“Y la faena se remata con la puntilla...”
“Y la faena se remata con la puntilla, un cuchillo de 10 cm de hoja que se introduce entre el hueso occipital y el atlas (primera vértebra cervical) para clavarse y rebanar el tronco encefálico o bulbo raquídeo, un centro nervioso que pone en comunicación la médula con el encéfalo y que se ocupa, entre otras funciones, de regular el latido cardiaco y la respiración. (Enseña la puntilla). El resultado será una lenta parada cardiorrespiratoria. ¿Piensan ustedes que ésta es instantánea? ¡Ojalá lo fuera! La lesión del bulbo raquídeo, en función de la zona en que se produzca, puede hacer que un animal, incluido el ser humano, pase el resto de su vida postrado, siendo consciente, pero sin poder mover ni una sola parte de su cuerpo. Resulta por tanto evidente que si la puntilla no fue adecuadamente utilizada, el corte de orejas, en caso de producirse, y el arrastre posterior, será percibido y sentido por el animal”, dice Zaldívar.