CRÓNICA
La historia interminable de la refundación de la izquierda
No falla. Cada legislatura, la misma historia. Sísifo tenía que empujar una gran piedra hacia la cumbre de una montaña para volver a empezar inmediatamente después. Comparado con todo lo que rodea a los partidos de izquierda en España, hay razones para creer que Sísifo no lo tenía tan complicado. Al menos, hacía ejercicio. En la izquierda, la costumbre es que todo se replantee cada pocos años. Partidos, coaliciones, espacios, confluencias, confederaciones... Si te equivocas con la terminología, lo mismo se arma un tumulto. Todo está en disputa a la espera de la próxima fórmula mágica.
Las reflexiones que ha hecho en público Gabriel Rufián en los últimos meses han introducido un nuevo elemento. Como la unión entre los que ya estaban unidos antes parece inviable, vamos a aumentarla para que abarque a otros partidos como los nacionalistas e independentistas. Que nadie se quede fuera. Es un planteamiento osado, como se vio rápidamente con la respuesta de su propio partido, Esquerra Republicana, además de EH Bildu y el BNG. El día de las elecciones de Aragón, Rufián insistió: “Quien no vea que hay que hacer algo o no ve bien o ya le va bien que no lo haya”.
El problema es que no hay consenso sobre lo que significa ese “algo”. Un acuerdo para que haya una candidatura lo más amplia posible es un requisito obvio. Cuando se baja a un terreno más concreto –cómo elegir al líder, con qué programa, cómo hacer la lista de candidatos–, ahí aparecen los conflictos. Desde luego, todos dicen que están dispuestos a tomar decisiones con generosidad. A puerta cerrada, los sentimientos no son tan desprendidos. Y algunos partidos prefieren ir por su cuenta.
En el apartado más alejado de la realidad, están aquellos en las redes sociales a los que los partidos les interesan poco, pero se desviven por los nombres de las estrellas. Se enarbola la bandera de “frenar al fascismo” y eso parece justificar que se ignoren las diferencias ideológicas y de identidad nacional que existen entre formaciones. Se pide un Dream Team de los personajes más conocidos de la izquierda, pero ni siquiera son un 'team'. “Nuestro proyecto, EH Bildu, es y será un proyecto por y para nuestro país: Euskal Herria y su gente”, respondió Oskar Matute cuando algunos mencionaron su nombre.
Tampoco hay unanimidad dentro de lo que fue la candidatura de Sumar en 2023. De entrada, existen dudas claras sobre el papel que podría conservar Yolanda Díaz. Preguntaron a Antonio Maíllo, líder de Izquierda Unida, si entre los cambios que prevé en “la renovación del contrato social con la izquierda española”, estaría también el liderazgo. “Sin lugar a dudas”, respondió.
En el Movimiento Sumar –no confundir con la coalición en su conjunto–, siguen apostando por la vicepresidenta. “El liderazgo natural del espacio es Yolanda Díaz. Lo fue el 23J y lo seguirá siendo”, dijo su portavoz parlamentaria, Verónica Martínez. La ministra de Sanidad, Mónica García, de Más Madrid, también descartó su sustitución.
Maíllo cree que el experimento de Sumar, con Yolanda Díaz al frente, está periclitado. Quizá sea así, pero no da pistas sobre cómo debe ser el nuevo artefacto político. Pide a las bases de las distintas formaciones que dialoguen y discutan entre ellas. No hay que ser un desconfiado para pensar que esas bases están esperando a que sus dirigentes ofrezcan soluciones claras sobre las que puedan opinar. Tienen la opción de esperar al 21 de febrero. Las cuatro formaciones que integran Sumar celebrarán un acto con el que poner en marcha una nueva coalición de cara a las elecciones generales, que bien podría ser parecida a la anterior: “Nuestra voluntad es fortalecer la alianza que ya hemos desarrollado en estos años de gobierno”, dicen.
En ninguna quiniela especulativa sobre estos movimientos sale Podemos, que ya hace tiempo que dijo que no volvería a formar parte de nada que se acerque a lo que representa Sumar. Su secretaria general, Ione Belarra, dijo el martes que “este Gobierno solo sirve para alimentar el malestar”. Después de no haber llegado al 1% en las elecciones de Aragón y de estar en las encuestas nacionales entre el 4% y el 5%, sus posibilidades de tener un papel decisivo en la izquierda están más lejanas que nunca. No se espera que el partido acepte en Castilla y León y Andalucía la oferta de IU de unirse a una sola candidatura.
Los partidos que se reunirán el día 21 hablan de “aprender de los errores y potenciar los aciertos”. No es fácil encontrar en ellos una explicación detallada de sus errores. De hecho, cuando hablan de lo que debería hacer una mayoría progresista destacan siempre errores o carencias que adjudican al PSOE. Es lo que se escuchó en las ruedas de prensa del martes. “Vox avanza cuando no somos capaces de anular la ley mordaza”, dijo Aina Vidal. Verónica Martínez se refirió al rechazo socialista a sus propuestas sobre vivienda.
Pero si toda la culpa es del PSOE, y el partido de Pedro Sánchez paga por ello en las urnas, como ya está ocurriendo, nadie explica por qué Sumar no se ha beneficiado en las encuestas de esa caída ni por qué IU-Sumar no pudo llegar al 3% en Aragón. El futuro no pinta mejor en Andalucía. El PSOE no deja de hundirse hasta quedar casi veinte puntos por detrás del PP, mientras Por Andalucía/Sumar sólo está en el 7,5%, según el Barómetro Andaluz de diciembre de 2025. Con esos números, lo mínimo que debes hacer es replantearte tu estrategia.
Rufián no se rinde. Por la tarde, los periodistas fueron a por él –en el buen sentido– para ver cómo había encajado el rechazo a sus propuestas. “Frente a 200 diputados de la derecha y la ultraderecha (según prevén algunos sondeos), decir que tenemos que hacer algo diferente no es ninguna locura”, dijo en tono constructivo. De inmediato, apareció el Rufián que no se corta, el que es más chulo que un ocho y al que no le preocupa que le llamen lo que sea: “Quizá tengo un 0% de apoyo político, pero quiero creer que tengo un porcentaje más alto de apoyo popular”.
La izquierda no hace más que repetir que hay que hacer lo que sea para impedir la llegada de la extrema derecha al poder. De momento, lo único que le falta es poder convencer a los votantes.