Mandamos 3.500 solicitudes de alquiler con nombres falsos, y esto fue lo que pasó
España, como otros países de nuestro entorno, vive una crisis de vivienda que ya ha llevado a mucha gente a la calle. Desde 2015, el alquiler medio ha subido un 40% y uno de cada cuatro inquilinos (casi tres millones de personas) dedica más del 30% de sus ingresos a pagarlo. Pero hay otro obstáculo menos visible que determina el riesgo de que el propietario no te responda o que lo haga con interés. Para medirlo, enviamos a lo largo de varios meses de 2025-2026 más de 3.500 solicitudes a anuncios de alquiler, idénticas salvo por el nombre del candidato. Quien firmaba con un nombre español recibió una respuesta positiva en el 54% de los casos. Quien lo hacía con un nombre MENAP (países del norte de África, Oriente medio y Pakistán), en el 37%. En pocas palabras, por cada 10 respuestas positivas que recibía el primero, el segundo recibía 7.
Esto divide el mercado del alquiler entre insiders, que pueden entrar más fácilmente y solo compiten por el precio, y outsiders, que antes tienen que conseguir que alguien les deje alquilar. Es una frontera poco visible en un debate centrado en cuánto cuesta alquilar y no en quién puede hacerlo. Para explorarla, desde el Instituto de Demografía del CSIC (IEGD) y con fondos europeos del proyecto europeo www.EqualStrength.eu, variamos aleatoriamente el origen étnico percibido de los candidatos mediante sus nombres. Usamos una selección de nombres comunes entre los inmigrantes procedentes de África Subsahariana y de los países MENAP que están en España, además de nombres autóctonos (castellano o catalán, según la región desde la que se publicaba el anuncio), distinguiendo entre los más prevalentes en la población mayoritaria y los de los gitanos españoles[1].
Tras recibir respuestas a nuestra solicitud ficticia de información sobre los pisos que aparecían en alquiler en una plataforma inmobiliaria, clasificamos las respuestas según fuesen positivas (invitaciones para ver la propiedad, peticiones de información, propuestas para hablar por teléfono…) o negativas (rechazo del candidato o ausencia de respuesta). A continuación, analizamos, mediante modelos lineales de probabilidad, si existían diferencias significativas en las respuestas de los propietarios según el origen étnico de los solicitantes. Mostramos los resultados descriptivos en el siguiente gráfico.
Frente a ese 54% de la mayoría (candidatos con nombres y apellidos autóctonos), los solicitantes de África Subsahariana tenían 9 puntos porcentuales menos de probabilidades de recibir una respuesta positiva, los gitanos 5 puntos menos y los del grupo MENAP 18 puntos menos.
La brecha entre los autóctonos no gitanos y gitanos parece pequeña. No obstante, nuestro trabajo puede infraestimar la discriminación contra los segundos por la dificultad que representa señalar esta identidad étnica a través de los nombres. Para seleccionar aquellos que pudieran enviar esta señal, contactamos con la Fundación Secretariado Gitano para validar una preselección, que posteriormente se sometió a una encuesta y a grupos de discusión. Aun así, los nombres no siempre permiten distinguir con claridad entre personas gitanas y no gitanas, lo que puede reducir la diferencia observada en las respuestas.
La mayor discriminación en el acceso al mercado de la vivienda parece concentrarse en los nombres que envían la señal de ser musulmanes. Aquí, la distancia con los autóctonos no gitanos es de 18 puntos porcentuales. Esta jerarquía en la brecha de acceso parece replicar la que emerge de muchos los estudios clásicos en España sobre la preferencia hacia ciertos grupos de inmigrantes.
Estas cifras reflejan las diferencias promedio estimadas para el conjunto de España, teniendo en cuenta la provincia en la que se encuentra cada vivienda. Tampoco observamos diferencias significativas en la magnitud de la discriminación según el grado de tensión del mercado del alquiler, distinguiendo, por ejemplo grandes ciudades versus zonas menos pobladas.
Por último, llevamos a cabo experimentos similares en el mercado laboral y en el acceso a la educación infantil, dos mercados que junto con el de la vivienda son cruciales para la formación de hogares y familias. No detectamos casi ninguna diferencia por origen étnico al solicitar plazas de educación infantil. En el mercado laboral, en cambio, si observamos una cierta discriminación, aunque menor de lo que cabría esperar. En concreto, los solicitantes de África Subsahariana tenían un 8% menos de probabilidades de recibir una respuesta positiva y los MENAP, un 6% menos (comparado con la mayoría, cuya tasa de respuesta positiva era de un 15%). Esto sugiere que la discriminación se manifiesta con más fuerza en los mercados más tensionados, como el de la vivienda, que en los que lo están menos, como el de la educación infantil.
El proyecto en el que se produjeron estos experimentos de campo se llevó a cabo de manera simultánea en otros siete países europeos (Irlanda, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Hungría, la República Checa y Suiza). España se sitúa en términos relativos en el grupo de los países que menos discriminan. No obstante, estas sencillas cifras transmiten una información fundamental para entender las dificultades para la incorporación de los inmigrantes en España.
Volviendo a la vivienda y para cerrar esta nota, conviene declararse prudentes con la interpretación de estos resultados. A la hora de atribuir una causa a las diferencias en la reacción de caseros a los nombres de sus potenciales inquilinos, hay una importante brecha generacional entre nosotros que opera en la dirección que muchos lectores podrán fácilmente anticipar. Puede ser una expresión de prejuicios hacia determinados grupos. También podría ser una reacción defensiva de algunos propietarios ante las medidas de protección de los inquilinos vulnerables: las dificultades que anticipan para recuperar un piso si algo sale mal podrían llevarlos a filtrar más, utilizando el nombre como señal de un supuesto riesgo económico. Otra explicación pondría el foco en las dinámicas de un mercado marcado por la escasez y la especulación, donde la búsqueda de rentabilidad podría reforzar la exclusión de quienes son percibidos como inquilinos menos deseables.
Estas explicaciones pueden coexistir, y nuestro experimento no permite determinar qué peso tiene cada una. Esclarecerlas resulta fundamental para diseñar respuestas eficaces. Mientras tanto, los resultados muestran que las dificultades para acceder a una vivienda comienzan antes de pagar el alquiler: para algunos candidatos, la primera barrera es conseguir que alguien les responda.
[1] El origen étnico se indicó a través del nombre. Los nombres se seleccionaron a través de una encuesta de nombres, en la que se estudió qué nombres eran percibidos con más frecuencia, por parte de la sociedad española, como característicos de los colectivos de interés: https://www.nature.com/articles/s41597-025-06153-8