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Lluís Orriols

Soy doctor en ciencia política por la Universidad de Oxford y actualmente enseño en la Universidad Carlos III de Madrid. Mis investigaciones se centran en el campo del comportamiento electoral y opinión pública.

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Pedro Sánchez, readmisión por despido improcedente

Todas las encuestas fiables mostraban de forma inequívoca que los simpatizantes y  votantes socialistas preferían a Pedro Sánchez. Sin embargo, hasta la presentación de los avales, existía la firme convicción de que Susana Díaz era la gran favorita a ocupar la secretaría general del PSOE. Tras esta inconsistencia entre las preferencias y las expectativas de los votantes socialistas se encontraba el poder del 'aparato'. Se consideraba que el férreo control orgánico de Susana Díaz y las fervientes adhesiones de la práctica totalidad de los cuadros dirigentes, presentes y pasados, podrían llevar a la presidenta andaluza a ganar las primarias a pesar del sentir mayoritario de los simpatizantes socialistas.

La realidad ha resultado ser bien distinta. De hecho, la realidad  empezó a cambiar el día que los candidatos pusieron los avales encima la mesa. Susana Díaz buscaba una victoria incontestable en avales para generar un golpe de efecto que arrollara a sus contrincantes y sentenciara la competición. Cuando la realidad no dio la fotografía deseada, su estrategia empezó a hacer aguas. Desde ese momento, la campaña de Susana Díaz se encontraba desorientada, a la deriva, enquistada en un lema (“Susana gana elecciones”) que no sólo no se ajustaba a ninguna encuesta demoscópica seria, sino que tampoco podía justificarse tras frustrar las expectativas que habían generado con su deseado golpe de efecto en la fase de los avales.

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El (escaso) atractivo electoral de Susana Díaz

Las primarias para la secretaría general del PSOE vuelven a poner en relieve las heridas producidas por el Comité Federal del pasado octubre. Los distintos candidatos inician sus campañas destacando sus principales activos. Por un lado, Susana Díaz se presenta como la garante de la estabilidad y la paz interna en el PSOE y quien tiene un mayor pedigrí de ganadora, presentando como aval su triunfo en Andalucía. Por otro lado, los defensores de Pedro Sánchez reivindican su condición de guardián de las esencias de la izquierda y del sentir mayoritario de los votantes socialistas frente a las élites del partido. Ante este escenario polarizado, Patxi López se erige como la única tercera vía capaz de dejar atrás la dañina rivalidad Sánchez-Díaz para la imagen del PSOE.

Pero más allá del argumentario de defensores y detractores de cada uno de los aspirantes a la secretaría general, ¿qué opinan los votantes y simpatizantes socialistas? Para corroborarlo, tenemos la enorme fortuna de disponer en abierto la encuesta de GESOP para El Periódico de Cataluña. ¿Qué nos dicen los datos sobre del atractivo electoral de Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez? Dejadme que lo resuma en cuatro grandes titulares.

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Las primeras 40 parlamentarias

El actual Congreso de los Diputados alberga hoy 138 diputadas de un total de 350. La presencia de mujeres en el hemiciclo se encuentra cerca de la paridad, pues se ha incrementado notablemente durante las últimas décadas: la proporción de mujeres ha pasado de la franja del 5-7% durante la década de 1980 hasta en torno el 40% durante las últimas dos legislaturas del post-bipartidismo. Los avances hacia la paridad en el Congreso de los Diputados se han producido de forma progresiva y muy especialmente durante las dos legislaturas de José María Aznar (con un crecimiento de 6-7 puntos porcentuales en cada una de ellas) y la primera legislatura de José Luís Rodríguez Zapatero (con un aumento de 8 puntos).

Estas cifras dan buena cuenta de los lentos pero inexorables logros del movimiento feminista. Sin embargo, a lo largo de estas líneas no queremos realizar una radiografía de la actualidad sino que queremos viajar atrás en el tiempo para recordar a las pocas, muy pocas, mujeres que lograron un acta en el Parlamento desde las Cortes de Cádiz de 1810 hasta la década de 1970, antes de la llegada del actual período democrático.

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Tres titulares del nuevo barómetro del CIS

1. La derecha valora mejor al líder (interino) del PSOE que la izquierda

Muchos medios de comunicación han destacado que, según el CIS, Javier Fernández es el líder de ámbito nacional mejor valorado por los españoles. No hay duda de que se trata de un titular impactante, especialmente si tenemos en cuenta la profunda crisis de interna que sufre el PSOE tras la caida del secretario general Pedro Sánchez en octubre del año pasado. Sin embargo, se trata de un dato que, si no se analiza de forma adecuada, puede llevar a confusiones importantes. El problema es que no tiene mucho sentido fijarse en la valoración de los líderes entre la totalidad de los votantes, pues de poco sirve si un candidato es muy atractivo entre ese electorado que jamás le votaría. Lo importante para un líder político es tener capacidad de seducir a ese electorado que simpatiza con su partido y que tiene opciones reales de acabar votándole. Es por este motivo que muchos analistas suelen equivocarse al infravalorar a Mariano Rajoy como candidato. Si nos centramos en las valoraciones de los simpatizantes de cada partido, Rajoy es el que goza de una mayor popularidad. El líder del PP obtiene una nota de 6,7 entre su electorado, Pablo Iglesias consigue 6,3 entre sus propios votantes y Albert Rivera una nota de 6,2 entre los suyos. En cambio Javier Fernández de apenas alcanza el 5,1 entre el electorado socialista. No hay duda que en términos comparados, el presidente de la gestora no parece un líder particularmente atractivo entre quienes votaron al PSOE en junio de 2016.

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Seguridad contra libertad

En los últimos meses, Europa ha sufrido una excepcional actividad terrorista que ha conmocionado a las opiniones públicas de los países afectados y de los de su entorno. Incidentes como los actos terroristas de París en noviembre de 2015 o los ataques con vehiculos en el paseo marítimo de Niza o en un mercadillo navideño del centro de Berlín, han dejado el mayor saldo de acciones terroristas de las últimas dos décadas en Europa occidental. Como suele ser habitual, estos episodios han abierto de nuevo el ya clásico debate sobre la necesidad de potenciar la seguridad ciudadana aún a costa de recortar algunas libertades individuales.

No parece sorprendente que parte de la opinión pública reaccione ante un atentado terrorista priorizando la seguridad por encima de la libertad. Según el psicólogo americano Abraham Maslow, las preferencias o necesidades de las personas están ordenadas de una manera jerárquica. Las necesidades más básicas son las fisiológicas (como comer o descansar) y la seguridad física. Sólo cuando estas prioridades se encuentran suficientemente cubiertas, los individuos empiezan a preocuparse por la consecución de otros valores como la amistad, la tolerancia o la libertad. Los atentados terroristas acentúan el temor a la integridad física y provoca que muchos ciudadanos dejen, al menos de forma provisonal, su preferencia por libertad a un lado.

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Podemos: ¿moderarse o “cavar trincheras”?

En un especial reciente de Al Rojo Vivo de La Sexta tuve la oportunidad de tener un intercambio de ideas con el director de Radiocable, Fernando Berlín, acerca de los nuevos retos de Podemos. En concreto, el debate que mantuve con Berlín se centraba en torno a qué estrategia debía tomar Podemos tras la crisis del PSOE: ¿debía ser ofensiva con el fin de atraer a los nuevos votantes socialistas o defensiva para, con ello, afianzar a los apoyos que ya tiene?

En esa tertulia defendí la primera postura. Entonces argumenté que Podemos debía aprovechar la ventana de oportunidad que se abría tras la crisis del PSOE para seguir una estrategia de acomodación con el fin de resultar atractivo entre los socialistas que se sentían huérfanos. En consecuencia, me mantuve crítico sobre la actitud de Pablo Iglesias durante las últimas semanas de mostrar su cara más ideológica. A mi entender, Podemos debía optar por una estrategia ofensiva: no podía dedicarse a cavar trincheras justo cuando su principal rival electoral tenía sus filas rotas y sufriendo una sangría de deserciones.

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Homenaje a Pedro Sánchez en tres gráficos

El pasado sábado Pedro Sánchez decidió finalmente tirar la toalla tras quedarse en minoría en el comité federal. Con ello, Sánchez se convierte en el secretario general menos longevo y más controvertido de estas casi cuatro décadas de democracia. Durante los meses en que Sánchez ha ocupado la secretaría general, el PSOE ha cosechado los peores resultados electorales de su historia. Este desastroso historial en las urnas ha sido el factor que, según sus detractores, ha propiciado la rebelión interna.

Sin embargo, a ningún analista independiente se le escapa que la precipitada y profunda crisis interna del PSOE desatada durante la semana pasada estuvo altamente condicionada por el calendario de la investidura. La evidencia comparada nos indica que las rebeliones internas en los partidos justo antes de unas elecciones se efectúan cuando existe cierta expectativa de éxito electoral. Ningún rival mínimamente estratégico decidiría desbancar al líder de su partido justo antes de una imminente e inevitable derrota electoral. Ante esa coyuntura, lo mejor es esperar a que el líder se desgaste y postularse como recambio una vez se haya producido el descalabro electoral. Siguiendo esta lógica, no parece muy razonable pensar que quienes han forzado la salida de Pedro Sánchez tengan en mente pasar por las urnas en diciembre, por lo que seguramente tienen otros planes alternativos en su hoja de ruta.

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La política del 'zasca'

Hace pocas semanas me invitaron a una tertulia televisiva en “prime time” para analizar las elecciones generales. La tertulia estaba compuesta por expertos de distintos campos y estuvo marcada por la cortesía, el respeto y la discrepancia constructiva. En ningún momento se elevó la voz, no se interrumpió, no hubo aspavientos, se respetaron turnos y, lo más importante, las réplicas se produjeron tras una escucha activa. Poco rato después, en ese mismo programa, me encontré en medio de otra tertulia con un tono diametralmente opuesto. En esta segunda tertulia imperó la arrogancia, la interrupción como norma y el placer de discrepar por discrepar, incluso antes de saber los argumentos del contertulio.

Ambas tertulias se produjeron en prime time, en el mismo programa y en la misma cadena, pero su tono fue radicalmente opuesto. Tal contraste entre estos dos debates me hizo recordar las recientes investigaciones de la politóloga de la Universidad de Pensilvania, Diana Mutz, sobre esta cuestión. En su libro “In-Your-Face Politics”  (que déjenme que traduzca con cierta libertad como la política del “zasca”), Mutz intenta estudiar qué efectos tienen los debates broncos y de dudosos modales sobre la opinión pública. Para ello, grabó dos debates políticos con actores que fingían ser dos candidatos al Congreso norteamericano por un distrito de Indiana. Los dos debates eran exactamente iguales en el contenido, pero uno con un tono cordial y civilizado y el otro con un tono “zasca” (gritos, interrupciones, aspavientos, … y con planos más cerrados de los tertulianos). Posteriormente, pidió a un grupo de personas que vieran el debate “civilizado” y a otro grupo de personas el debate “zasca” con el fin de comparar qué efectos distintos tenía en cada uno de los grupos.  Con este experimento, Mutz pudo corroborar empíricamente algunas de las intuiciones que tenemos sobre los efectos de este tipo de debates de bajos modales.

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¿Qué ha pasado con Unidos Podemos?

El pasado domingo votamos solo seis meses después de las anteriores elecciones. Además de la victoria del PP, más clara de lo esperado, la gran sorpresa de la noche ya no fue la ausencia de sorpasso, sino la caída en votos de la coalición Unidos Podemos frente a lo que Podemos (con sus confluencias) e Izquierda Unida ya sumaron en diciembre.

Una de las hipótesis más comentadas para explicar esta caída es el efecto que ha podido tener la unión con Podemos en los electores de Izquierda Unida. Si echamos la vista atrás, la coalición electoral entre Podemos e IU no parecía muy beneficiosa para retener a los votantes de los primeros. Durante la pasada legislatura, el partido de Alberto Garzón consiguió muchas adhesiones (demoscópicas) provenientes del Podemos. Entonces algunas estimaciones le otorgaban tres escaños más de los que obtuvo el 20D una cifra inferior a los que se esperaba que perdería Podemos. La coalición con IU generó gran desafección en una porción de los votantes de IU. Las encuestas mostraban tasas de fidelidad de incluso el 50-60% e importantes transferencias hacia el PSOE. Este descontento era particularmente presente entre las mujeres de IU, las cuales suspendían a Pablo Iglesias y tenías una tasa de lealtad inferiores al 50%.

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El bipartidismo ha muerto: ¿a dónde vamos?

Sandra León: En esta ocasión parece que las encuestas auguran un paso más en la crisis del bipartidismo, relegando al PSOE a tercera fuerza política. ¿Tú crees que realmente estamos ante el fin del bipartidismo o se trata de una crisis pasajera?

Lluis Orriols: Existen indicios de que efectivamente el bipartidismo se fue para no volver, al menos a corto o medio plazo. Los nuevos partidos se están consolidado y muy particularmente Podemos. Los vínculos entre Podemos y sus votantes son cada vez menos de tipo carismático y más de tipo programático o ideológico. El hecho de que su éxito electoral dependa cada vez menos de su líder es, creo, una muy buena noticia para los podemitas, pues eso sin duda les garantiza una mayor estabilidad y continuidad en el tiempo.

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