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La tiranía de la imagen o la condescendencia en el trato, estereotipos con los que lidian mayores y jóvenes

Apertura de la jornada de debate en la sede de Cajasol en Sevilla.

Fermín Cabanillas

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¿Hasta qué punto la edad es una cifra y no algo que marca a una persona con un calendario? Visto el resultado del debate ‘Mayores y jóvenes: dos generaciones bajo el peso de los tópicos’, el DNI marca solo el tiempo transcurrido desde el nacimiento de las personas, aunque luego está la trayectoria vital de cada uno.

La excusa para la reunión era la publicación de la revista en papel de elDiario.es 'La Revolución de los viejos', y el lugar la Sala Salvador de la Fundación Cajasol de Sevilla, en una mesa, moderada por la periodista, escritora y colaboradora de elDiario.es Andalucía, María Iglesias.

Junto a ella han estado Isidoro Moreno (Sevilla, 1944), catedrático en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Sevilla, fundador de este departamento en esa institución académica. Kone Yossodjo, 21 años y nacido en Costa de Marfil. La guerra, la posterior muerte de su padre y los problemas económicos de su familia le obligaron a marcharse de casa, dejando atrás a su madre y a cuatro hermanos; ahora es atleta y trabaja en una residencia con personas con enfermedad mental. Marta Borrell, 18 años, actualmente, tiene una beca para estudiar en la innovadora Minerva University donde cursa Relaciones Internacionales y Política en San Francisco y Seúl. Su principal inquietud es trasladar el poder de la educación como vehículo transformador del mundo. Por último, Noemí Álvarez, licenciada en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos y es una de las coordinadoras del programa de acompañamiento 'Soledad Cero, Vida 10' de la Fundación Harena con el que voluntarios y voluntarias acompañan a personas mayores para paliar la soledad de sus vecinos. 

El objetivo de la mesa redonda fue poner a dialogar a dos generaciones con una realidad en común: los estereotipos que pesan sobre ellos. Así, temas como la tiranía de la imagen, las redes sociales y la tecnología, la soledad, el compromiso o lo política se han tocado en un encuentro presencial pero que también se ha podido seguir por las redes de la edición andaluza de elDiario.es.

En este contexto, Isidoro Moreno, quiso demarcar qué se considera jóvenes, y los definió como “los que todavía no son plenos adultos”. Y qué se considera viejos. Aunque en su calidad de antropólogo explicó que todo esto se trata de un baremo que, lógicamente, cambia en cada persona, sobre todo porque “la edad solo indica las vueltas que la tierra ha dado al sol desde que nacimos”, y porque varía en función de las culturas: en occidente se habla de tercera edad, pero otras sociedades “tienen dos edades, o seis, o siete”.

La tiranía de la imagen

Uno de los temas a los que más tiempo se dedicó en la jornada fue el peso de la imagen. Coincidieron los cuatro en que el culto a la belleza está haciendo que muchas personas renuncien a su propia imagen, hasta la exageración, “y a veces te preguntas cómo era esa persona al principio”, lamentaba la más joven de la mesa contando su experiencia en Corea. Al tiempo, Koné calificaba de locura cómo la gente busca un estereotipo de belleza que no se corresponde con quiénes son. Para el profesor Moreno, el problema de este asunto radica en el individualismo social. Mucha gente se cree “el ombligo del mundo”.

Lo que quedó claro fue que la tiranía de la belleza recae en jóvenes y mayores por igual, sobre todo, en las mujeres. Noemí Álvarez contó que su propia abuela sufrió una rotura de cadera con 94 años, “y le horrorizaba coger un bastón o un carrito, porque se sentía como que ya era vieja del todo”. En su tarea dentro de la Fundación Harena explicó que ha escuchado a veces frases como: “yo antes era muy guapa, ahora no soy nada”. “Si se piensa eso, la autoestima sufre muchísimo en ciertas edades”, afirmó.

Estereotipos y etiquetas

Noemí Álvarez incidió en que hay cosas que le llaman la atención -en negativo- como que “a las personas mayores se les hable como a niños”. “A ellos les ofende y no me extraña”. Koné por su parte habló de las diferencias culturales y cómo le sorprendía que “ la juventud tratara a las personas mayores aquí, por ejemplo, sin dejarles el sitio en el autobús”. Marta Borrell abordó la parte de los “sanbenitos” con los que cargan los jóvenes como es el caso del “enganche con las redes sociales”. “Es verdad, estamos enganchados”, confesó Marta Borrell, pero rompió una lanza en favor de las nuevas tecnologías, y porque “estar pegado al móvil no significa no estar haciendo nada útil. Es un método de entretenimiento, a veces preferido a salir a la calle con un balón, pero las nuevas tecnologías, internet, son armas poderosas para aprender, para participar, para establecer conexiones”. Noemí Álvarez también partió una lanza por los jóvenes y su compromiso: “En nuestros programas hay jóvenes de quitarse el sombrero”.

Percepción política

La inquietud política se puso sobre la mesa: tanto el activismo de los mayores como la incertidumbre de los que van a votar por primera vez. Borrell, por ejemplo, explicó que es complicado definir si la gente de su edad está implicada en asuntos políticos, y cree que hay que convencer a sus más cercanos para que, por encima de la queja diaria, piensen que su voto es importante. Por su parte Moreno rememoró su compromiso político cuando era joven, explicando que ahora “es más difícil”. “En tiempos de la dictadura, estaba claro qué había que hacer en ese ámbito (”otra cosa eran las consecuencias“, puntualiza)”. Yossodio comentó la desafección política en su país donde “cuando se acerca el tiempo de los votos, ponen encima de la mesa todo, dinero o lo que haga falta para convencerte, pero cuando pasan las elecciones se olvidan de los prometido”.

Las conclusiones fueron muchas y muchos los temas que quedaron abiertos. Lo que sí quedó claro es la necesidad de establecer más diálogos intergeneracionales para implicar a unos y a otros en los problemas de generaciones que no son la suya. Si quieres ver la cita completa:

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