El Papa confirma su apoyo al cardenal Cobo frente al sector rigorista de la Iglesia española
Ha sido vapuleado por la ultraderecha política y religiosa, acusado de ‘traidor’ por acordar (en realidad, como adelantó elDiario.es, lo hizo el secretario de Estado, Pietro Parolin) la resignificación del Valle de Cuelgamuros. Se han filtrado conversaciones, se le han hecho varios escraches, se ha hurgado en sus amistades… Sin embargo, el cardenal de Madrid, José Cobo, ha encontrado un aliado poderoso en la figura del mismísimo Papa de Roma, quien lo acaba de confirmar como su hombre de presente, y de futuro, para la Iglesia española.
De hecho, fue Cobo, y no el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello (Cobo, aun siendo junto a Omella, que cumple 80 años el 21 de abril, el único cardenal en activo en una diócesis española, solo es vicepresidente), quien anunció el pasado 9 de enero –un día después del acuerdo Iglesia-Gobierno para indemnizar a las víctimas de la pederastia, que espera el desarrollo y el mandato al Defensor del Pueblo– que León XIV visitaría España el próximo mes de junio.
Un Prevost que también ha confirmado a Cobo como miembro del dicasterio de Obispos (la ‘fábrica’ para el nombramiento de futuros prelados), y que designó al arzobispo de Madrid al frente de uno de los grupos de debate en el reciente consistorio extraordinario de cardenales. Cobo, además, coordina el estudio de la reforma de los seminarios en el proceso sinodal en el que está embarcada la Iglesia. Pero, sobre todo, Cobo es el hombre en quien León XIV confía para –como antes hizo Francisco– reformar el rostro de la Iglesia española. Y sabedor de que precisaba un gesto de cara al interior de la misma, el Papa escribió una carta pastoral para el CONVIVIUM, un macro encuentro que reunió la pasada semana en Madrid a más de 1.300 sacerdotes, para redefinir la misión, y el estilo, de los clérigos españoles.
“No es el momento del repliegue”
En su carta, mucho más que un saludo, Prevost recordó a los curas que “no es el momento del repliegue ni de la resignación”. En un evidente toque de atención a los rigoristas, el Papa analizó la realidad actual, marcada por “procesos avanzados de secularización, una creciente polarización en el discurso público y la tendencia a reducir la complejidad de la persona humana, interpretándola desde ideologías o categorías parciales e insuficientes”.
Así, León XIV advirtió que “la fe corre el riesgo de ser instrumentalizada, banalizada o relegada al ámbito de lo irrelevante, mientras se afianzan formas de convivencia que prescinden de toda referencia trascendente”.
Frente a ello, el Papa propuso al clero de Madrid (y, por extensión, al del resto de España), “fraternidad, unidad y armonía” frente a las divisiones ideológicas. “Se va perfilando así qué tipo de sacerdotes necesita Madrid —y la Iglesia entera— en este tiempo. Ciertamente no hombres definidos por la multiplicación de tareas o por la presión de los resultados”, sino hombres que viven en “una casa que acoge, que protege y que no abandona”.
No a los polarizadores, “francotiradores del Evangelio”
Un perfil que trazó, posteriormente, el propio Cobo. “No somos francotiradores del evangelio”, en una Iglesia donde la polarización “también se cuela en la Iglesia y puede convertirnos en rivales o competidores”.
En definitiva, más sinodalidad, más fraternidad, más “armonía” (como dijo el Papa) y menos “recelos e ideologías” que “debilitan la comunión”, señalaron tanto Cobo como León XIV, con dardos incluidos a aquellos (clero y susurradores del clero) que escriben (o filtran) “relatos que nos quieren imponer una percepción distorsionada de lo que es la Iglesia y de lo que somos los sacerdotes”. Los ejes de una Iglesia, la española, que parece empezar a trazar Prevost de la mano de Cobo, y que vivirá su momento culminante entre el 6 y 12 de junio cuando –si nada lo evita– el Papa visite Madrid, Barcelona y Canarias.
Toda la información en www.religiondigital.org