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La saturación de la Atención Primaria amenaza con dejar sin control casos de la sexta ola

Una enfermera en el centro de salud Ángela Uriarte de Vallecas (Madrid).

Raúl Rejón / Marta Borraz

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La saturación que padece la Atención Primaria supone un riesgo añadido al control de la pandemia: casos positivos de la sexta ola de COVID-19 en España pueden estar quedando fuera del control sanitario, pasando por debajo del radar ante la dificultad de acceso a la red de medicina comunitaria, sobrecargada e infradotada, según reiteran los sanitarios.

“Me contagié el 10 de diciembre y pude contactar con el centro de salud el 15. Me han dado cita para una prueba de antígenos para el 20 de diciembre”, explica Juan, madrileño de 33 años. Habrán pasado, al menos, diez días desde que contactó con el virus “en una reunión a la que todos fuimos con test previo negativo”. La tenacidad de Juan, que sí ha desarrollado síntomas, ha sido lo que permitirá que su positivo tenga la oportunidad de contabilizarse. “Si doy positivo en antígenos me harán una PCR, dicen”.

La actual onda de contagios avanza a toda velocidad. Solo el 15 de diciembre se contabilizaron más de 17.000 casos. Tres veces la cifra de hace justo un año. Ese volumen está sobrecargando, aún más, un sistema de Atención Primaria (que aguanta gran parte de la gestión de la pandemia) ya cogido con pinzas.

La dificultad para ser atendido es lo que genera el riesgo de que un caso pase inadvertido. “Con este aumento de incidencia se están resintiendo especialmente los servicios que hacen atención COVID”, explica Amaia Mayor, del sindicato de enfermería SATSE en Euskadi. “Primero el rastreo, ya que a principios de octubre se desmantelaron servicios y con ese 'redimensionamiento', como lo han llamado, se pasó de 300 a 50 profesionales, que ahora se han encontrado con un volumen de llamadas muy importante”.

Me contagié el 10 de diciembre y pude contactar con el centro de salud el 15. Me han dado cita para una prueba de antígenos para el 20 de diciembre

En Euskadi la incidencia acumulada está en más de 1.000 casos (más del doble de la media nacional). Es cierto que allí se están haciendo muchas pruebas, unas 3.000 por cada 100.000 habitantes, lo que está bastante por encima del promedio español de 2.100. La positividad es del 15,9%.

Con todo, Mayor coloca el foco de peligro con este aluvión de infecciones en la red de Primaria: “Se les ha unido la gestión de casos, de contactos y seguimiento de positivos con la vacunación de niños y, encima, la ciudadanía se enfada por las esperas. El panorama es malo y el personal sanitario está muy cansado”, remata.

Odisea para conseguir cita

“La sexta ola está llenando las salas de espera de los centros de salud y las unidades de gestión de COVID están infradotadas, desbordadas y sobrecargadas”, explica Mar Noguerol, directora de un centro de salud en Fuenlabrada (Madrid). “Los positivos que no podamos detectar porque no damos abasto se quedan fuera”, insiste.

En la Comunidad de Madrid la incidencia está en unos 390 casos, por debajo de la media de España. También se están haciendo menos pruebas que el promedio: 1.800 por cada 100.000 habitantes. La positividad es del 8%. Muchos testimonios narran estos días auténticas odiseas para lograr contactar con los centros de salud. En muchos casos, tanto la confirmación de contagios previamente diagnosticados con test de farmacia en casa como el rastreo a quienes han sido los contactos estrechos de un positivo pasa por una suerte de autogestión ante la saturación del sistema.

A Patricia le queda poco para terminar su autoaislamiento: el sábado cumple diez días desde su contagio. Sabe que se infectó porque dio positivo en un test de farmacia, pero no consta en los registros oficiales. Tras hablar con su centro de salud en Madrid, donde le dijeron que le contactarían, nunca más recibió una llamada para confirmar su caso con prueba. Ella insistió hasta que una doctora le aclaró que “el test de farmacia es fiable”. “Haz la cuarentena”, le recomendó, al tiempo que se justificaba: “Estamos saturados”.

Los positivos que no podamos detectar porque no damos a basto se quedan fuera

Mar Noguerol Directora de centro de salud en la Comunidad de Madrid

Alexandra, a pesar de haber estado con un positivo el pasado viernes día 10, aún no ha tenido cita ni con su médica ni con su enfermera del centro de salud en un barrio de la ciudad de Madrid. Decidió aislarse y se hizo un test de farmacia, pero dio negativo aunque se encontraba “rara”.

“Intenté varias veces ponerme en contacto con el ambulatorio, llamé siete veces, pero fue imposible”, asegura. Preguntando a sus conocidas le comentaron que en las urgencias hospitalarias le harían una PCR si acudía contando que había sido contacto estrecho de un positivo.

“Lo hice como último recurso y allí en cuestión de una hora me hicieron la prueba, en seis horas tuve el resultado. Positivo”, cuenta Alexandra. Ante la confirmación del diagnóstico, la joven ha intentado solicitar cita con su médica de cabecera para que le haga seguimiento, pero el primer hueco libre es el próximo miércoles 22 de diciembre, a un día de terminar su aislamiento. “Todo pinta a que voy a acabar mi confinamiento sin haber hablado con un médico”, lamenta.

“Es muy preocupante”, analiza Concha Herranz, que dirige un centro de salud en la capital. Herranz teme que esta circunstancia haga que se pierdan casos y sospechas y dificulte el rastreo de contagios. Y pide que “los contactos y sintomáticos se aíslen, aunque no logren acceder al sistema. Nos toca de nuevo pedir responsabilidad personal sin poner responsabilidad institucional”.

Esfuerzo para llegar a todo

“Es cierto que tenemos más sobrecarga con esta sexta ola”, admite Jaume Sellarès, médico de Primaria en Barcelona. “Hay más casos, más contactos, más pruebas que realizar... hace un par de semanas estábamos haciendo 15 o 20 PCR al día y ahora vamos por las 100 o 150 diarias”. Pero cree que, gracias a este esfuerzo, “no se está infravalorando la incidencia”. En Catalunya rondan los 480 casos por 100.000 habitantes, según los informes de Sanidad. Su tasa de pruebas es alta: 3.300 pruebas con una positividad del 10,9%.

“No creo que no estemos detectando”, coincide otra sanitaria de Primaria catalana. “Estamos a tope y tenemos una proporción de positivos importante”, analiza para, además, añadir: “Hay mucho volumen, la gente está consultando mucho incluso con síntomas leves y con el test de farmacia ya hecho. Creo que hay muchos nervios por el tema de la llegada de la Navidad”.

Sellarès cuenta que “claro que se nota que somos los mismos o menos profesionales. Y nos toca priorizar para intentar que no se pierda nada importante. No ayuda que tengamos que atender la burocracia, por ejemplo, del pasaporte COVID”. Esta queja sobre el certificado de vacunación también salta en Madrid, según ha manifestado la organización AP-Se mueve: “Las colas para el pasaporte COVID dificultan la entrada en el centro de salud de pacientes con otros motivos de consulta”.

La Sociedad de Medicina Familiar en la Comunitat Valenciana explica que la incidencia alta está haciéndose notar en las localidades más afectadas. Para intentar que no se queden fuera casos, insisten, “se hacen horas extras cada día para poder dar respuesta a las necesidades de pruebas y rastreo”. Y repiten el problema que supone para esto “que parte del personal se haya destinado a la vacunación de la gripe y los escolares”.

Hace poco más de un mes, las sociedades científicas, sindicatos y asociaciones de Atención Primaria a nivel nacional advirtieron de que “la saturación de los centros de salud por el exceso de actividad por la pandemia” no debía servir de excusa para que las administraciones “limiten el acceso a los centros de salud y a la atención sanitaria poniendo barreras físicas o funcionales”. Y todavía no había llegado el pico actual.

Reportaje elaborado con información de Iker Rioja y Carlos Navarro Castelló

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