Jordi Wild o la batalla por conquistar al público de las redes: “Una comunicación electoral sin ellas está condenada al fracaso”
Que las redes sociales son un campo de disputa política es algo que ya no se le escapa a nadie. Que esas mismas redes entrañan ciertas ventajas y peligros a la hora de acercarse a un electorado más joven, aunque no solo, es uno de los aspectos que cada vez tienen más en cuenta los partidos. Los representantes políticos ya no pueden escaquearse a la hora de acudir a algunos espacios digitales que acumulan millones de seguidores. El hecho de que los cuatro principales cabezas de lista de los próximos comicios del 29 de noviembre hayan accedido a debatir en el canal de YouTube de Jordi Wild demuestra cómo el medio, viciado por un algoritmo proclive al sensacionalismo y la derecha, también es el mensaje.
El Panel de Hogares de la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia publicó en noviembre del año pasado por qué medios se suele informar la ciudadanía. Las redes sociales fue la respuesta mayoritaria entre las personas de 16 a 34 años. De hecho, un 63% de los jóvenes entre 16 y 24 años afirmó que es su principal canal para seguir la actualidad. En el tramo de 25 a 34 años también predominan las redes sociales por encima de las demás opciones con un 56,3%.
La viralidad que sobresale en las redes es uno de los factores que más tienen en cuenta los partidos a la hora de colocar sus ideas. Así lo piensa Manuel Rodríguez, consultor político en Cámara Cívica, una agencia dedicada a la comunicación política e innovación social, quien explica lo sucedido con Jordi Wild: “Por un lado, se junta el rechazo de ciertos partidos a algunas cadenas televisivas que piensan que no les van a favorecer. Ocurre con el PP con la pública y con el PSOE con las privadas. Por otro lado, los partidos saben que deben ir a formatos más novedosos si quieren llegar a nuevas audiencias”.
El politólogo alude al Digital News Report España 2026 para sostener que las redes sociales son el canal por el que se informa el 24% del conjunto global la sociedad española, por encima de los medios digitales, que se quedan en el 21%. “Estar en espacios como podcast y canales de YouTube permite una menor producción del debate o la entrevista, que sea todo algo más informal”, subraya Rodríguez.
Jordi Wild atesora 7,39 millones de seguidores en el canal The Wild Project. Eso le ha granjeado la posibilidad de ser él quien tomara la iniciativa con los representantes políticos e imponer sus normas. O iban los cuatro, o las entrevistas no se celebrarían. Además, habrá factcheckers durante la emisión en directo para comprobar la veracidad de lo expuesto por los candidatos. Hasta Ada Colau, cabeza de lista por Frente Amplio, ha reactivado su cuenta de X para confirmar su presencia.
Llegar a la audiencia no politizada
Lo ocurrido en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, de las que Lula da Silva ha resultado vencedor tras una exitosa campaña que le ha permitido remontar después de quedar segundo en la primera vuelta, pueden llegar a ser una lección de lo que la realidad digital puede llegar hacer en unos comicios. Cristina Monge, politóloga y socióloga, recalca que es todo el conjunto del electorado, y no solo los jóvenes, el que se ve influido en la generación de la opinión y el ánimo según qué mensajes reciben de las redes sociales. “Hoy en día, una comunicación electoral que prescinda de las redes está condenada al fracaso”, precisa la también ganadora del Premio de Ensayo Paidós 2026 por su libro ‘Contra el descontento’.
Lo que hace unos años fue visto como algo exótico cuando Pedro Sánchez se dejó caer por el podcast de La Pija y la Quinqui, ya se ha convertido en habitual. “No hay candidato que se precie, cada uno dentro de sus públicos, que no esté deseando acudir a algunos de los espectáculos en vivo o programas del ámbito digital”, añade Monge.
Será en estos espacios donde la audiencia intentará encontrar a la persona que se esconde tras el personaje normalmente ataviado con un traje y que habla desde el estrado del Congreso de los Diputados. Tal y como desarrolla la experta, aprovechan estos espacios para llegar a esa audiencia no tan politizada: “Tienen que estar muy atentos porque suelen ser contextos de mucha improvisación y, sobre todo, haciendo del humor una herramienta que te ayude a colocar los mensajes, y eso es algo muy favorable o incómodo para según qué personalidades”.
En el caso concreto de Jordi Wild, Monge asume que era “prioritario” acudir para las cuatro fuerzas políticas que protagonizarán el debate. “Tiene un público muy transversal. La izquierda puede movilizar posibles votantes que están en la abstención, y que decantarán el resultado final, y la derecha tiene ahí un caladero de votos”, apunta.
Las redes no son neutras
En muchas ocasiones, las redes dan pie a comenzar una guerra digital plagada de memes y mensajes soeces dirigidos contra el oponente. Rodríguez, el politólogo de Cámara Cívica, considera que eso es tener una visión muy cortoplacista de la política y la comunicación digital. Emma Sebastián, especialista en comunicación política y divulgadora en redes sociales, no considera que la calidad del contenido se reduzca en este medio. “Los políticos usan las redes para crear su propia imagen y sus propias narrativas, y eso lo hacen al margen de los medios tradicionales”, comenta.
Ahí queda el ejemplo de un PP que no duda en utilizar la inteligencia artificial, posible delito de suplantación de identidad mediante, para arremeter contra los socialistas. “Esto es un avance y un cambio increíble a la hora de compartir información. Mientras tanto, tenemos a un presidente del Gobierno que recomienda música claramente orientada al público más joven”, ilustra Sebastián antes de recordar que muchas de las publicaciones que exponen las redes sociales forman parte de una cámara de eco. Es decir, muestran contenidos con los que el usuario está de acuerdo.
Por su parte, Monge recalca que “el algoritmo no es neutro, pero se puede jugar con él”, y vuelve a poner el ejemplo de la victoria de Lula en Brasil. Ante dicho extremo, Asunción Bernárdez recuerda cómo “las redes están configuradas de forma que favorecen la difusión de contenidos violentos y agresivos que atacan el lado más emocional de las personas”. Esta investigadora es catedrática de Periodismo y autora del recién publicado ‘La fábrica del odio. Discursos de odio y vulnerabilidad global’ (Plaza y Valdés, 2026). Como experta, piensa que “las redes favorecen las posturas políticas que más se basan en la emocionalidad e irracionalidad”.
La también docente de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid sostiene que no todos los partidos luchan con las mismas armas en el terreno digital. “No es lo mismo tener a Meta de tu parte, como ha tenido Bolsonaro en Brasil, que no tener a estos tecnoligarcas apoyándote. Quizá deberíamos ir hacia redes europeas y con cierta autonomía, que no sean únicamente diez grandes empresas a nivel mundial”, concluye.