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Opinión - 'El PP más torpe de la historia', por Rosa María Artal

Feijóo y Abascal cierran la campaña en Castilla y León a la gresca y el PSOE aspira a ser primera fuerza

El PP se asoma en Castilla y León a sus terceras elecciones autonómicas consecutivas en las que, si se cumple lo que apuntan la mayoría de las encuestas, ganará, pero con una diferencia muy pequeña respecto al PSOE y con una dependencia total de Vox para gobernar. Con la gobernabilidad de Extremadura y Aragón sin resolver, se ha disparado el enfrentamiento directo y personal entre los líderes de las derechas, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. Y los nervios han aparecido en el final de la campaña. En el PSOE, mientras, han desplegado todo su arsenal en el cierre de la campaña, con Pedro Sánchez, Óscar Puente y José Luis Rodríguez Zapatero como principales reclamos, y sueñan incluso con un empate técnico.

“No deis nada por ganado”, dijo Feijóo este viernes por la mañana en un mitin en El Bierzo (León). “Si fallas delante de la portería, no hay resultado”, dijo el martes. Un mensaje que se ha convertido en habitual en la segunda y definitiva semana de campaña. Tanto él como el candidato, Alfonso Fernández Mañueco, se han prodigado en llamamientos a la movilización y en alertar de que los últimos escaños en algunas de las nueve provincias en Castilla y León se pueden resolver en un puñado de sufragios.

“Hay que pedir a la gente que vote y llenar las urnas. Que nadie se confíe y nadie se quede sin votar”, aseveró Feijóo, quien volvió a dedicar buena parte de su intervención a cargar contra Vox. El nivel de agresividad del líder del PP contra su teórico aliado ha ido en aumento desde la campaña extremeña del pasado mes de diciembre, y los dos partidos han entrado en el ámbito personal en los últimos días.

El líder de Vox, Santiago Abascal, ha culpado a Feijóo de haber tumbado con “zancadillas” y “guerra sucia” los acuerdos en Extremadura y en Aragón, y ha deslizado que no controla su propio partido. “Mi duda es si Feijóo es el líder del PP”, sostuvo, a la vez que decía que “España le viene grande”.

La respuesta de Feijóo fue la del ataque directo. “A mí me daría vergüenza votar con el PSOE y Podemos en Extremadura”, sostuvo el jueves. “No aceptamos lecciones de patriotismo de nadie”, espetó, mientras ridiculizaba los “golpes en el pecho” por España de Abascal.

El viernes por la tarde, en el cierre de campaña en Valladolid, Feijóo insistió en sus ataques a Vox. “El que se presenta para bloquear y estafar al ciudadano, merece un castigo de la gente”, ha dicho, para zanjar: “Espero que les vaya mal. Castilla y León merece respeto, no ser víctima de juegos e irresponsabilidad de nadie”.

Feijóo también ha negado uno de los fundamentos de Vox: su apoyo al campo. “¿Qué es eso de defender a los agricultores si la única vez que tuvieron la responsabilidad de la Consejería de Agricultura dejaron el arado y se fueron corriendo. Dejaron el tractor, la empacadora, los regadíos. Que se fueron a otro sitio”, ha espetado, para acusarles de “aparentar y no hacer”.

Miedo a los ‘tracking’

El PP se asoma este domingo en Castilla y León a un escenario más parecido al de Aragón que al de Extremadura. Si María Guardiola se benefició del hundimiento del PSOE y logró un 43% del voto y ganar un escaño, Jorge Azcón no pudo evitar en febrero perder dos diputados.

En ambas comunidades, quien más se benefició de ambos adelantos electorales fue Vox, quien se confirmó como imprescindible para que las derechas puedan gobernar. Los estrategas de Abascal han optado por supeditar cualquier negociación a su interés electoral. El bloqueo a los barones autonómicos ha sido esgrimido como prueba de pureza ideológica que vender a los electores en las sucesivas elecciones.

Pero los ultras han operado un cambio en la recta final de esta campaña. Abascal ha pasado de insultar a Guardiola a anticipar un pacto con Guardiola, con intención de contrarrestar las acusaciones de bloqueo lanzadas desde el PP, que ha hecho de la apelación al voto útil uno de los ejes discursivos en Castilla y León.

Mañueco no ha adelantado los comicios. De hecho, Castilla y León fue en 2022 la primera comunidad donde el PP pactó un Gobierno de coalición con los ultras. Pero el temor a un resultado poco claro domina la estrategia de los de Feijóo. Y no solo porque Vox apriete por la derecha y aspire a tocar el 20% del voto, sino porque en el PSOE sueñan con rozar el empate este domingo.

Este mismo jueves, desde la sede nacional del PP se envió un mensaje a los periodistas tildando de “ficticios” los sondeos “diciendo que van muy bien en las encuestas”. “Sería bueno que completaran esa información diciendo que están tan seguros de que van a ganar que en caso de no hacerlo van a apoyar a Mañueco”, ironizaban.

El oasis autonómico del PSOE

En las filas, socialistas, esta cita electoral llega con un aire muy distinto al de los fiascos de Extremadura o Aragón. Con Carlos Martínez al frente de la candidatura tras el relevo de Luis Tudanca, los últimos trackings internos de Ferraz dibujan incluso el escenario de un posible empate técnico que no destierra la hipótesis de que el PSOE pueda ser la fuerza más votada el domingo por la noche. Un sueño que estuvo muy presente durante el mitin de cierre de campaña.

“Sé que no es fácil, pero ganemos el domingo y que luego se peleen entre ellos”, dijo Óscar Puente respecto al PP y Vox. Toda la campaña en Castilla y León ha estado atravesada, en realidad por la coyuntura política derivada de la guerra de Irán. Y el presidente del Gobierno centró su intervención en su mensaje del 'no a la guerra'.

“España hoy, como hace 23 años, defiende el 'no a la guerra'. Y mientras, la derecha a quien defiende es a Aznar”, arrancó su intervención Sánchez, que durante varios momentos apeló al “patriotismo” delante de una gran bandera de España como una de las razones por las que se opone a los planes de Donald Trump.

El presidente del Gobierno arremetió contra el PP y Vox por no apoyar la política exterior de España y ponerse, dijo, de parte del presidente de Estados Unidos. “Apoyan a quien está incendiando el mundo y luego se quejan del humo. Pero claro que vamos a poner todos los recursos del estado para proteger a la gente de una guerra que no avala el Gobierno de España”, advirtió.

“¿Qué interés tenemos nosotros en que se incendie Oriente Medio? ¿En que suba el precio de la gasolina o el gasoil? Decir 'no a la guerra' es decir sí a nuestros empresarios, a nuestros ganaderos. Es muy fácil para ellos decir sí a la guerra a costa de los trabajadores de nuestro país”, subrayó Sánchez, que insistió en que su Ejecutivo prepara un paquete de medidas para hacer frente a todas las consecuencias económicas derivadas del conflicto.

En las expectativas del PSOE no solo está la posibilidad real que dibujan algunos sondeos de poder arrebatarle la primera posición al PP de Mañueco este próximo domingo. También que la nueva cita electoral provocada por los de Feijóo se convierta en un nuevo quebradero de cabeza para la calle Génova, aún incapaz de resolver los entuertos abiertos en Extremadura y Aragón. Dos citas de las que los socialistas salieron magullados y cuyas heridas pretenden restañar en Castilla y León.