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El presidente de los obispos revienta la buena sintonía del Gobierno y la Iglesia: “Se ha cargado el discurso del Papa”

Jesús Bastante

en religiondigital.com —
10 de julio de 2026 22:05 h

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“Es incomprensible. Hasta él mismo debió darse cuenta”. Uno de los presentes, este jueves, en la sede de la Fundación Pablo VI, que escuchó en directo las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, llamando “banda de ladrones” al Gobierno, revela el momento de silencio “incómodo” que se generó en la sala. El líder de los obispos españoles lanzó un misil a la línea de flotación de las relaciones Iglesia-Estado, justo un mes después de la histórica visita de León XIV a España, que había generado una inusual buena sintonía entre el episcopado y el Ejecutivo, ahora en serio riesgo.

“Cuando un Estado olvida la ética, se convierte en una banda de ladrones y a las pruebas me remito”, dijo, explícitamente, Argüello, que este viernes ha negado que se refiriera al Gobierno, aunque aprovechó para dejar otro recado: “Cada uno verá por qué se siente aludido”.

La sensación el jueves, fue que Argüello trató de suavizar su mensaje. “Tras decir lo de 'a las pruebas me remito', se detuvo y nos miró. Paró unos segundos y trató de matizar”, recuerda esta fuente consultada por elDiario.es. Entonces, añadió: “Me miro a mí y os miro a vosotros. Si hemos hecho trampas en la declaración de la renta o pedimos una factura en negro... ¿cómo le vas a exigir a tus representantes públicos?”.

Pero ya era tarde. “El mal ya estaba hecho”, apuntan fuentes episcopales, que muestran su malestar ante la enésima salida de tono de su presidente. “Ya tuvimos un serio problema con la pederastia y ni te cuento cuando pidió elecciones anticipadas”, señala un arzobispo, que lamenta que las palabras de Argüello “se han cargado el espíritu del histórico discurso de León XIV en el Congreso”.

La respuesta del Gobierno no se hizo esperar. Como adelantó elDiario.es, el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, envió esa misma tarde una carta al presidente de los obispos, por esas declaraciones que consideró “ofensivas, tanto desde el punto de vista personal como institucional”.

“¿Qué le parecería si un miembro del Gobierno calificase a la Iglesia entera como 'banda de agresores sexuales, a las pruebas me remito'?”, contestó Bolaños a Argüello, instándole a que las relaciones estén “marcadas por la moderación, el respeto y la justicia en lugar de por la exageración y el partidismo en favor de las fuerzas de la derecha y la ultraderecha”.

La carta del ministro finalizaba con unas palabras de León XIV en su discurso al Congreso, en las que el Papa recordaba que “quienes ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje”, y una llamada a Argüello a “reconducir sus declaraciones públicas”, para que “sean más respetuosas con el conjunto de la sociedad y sus representantes públicos”.

No ha sido el único miembro del Gobierno en mostrar su malestar. La ministra de Defensa, y católica confesa, Margarita Robles, lamentaba, en una entrevista en la Cadena Ser, la diatriba del presidente de la CEE: “Es absolutamente inaceptable; creo que es totalmente contrario al propio mensaje que hizo el papa. Me parece que la Iglesia Católica tiene una enorme responsabilidad y espero que se disculpe adecuadamente”, señalaba.

La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, ha acusado al presidente de la Conferencia Episcopal de ser “un colaborador de Vox”.

Argüello, por su parte, ha admitido que “a la hora de poner los ejemplos en un aula, en un intercambio, uno puede ser más o menos afortunado en las expresiones, pero en la cuestión de fondo es hacer un llamamiento a la responsabilidad de todos”. El presidente de los obispos ha lamentado también que se hubiera hecho pública la carta de Bolaños, “que debería ser privada”. “A mí siempre me alegra que podamos dialogar; lo que me extraña siempre de las cartas es que lleguen antes a los medios de comunicación que al destinatario”, insistió sobre la respuesta del Gobierno a sus declaraciones públicas.

Aunque no habrá disculpas, durante la tarde del jueves ya hubo un intercambio de comunicaciones informales entre interlocutores en las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno, para tratar de matizar las palabras de Argüello. El argumento para suavizar el tono es que se produjeron en el transcurso de un discurso “sin papeles”, dirigido “al ámbito de lo general”.

Pese a ese “ámbito de lo general”, Argüello también cargó contra la prohibición de las terapias de conversión, las leyes LGTBI, el aborto o la eutanasia.

Esos contactos informales han tratado también de asegurar la agenda de temas a abordar tras la visita de León XIV a España, que se había ampliado a los acuerdos por la regularización extraordinaria de migrantes, las ayudas a las ONG que trabajan contra la pobreza o la búsqueda de soluciones definitivas para cumplir con la Ley de Memoria Democrática y lograr que los benedictinos desistan de su demanda contra la resignificación de Cuelgamuros.

“Da la sensación de que, siempre que el Gobierno está contra las cuerdas, hay alguna declaración de nuestro lado que le da oxígeno”, apunta un obispo, que recuerda otras “desafortunadas perlas”, tanto del presidente de la CEE como de su secretario respecto a la actuación del Gobierno o la lucha contra la pederastia, uno de los puntos en los que, con mucha dificultad, se logró alcanzar un acuerdo entre la Iglesia y el Estado.

En todo caso, y aunque ambas partes confirman la buena voluntad para seguir negociando los temas pendientes, lo cierto es que las palabras de Argüello han provocado, además de indignación, tristeza. “Es como si no hubiéramos escuchado nada de lo que nos dijo el Papa”, lamenta un influyente prelado. “A veces da la sensación de que nos hemos quedado en los fuegos artificiales y lo bien que salió todo, y no en los mensajes para ‘desarmar el lenguaje’”, apunta otro, con la mirada puesta en un más que previsible regreso de León XIV, en 2027, a nuestro país, dentro de un viaje que podría llevarle al santuario portugués de Fátima, a Compostela, Zaragoza y, quizás, a Gernica. Un viaje complicado de organizar, especialmente, por el previsible calendario electoral que tendrá nuestro país el año próximo.

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