El acusado por la muerte de Ana Buza alega que ella se tiró del coche y que cambió de versión porque estaba “ido”
El acusado por la muerte de Ana Buza en la madrugada del 7 de septiembre de 2019 ha explicado al jurado popular que lo juzga por asesinato que, mientras conducía acompañado por su entonces pareja por el tramo de la autovía A-4 que atraviesa Carmona, vio que la joven “se tiró” del vehículo: “Noto una bocanada de aire y veo su cuerpo cayendo” y, debido a que se incorporó, “el coche se desvió”. El hombre ha tratado de apuntalar así la hipótesis de suicidio en el juicio contra él, que entra en su recta final después de siete años y cuya última sesión con las conclusiones finales ha sido aplazada al viernes.
El Ministerio Público sostiene hasta ahora que el acusado aceleró y sobrepasó ampliamente el límite velocidad en la salida de la autovía, provocando que ella, que tenía 19 años, saliera despedida del asiento de copolito e impactara contra el quitamiedos. La acusación particular cree, en cambio, que la joven se bajó del coche en marcha y él la atropelló para matarla. El acusado, por su parte, ha insistido este martes en que ella se arrojó del coche en marcha con la intención de suicidarse.
A la espera de si alguna de las acusaciones modifica la calificación y la petición de penas en sus conclusiones, el fiscal pidió en su escrito de acusación tres años de prisión por homicidio imprudente, mientras que la familia cree que no existió imprudencia, sino un asesinato o, subsidiariamente, un homicidio doloso, y solicita veinte años de prisión.
“No sé si Ana llevaba puesto el cinturón”, ha contado el acusado a la Audiencia Provincial de Sevilla durante la octava sesión del juicio. Así, describió que la sevillana, con quien mantenía una relación desde septiembre de 2018, estaba sentada en el asiento trasero derecho e “iban en silencio” tras haber mantenido una discusión. “No me pidió bajar en la autovía”, afirmó con respecto al trayecto que realizó desde Lora del Río a Sevilla cuando la joven le pidió que la llevara a su casa.
“En el momento que escucho a Ana, suelto el volante”, recordó ante el jurado popular. A respuestas del Ministerio Fiscal, justificó el cambio de versiones sobre los hechos debido a que “estaba en shock”. “Ido”, resumió. “No recuerdo las caras de esa noche. No sé por qué lo dije”, expresó sobre los distintos relatos. Una vez Ana Buza “se tiró”, expuso que salió del vehículo e intentó parar a los coches que pasaban. “Estaba oscuro, intento buscar el móvil y hago un gesto con la mano y se paran algunas personas, que me prestan algo para iluminar”.
El novio niega que manipulara el móvil de Buza
Posteriormente, describió que se encontró el cuerpo a unos metros de donde dejó aparcado el coche con la ayuda de quienes le estaba auxiliando y aseguró que “no habló” con la madre de él en ningún momento, en todo caso, “fue otro hombre” quien contactó con ella a través de su móvil. “La Guardia Civil me hizo los test, me dieron calmante en la ambulancia y me llevaron al hospital. Estaba ido” y, mantuvo, que “no llegué a ver el móvil de Ana”.
Un hecho significativo y sobre el que se abundó debido a que, en la séptima sesión del juicio, agentes de la Guardia Civil aseguraron que el móvil dio señales en los repetidores los días 7 y 15 de septiembre, el día del fallecimiento y una semana después. Todo ello, teniendo en cuenta que el móvil de Buza fue encontrado a 70 metros del lugar del accidente el 26 de septiembre.
En este sentido, según apuntaron los informes periciales, el 8 de septiembre el móvil se conectó por Bluetooth al de su entonces novio y, aseveraron, que las visitas a artículos relacionados con el suicidio en la noche del día 7 se introdujeron a posteriori, el día 13. Para ello, el móvil se conectó a un ordenador y se instaron tres aplicaciones de limpieza de dispositivos, como reflejaron en la sesión recogida por El Correo.
“Es imposible que manipulara el móvil. Yo estaba en Sevilla. Todo es mentira”, sosteniendo que fue el padre de la víctima quien, días después y antes de que se hallara el móvil, le pidió el pin para desbloquearlo.
En cuanto al transcurso de los hechos durante aquella madrugada, indicó que, a la salida del hospital se dirigió directamente al tanatorio en Sevilla: “Me cambio en el tanatorio y, en la noche del 7 al 8, estuve en el tanatorio de Carmona”, indicó a las preguntas de la Fiscalía. Además, añadió que “tampoco tenía los conocimientos” para hacer cambios en el móvil, ya que “solo tenía Bachillerato” y no contaba con las habilidades informáticas para distorsionar el dispositivo.
“Era bastante inestable”
El inculpado se ha negado a contestar a las preguntas de la acusación particular ejercida por los padres de la fallecida. A preguntas de su abogado, ha descrito a la joven como “bastante inestable, con picos de alegría y tristeza, y por motivos que no eran de peso”, apuntando al comportamiento de Buza y los escritos de su diario para reforzar la hipótesis del suicidio. Aparte, describió la relación con su padre como que “no era buena” y tachó al progenitor como “muy exigente”, situando la ruptura de comunicación con el que fuera su suegro el 19 de septiembre, días después de la muerte.
Al respecto, situó en enero de 2019 una conversación que mantuvo con la joven, con la que se comunicaba a través de correo electrónico y para lo que negaba que él le hubiera prohibido tener WhatsApp o redes sociales, sobre el hecho de que “quería pedir ayuda”, psicológica en este caso. Así, describió la relación sentimental con Buza como “buena o normal”, indicando que “no tenía celos” pero sí “cierta desconfianza” por una supuesta infidelidad que le había comunicado la joven.
Un testimonio que se contradice con la orientadora escolar que atendía a Buza y una compañera de clase del Grado en Filosofía que cursaba en la capital hispalense, que comparecieron en la sesión de este martes junto al médico de la familia. En todos los casos, desmintieron que Buza tuviera una actitud depresiva o con tendencia al suicidio y, en la versión de la compañera y la psicoterapeuta, describieron la relación como “tóxica”.
En cuanto a la orientadora, subrayó que Buza “estaba harta de él” y le había puesto como condición sine qua non para continuar con la relación sentimental que fueran juntos a terapia después de que el 6 de marzo de 2019 “mandara un correo para pedirme ayuda”. “No me siento libre y estoy intentando solucionarlo antes que dejarlo”, aseguró que le había confesado Buza en un correo electrónico.
Tras varias sesiones, indicó que el punto de inflexión fue un encuentro en la universidad, a donde él acudía para esperar o más adelante acompañarla en alguna clase, en el que “él se muestra violento”. Después de varios intercambios con el acusado tras la muerte de Buza, en las que admitió ante el abogado defensor que mantenía una actitud consoladora con él porque “prefirió no levantar la liebre”, decidió enviar el correo en el que Buza pedía ayuda al padre de la víctima el 18 de septiembre tras conocer el archivo de la muerte. “Se equivocó en el día que lo dejó”, aseguró ante el jurado popular.
Por su parte, la compañera de clase, con quien tenía una notable diferencia de edad edad, aseguró que se pasó “todo el curso intentando hablar con ella” sobre la situación que observaba, “pero él siempre estaba delante”. “Era muy preocupante”, expuso, “espiaba lo que había en el interior de la clase y, si Ana no salía en los descansos, él iba adentro con ella”. En un momento dado, la compañera decidió llamar al 016 para alertar de la situación, pero dijo que la respuesta había sido que “ella era mayor de edad y yo no era familiar”. Al respecto, el acusado afirmó que no tenía conocimiento de quien era esta compañera y nunca la había visto en la interacción con los demás compañeros.
El caso Ana Buza
La muerte de Ana Buza del 7 de septiembre de 2019 ha movilizado a lo largo de estos siete años a distintos colectivos feministas y sociales bajo el reclamo Justicia para Ana Buza que, a tenor de lo exigido por la familia, pedían que se profundizara en las circunstancias del fallecimiento y que se investigara en un Juzgado de Violencia de Género.
Finalmente, se ha descartado esa posibilidad. El acusado enfrenta una petición fiscal de tres años de cárcel por un presunto delito de homicidio imprudente mientras que la familia, en calidad de acusación particular, solicita 20 años por un presunto delito de asesinato u homicidio doloso de forma subsidiaria.
En el escrito de conclusiones provisionales del Ministerio Público, recogido por Europa Press, se expone que el acusado mantenía desde septiembre de 2018 una relación sentimental con la fallecida, de 19 años, precisando que, en la noche del día 6 de septiembre de 2019, la pareja se encontraba en la localidad de Lora del Río, lugar de residencia de la familia del investigado, en cuyo domicilio “tenían pensado pernoctar”.
No obstante, “tras una discusión” entre ambos, la joven “decidió que no quería dormir en Lora del Río”, pidiendo al acusado que la llevara al piso de estudiantes donde habitualmente residía ella en la capital hispalense, de forma que, entre las una y las dos de la mañana, el encausado le pidió el coche a su padre, que montó como copiloto mientras la víctima se ubicaba en el asiento trasero derecho. Una vez dejó a su padre en casa de su abuela paterna, llevó a su pareja a su casa por la A-4, sin que la víctima pasara al asiento delantero.
La Fiscalía añade que, “a la altura del PK 511, coincidiendo con la salida 511 hacia la localidad de Carmona, lugar donde rige una limitación de velocidad de 80 kilómetros por hora, el acusado no guardó la prudencia y diligencia requerida como conductor, pues pese a la situación de tensión y enfado existente en la pareja y al límite de velocidad indicado, prosiguió su marcha circulando a 117 kilómetros por hora”. Posteriormente, esto “determinó que, en un momento dado”, la joven, “por razones no determinadas, cayera del vehículo en marcha, sufriendo lesiones de tal gravedad que causaron su fallecimiento”.
Un hecho para el que los peritos han intentado discernir en estas jornadas en la que se ha debatido si fue un suicidio o si fue atropellada por su novio. En este sentido, cinco de los seis expertos coincidieron en que la causa de la muerte fue un desnucamiento por la fuerza del golpe, como se le dice coloquialmente y, a su vez, describieron como clave la lesión que presentaba Ana en la parte posterior de los muslos, señalada como los peritos como un golpe con el quitamiedos que le habría fracturado los fémures. No obstante, terminaron la sesión sin coincidir en cuál fue el motivo.
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