CRÓNICA | Casado prueba con su última idea: ni franquismo ni antifranquismo
Con tanta disquisición hecha en términos mayestáticos sobre ley, Estado, democracia y justicia, a Pablo Casado se le ha hecho un nudo en la cabeza. Para el debate del miércoles en el Congreso, pilló el diccionario de citas y copió frases de Unamuno y Churchill, que es lo que haría cualquier estudiante con prisas y pocas ideas originales. “Me duele España”, empezó diciendo, una sentencia sobre un momento dramático de la historia del país que ya se suele emplear como chiste en tiempos contemporáneos. Se enfrentaba a Pedro Sánchez como líder de la oposición, pero en realidad estaba mirando a Santiago Abascal, marcándole de forma estrecha, esperando que el líder de Vox sólo pudiera alcanzarle en nivel de rencor y furia, pero no superarle.
La comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso para hablar de los indultos a los presos del procés y de la última cumbre de la UE –nadie mencionó lo segundo, excepto el presidente– sólo iba a ofrecer una reiteración de las argumentaciones escuchadas a los políticos en los últimos meses. Eso era previsible. El Parlamento es una cámara de resonancia de todo lo que se dice y hace fuera de ella. En el caso de Casado y Abascal, es el escenario de una competición permanente entre ambos para ver quién es más español, quién defiende más a España, quién es más duro contra los enemigos de España. El nacionalismo es una amante muy exigente.