última de ellas a Nueva York donde la entrevistaron periodistas españoles, porque se ve que por allí ni hay ni marcha ni medios interesados en ella.
Pero bueno, que nadie se alarme. La Presidenta está bien. Bueno, todo lo bien que puede estar alguien que se pone a gritar «me gusta la fruta», así porque sí, en medio del Congreso de los Diputados. Al menos, eso nos dijeron, desde su gabinete de prensa, que gritó. Y hubo que creerles porque, desde luego, no parecía la solución más inteligente el que para librarse de una acusación de ser una maleducada les pareciera preferible hacerla quedar como una loca. Lo gracioso es que, por lo que sea, coló perfectamente.
En todo caso, como decíamos, no hay que alarmarse. Esto de volverse llorando de México, con x, no ha sido sino otra performance más de las que se incluyen dentro de la estrategia bipolar de la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Esa estrategia que consiste en decirse la «Dama del puño de hierro» pero luego mostrarse como «Lady mandíbula de cristal» en cuanto alguien le replica. Se ve que no contaba con que le llevaran la contraria cuando se metió en política. Es eso, o que nadie como ella sabe sacar tajada de hacerse la pobre damisela en apuros. Así se explicaría por qué alguien que se pasa la vida insultando a diestra e izquierda, luego se pone a hacer pucheros en cuanto a alguno de los muchísimos a los que menosprecia le da por contestarle como merece.
Suerte que el Pueblo madrileño la quiere. Ahí es nada. Con eso, debería bastarle pero, sorprendentemente, no parece que sea así. Entre tanto viaje, tanta búsqueda de titulares en la prensa y tanto llevarle la contraria al presidente de su propio partido, Isabel no para de dejar claro que Madrid no le llega.
Ella quiere más.
Pues que a nadie le queda la más mínima duda de que Isabel Díaz Ayuso tendrá más… por lo que quejarse. De eso, se va a hartar más incluso de lo que el resto del mundo parece haberse hartado ya de ella.