Los cineastas que rompen el “silencio climático”: “Se puede colar el mensaje sin dar la chapa”
Ventiladores, cantimploras, pieles húmedas, conversaciones sobre ecoansiedad, videojuegos de realidad virtual que recuerdan cómo era el mundo cuando el agua abundaba, menciones a la agresividad del sol y un suelo agrietado por la sequía. Hay algo irónicamente refrescante en Viva, la ópera prima de la actriz, guionista y, ahora, directora Aina Clotet: es una de las pocas ficciones audiovisuales españolas que nos muestran la realidad tal y como es, sin pasar por alto la emergencia climática en la que estamos inmersos.
Pese a que se trata solo del telón de fondo de una película que, en realidad, está pensada para ser ligera y luminosa, Clotet explica que en todos los coloquios le preguntan por el tema. Está ambientada en un futuro cercano, pero, asegura, por desgracia no está tan lejos de lo que ya estamos viviendo hoy.
Creo que todos llevamos unas vidas en las que muchas veces nos negamos las cosas más evidentes que nos están pasando
“Creo que genera como una sensación de realidad y de mirar las cosas de cara. Creo que todos llevamos unas vidas en las que muchas veces nos negamos las cosas más evidentes que nos están pasando, pero hacerlo es esencial, porque quizás a partir de ahí podemos empezar a intentar arreglar alguna cosa”, explica.
La ficción audiovisual, coinciden los expertos, es una herramienta fundamental en este sentido. Influye en cómo nos relacionamos con los demás y con el mundo que nos rodea; nos puede motivar —o no— a actuar al observar cómo actúan —o no— los personajes ante sus realidades; es eficaz a la hora de conseguir que abandonemos nuestras resistencias psicológicas; alcanza a perfiles poblacionales mucho más variados; y suele dejar más huella que los datos, los documentales o las noticias.
Sin embargo, hasta hace muy poco la sociedad ha estado relativamente huérfana de estos espejos. Solo el 8% de las películas más populares del período 2013-2017 hacían alguna mención al cambio climático, según el único análisis sistemático y a gran escala sobre este tema. A partir de entonces, se ha dado un aumento del 120%: el 17,6% de las películas más populares lanzadas entre 2018 y 2022 han mencionado —de puntillas o no— la crisis climática.
Pese a que el estudio señala la mejora, también enfatiza que solo en el 4% de los 250 filmes analizados se presenta como un “problema importante en términos de gravedad y/o urgencia”. Más disparatado aún, más de la mitad de las ficciones ambientadas parcial o totalmente en el futuro no presentaban ningún problema medioambiental.
Ser honestos con el presente
En España, la situación no es mejor —las ficciones audiovisuales que tratan este tema con cierto mimo son algo marcadamente residual—, pero hay algunas figuras que están abriendo camino (consciente o inconscientemente) para que este tipo de narrativas logren normalizarse en el país, como es el caso de Clotet.
“Siempre quisimos que la peli tuviera un marco de crisis que acompañara a la propia crisis de la protagonista. En un origen iba a ser el 15M, pero poco a poco fuimos sintiendo que no dialogaba lo suficiente y justo estábamos en plena escritura cuando se dio la sequía extrema en Catalunya. De golpe fue como: ‘Ostras, ¿qué pasa si subimos el volumen de esta realidad?”, rememora.
“Para mí la escena del chico que habla de que tiene ecoansiedad era muy importante, porque el largometraje deja de hablar solo de la protagonista, Nora, que está en crisis, y comienza a hablar a su vez de un mundo que también está en crisis y de una sociedad que está atravesada por la ansiedad, por una preocupación obvia que tenemos todos por el cambio climático y por una realidad cada vez más compleja”, cuenta.
El festival SUNCINE facilitará este año un espacio de debate sobre este tema en el Suncine Pro, un punto de encuentro destinado a la industria
Claudio Lauria, director de cine y fundador del Festival Internacional de Cine del Medio Ambiente, SUNCINE, ve muchas películas anualmente en su certamen, pero la mayoría son documentales. “Yo creo que durante décadas el cine documental ha ofrecido rigor, valentía y compromiso ante el tema ambiental, pero que ahora es el momento de que la ficción dé un paso adelante”, sostiene y adelanta en exclusiva a elDiario.es que ya están trabajando en facilitar un espacio de debate sobre este tema en el Suncine Pro de este año, un punto de encuentro destinado a la industria que se celebrará en octubre.
El reto de entretener con la crisis climática
Un director que está deliberadamente comprometido con esta “tarea pendiente” es Daniel Martín Sáez de Parayuelo, creador de la serie de Amazon Prime Punto Nemo (2025). “Para mí es el gran tema de estos momentos. Creo que se tiene que hablar de ello en todos los lugares que se pueda, porque estamos atravesando algo sin precedentes y hay corrientes que están intentando embarrar la evidencia a base de bulos”, asegura.
Punto Nemo cuenta la historia de los miembros de una expedición oceanográfica —formada por científicos y la Armada Española— que se embarcan en un buque para investigar y concienciar al mundo de los problemas de la isla de plástico localizada en el Pacífico Sur, pero acaban en una isla llena de misterios situada en los confines del planeta, el llamado “Punto Nemo”. Entre las actrices y actores que la protagonizan se encuentran Alba Flores, Maxi Iglesias o Najwa Nimri.
Al menos cuatro de los once personajes principales tienen un discurso que deja entrever una alta conciencia y preocupación por el estado del mundo, con diálogos como:
— Vivamos como si fuésemos a morir mañana, ¿no?
—No exactamente. Vivamos como si fuésemos a morir mañana y cuidemos la vida como si fuésemos a vivir para siempre.
Sáez de Parayuelo buscaba, entre otras cosas, “introducir diferentes puntos de vista sobre el tema medioambiental” para vertebrar un debate sobre ello dentro de la historia. De esta forma, algunos personajes tienen una visión más pesimista y otros aportan más luz.
Pero la serie no pierde de vista que también tiene que entretener: “Yo creo que a través del entretenimiento sí se puede lograr colocar el mensaje de ‘cuidemos un poquito esto’ pero sin dar la chapa y sin que parezca un panfleto”.
Salir de las viejas narrativas
Elisa Puerto Aubel, guionista, directora, asesora de guiones para plataformas de streaming como Netflix, y creadora de cortometrajes como La Antesala (2022) anima a salir de las viejas narrativas. “Me di cuenta de que prácticamente ningún tipo de película que no fuera un poco naíf me daba ejemplos de cómo encarar el futuro de manera un poquito más esperanzadora y esto me pareció una irresponsabilidad enorme. Pensé que cualquier persona que esté en la industria debe hacer un esfuerzo y reflexionar sobre esto”, asegura.
Es una de las profesionales que imparten el curso Another narrativas, impulsado por Another Way Film Festival, un ciclo de cine sobre progreso sostenible creado por la cineasta Marta García Larriu. Es una propuesta formativa que busca estimular a guionistas para construir narrativas que se hagan cargo del reto de la crisis climática.
Puede haber otro tipo de futuros que no sean solo Mad Max
“Nos hemos acostumbrado a un solo tipo de narrativa que nos está llevando al desastre”, afirma. Según Puerto Aubel, el relato imperante ha tendido a ser el de: una única persona o un único grupo de personas tiene entre sus manos la salvación de la humanidad ante un clima extremo, que actúa como la fuerza antagonista, y que cae de la nada, ante el que nadie tiene la culpa.
Las nuevas narrativas, por tanto, buscan introducir el matiz de que la emergencia climática no ha caído de la nada, de que la comunidad sí tiene agencia para tratar de influir en su propio futuro, y de que, incluso ante la adversidad, se pueden encontrar maneras de ser resilientes. “Puede haber otro tipo de futuros que no sean solo Mad Max”, dice.
Y aclara que no hace falta que todas sean historias profundas. “También pueden ser comedias románticas que nos hagan sentir bien un domingo por la tarde, como ocurre en Una navidad ex-cepcional (2025), que funcionó muy bien”, explica. Como expresa uno de los mayores expertos en el tema, Matthew Schneider-Mayerson, no se necesita una sola historia perfecta sobre el clima, sino un “torrente de relatos que nos recuerden la importancia del cambio climático de diversas maneras”.
La primera ficción medioambiental de España
Una de las películas españolas que logran acercarse parcialmente a la visión que las nuevas narrativas plantean es, paradójicamente, la película de ficción sobre el cambio climático más antigua del país, Cenizas del cielo (2008).
Pone los pelos de punta escuchar hoy a su protagonista, Federico, diciendo frases como “aquí nadie mueve un dedo, pero ya se quejarán, ya, cuando se confunda el invierno con el verano”. José Antonio Quirós, su director, explica que la parte de realidad de la película es la de Ernesto, un hombre que vivía a unos tres kilómetros de la térmica de Soto de Ribera en el valle asturiano de Ribera de Arriba y que luchó durante años contra ella.
No fui consciente de que estaba haciendo una película medioambiental, pero tuvo mucho impacto en países como Alemania
“En un cuarto, tenía, no exagero, cerca de dos mil periódicos con todo lo que tenía que ver con referencias a esta central y llevaba las lechugas de la huerta, que estaban en mal estado debido a la contaminación, a los organismos competentes. Me llegó hasta el fondo. Falleció hace unos meses con ochenta y tantos años”, cuenta.
Fue pionero sin saberlo: “No fui consciente de que estaba haciendo una película medioambiental, pero tuvo mucho impacto en países como Alemania, en los que generó debates al respecto muy interesantes. En España parece que no era el momento, pero después se ha ido descubriendo poco a poco con los años”, explica.
La película climática que ganó un Goya
El director de cine David Baute, por su parte, se propuso crear la película de animación Mariposas negras (2023), disponible en RTVE, tras lanzar su documental Climate Exodus (2020), que sigue la historia real de tres mujeres de Kenia, India, y de San Martín, una isla del Caribe, que lo perdieron todo a causa del cambio climático.
“Hicimos un seguimiento a las familias hasta el momento en el que tenían que partir, y con ese material lanzamos el documental, pero después de su estreno nos seguían informando, y vimos que la situación era incluso peor tras tener que emigrar”, cuenta el también director del Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias.
Elegí la animación, en parte, porque sentí que era una historia de emergencia que debería llegar a mucha gente
Fue ahí cuando decidieron utilizar la animación como un recurso para poder contar esa segunda parte que no tenían filmada. “Elegí la animación, en parte, porque sentí que era una historia de emergencia que debería llegar a mucha gente. La animación tiene ese potencial”, explica.
En el filme se explora la realidad del refugiado climático, una figura que aún no está reconocida legalmente por la ONU, y que deja desprotegidas a millones de personas. “Me quedé sin casa tres veces, mis vecinos murieron ahogados, mi marido va a perder una pierna. Nos echa el clima de nuestro país. [...] Claro que existen [los refugiados climáticos], míreme”, dice una de las protagonistas al tratar de pedir asilo.
“Tuvimos la suerte de conseguir una racha de premios muy bonita, entre ellos el Goya, el Gaudí y el Quirino y acabamos con la película en Naciones Unidas. Los funcionarios la agradecieron mucho, pero parecía que sus gobernantes no estaban por la labor”, cuenta Baute. “Uno cuando hace cine a veces también lo hace pensando en que eso pueda ayudar de alguna manera. Creo que esta película tiene ese potencial”, dice.
Volver a mirar de frente el futuro
Para Elisa Puerto Aubel es importante que nos preguntemos qué tipo de historias nos apetece ver para volver a sentir algún tipo de esperanza, y que las exijamos. “Pienso mucho en los hijos de mis amigos y me pongo en su lugar. Si fuese ellos, ¿qué historias querría escuchar para saber qué hacer con este planeta que me están dejando estos inconscientes? Seguramente aquellas que me den pistas sobre por dónde podemos ir, sobre qué podemos hacer. Toxic Town (2025) creo que es un buen ejemplo”, apunta.
Claudio Lauria, por su parte, recuerda que “el cine, ya lo sabemos, no cambia el mundo por sí solo, pero lo que sí puede hacer es cambiar a las personas. Y son las personas las que al final cambian al mundo”.