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El duelo aplazado: las consecuencias de vivir sin el último adiós arrebatado por el coronavirus
El coronavirus ha atravesado las muertes de todos, incluso de los que no han muerto por COVID. Las condiciones han ido variando a lo largo de la pandemia pero han sido muchos meses de restricciones en los que los rituales funerarios se han visto alterados y restringidos y en los que en muchos casos –en especial en enfermos de COVID-19– no ha habido despedidas, tan solo vacío. Durante el pico de la pandemia, no más de tres personas podían asistir a la inhumación o cremación. En la primera fase de la desescalada el grupo se aumentó a diez; en la fase 2, ya en verano, hasta quince personas y en la tercera, hasta 25, pero manteniendo una distancia de metro y medio entre ellos. “Esos momentos han provocado un impacto emocional tremendo en las personas dolientes”, asegura el psicólogo especializado en duelo Vicente Prieto.
Escribe Elena Cabrera.