¿Qué nos hace seres humanos?
Cuando escucho a la gente cuyo pensamiento me inspira suele terminar apareciendo el termino re-humanización. José Luis Cañas lo resume así de sencillo: « Si identificamos la deshumanización con la pérdida del sentido de la vida concluimos que la recuperación del sentido de la vida coincide con un proceso de rehumanización». Y en eso estamos embarcados aún sin saberlo.
Hace décadas Frantz Fanon nos enseñó que el colonizador determina los diferentes grados de humanidad, cuánto se acerca el colonizado al ser humano ideal que, obviamente, en la época de los grandes imperialismos, se trataba de un hombre blanco, ilustrado, capitalista, de cultura cristiana y heterosexual, entre otros elementos. Todo lo que no encajaba en ese estrechísimo molde era considerado no humano o subhumano y, en caso de querer ser tratado como humano debía asimilarse al modelo colonial.
En el siglo XXI hemos deshumanizado no solo a muchos más otros que nunca, sino que esa deshumanización —radical, industrial, masiva— ha terminado por socavar incluso el sentido de la vida de aquellos que determinaban quien era suficientemente humano para tener derechos, quien podía ser considerado un igual. En los tiempos del neoliberalismo —ese que ahora agoniza al ritmo del anarcocapitalismo— a los derechos sociales se accedía en este lado del mundo a través del empleo. Las y los desempleados de larga duración, las personas mayores ya en edad “no activa”, las personas con discapacidades importantes o las infancias entraban en una categoría extraña de sub-humanización, una especie de zombis que, en el caso de las infancias, debían ser tutelados hasta adquirir la plenitud de su humanidad (laboral, claro está) y que en el caso del resto de seres no productivos o poco productivos (desde el punto de vista laboral, claro está) debían ser gestionados como residuos para ver qué se podía “aprovechar” de ellos y ellas.
Esta forma de gestionar la humanidad fue fruto de la colonización interna. Porque, eso no nos lo contaron, para expandir el imperio en el afuera, había que colonizar también a la población propia. Colonizar no es más que clasificar, ordenar el mundo según una jerarquía deshumanizante a mayor beneficio de unos poquitos.
Pero, aunque tarde, nos hemos dado cuenta. Y, como me decía hace unos días Fernando Gómez Aguilera —ese cántabro tan desconocido en la tierra pero tan importante en el tejer de voluntades—, cada vez más personas pensantes encuentran en la rehumanización la tarea fundamental para dejar un futuro posible diferente a este presente distópico.
La clave estará en determinar qué nos hace seres humanos, que nos permite mirar al otro y a la otra como equivalentes, aunque no coincidamos en muchos de nuestros pensamientos. Una de las claves la apuntó ya en 1902 Piotr Kropotkin cuando, en El apoyo mutuo, nos ayudó a entender que nuestra especie se diferencia de otras en que progresa cuando nos ayudamos, cuando cuidamos de quien lo necesita, cuando la debilidad no es un problema, sino una constancia. Todas y todos somos débiles, todas y todos necesitamos ayuda, todos y todas necesitamos de los otros y las otras. Esa dependencia que, por culpa de las leyes y de algunos expertos, parece un problema, es lo contrario: esa dependencia quizá es lo que nos haga humanos y humanas.
No hay una respuesta simple a la pregunta que encabeza este texto, pero es que las respuestas cortas suelen tener trampa. Las preguntas nos ayudan a complejizar la vida, a dudar de nuestros imaginarios, nos empujan a lugares insospechados en donde rehumanizarnos casi sin darnos cuenta. Lo que sí me parece evidente es que la humanidad no la puede determinar nadie desde fuera (ni un comité de expertos ni un partido político), seremos nosotras las que le demos un nuevo contenido que, quizá, no sea innovador, pero que, desde luego, es necesario.
Sobre este blog
Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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