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Qué tiene que ver la corriente en chorro y el cambio climático con el tren de borrascas que azota España

En apenas cinco semanas, España ha enfrentado seis borrascas de alto impacto, cada una con su nombre propio. La actual, Leonardo, ha provocado miles de evacuados, desbordamientos y cortes de carreteras. Lo inusual de la situación tiene una cifra fácil de entender: en enero llovieron de media 119 l/m² cuando lo normal son 64 l/m². Un 85% más que el promedio. Se ha tratado del enero más lluvioso en un cuarto de siglo.

Los meteorólogos están explicando que el tren de borrascas intensas que barre la península ibérica está llegando transportado por la corriente en chorro (la jet stream). El portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), Rubén del Campo, detalla que “el anticiclón de las Azores no se encuentra en su posición habitual”. “Esa alta presión está en latitudes muy al norte –entre Groenlandia y Escandinavia– en la zona que siguen las borrascas atlánticas generalmente en su circulación desde América del norte a Europa. Esa ruta está ahora bloqueada y la corriente en chorro circula más al sur de lo habitual con lo que los frentes impactan en el sureste de Europa”.

La corriente en chorro es un flujo de aire alrededor del hemisferio norte del planeta que suele contener el aire frío más cerca del polo norte, pero, según los científicos ya no lo hace tanto: está débil. Y una de las causas es que el Ártico está recalentado por el exagerado efecto invernadero sobre el planeta que causan las emisiones masivas de COâ‚‚.

Del Campo afirma que “es más complicado saber por qué el anticiclón está ahí, puede ser por ese debilitamiento de la corriente, pero las causas son múltiples y hay que investigar más”. Con todo, reitera que este volumen de lluvias “es extraordinario”. Y que “no es normal” que una masa de aire tan húmeda impacte en España en invierno. “En eso sí es verdad que océanos más cálidos, que pueden evaporar más fácilmente, y una atmósfera más cálida, que acoge más agua, terminan por formar un caldo de cultivo para que las lluvias sean más abundantes y más intensas”.

La alteración de la corriente en chorro es una de las expresiones de lo que está provocando el incremento de las temperaturas por las emisiones de gases de efecto invernadero

“Los mapas meteorológicos están mostrando que la corriente en chorro está muy curvada, lo que induce a que tengamos repetidos episodios de frío”, explica el geólogo del Instituto de Geociencias de Barcelona (GEO3BCN), Santiago Giralt. El investigador, que ha comprobado este fenómeno desde Groenlandia, continúa: “Entre curva y curva de la corriente se sitúa un anticiclón de forma estacionaria sobre las islas británicas y ese anticiclón hace de bloqueo y obliga al tren de borrascas a pasar más al sur de lo que le tocaría. De ahí, que tengamos tantas borrascas seguidas”.

Tantas como seis desde que comenzó 2026: Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin y, ahora, Leonardo. De hecho, desde que comenzó la temporada de borrascas de alto impacto en octubre pasado –las que llevan nombre propio para favorecer la prevención ciudadana–, ya han pasado 12, es decir, la mitad de la lista preparada por los servicios meteorológicos del Grupo Suroeste Europeo.

La cuestión es que cuando la diferencia de temperaturas entre el polo norte y el ecuador es grande, esa corriente es sólida, pero si ese gradiente entre norte y sur mengua, porque en el Ártico hace menos frío debido al calentamiento global del planeta –que es más acusado en el polo–, la misma corriente se debilita, es más floja. La línea ya no es recta (como una cuerda tensa), sino que hay ondulaciones hacia arriba y hacia abajo (como una cuerda más floja).

En esas oscilaciones, el aire se enfría en el norte, baja hacia el sur y se vuelve más cálido... y en esas curvas entran las borrascas y se paralizan los anticiclones que bloquean las borrascas. “Lo normal para esta época del año sería que ese tren pasase por encima de las islas británicas”, comenta Giralt, pero ahí, el anticiclón de la parte baja de la curva de la corriente en chorro está empujando las lluvias hacia la península ibérica. Una detrás de la otra.

Los negacionistas no dejan pasar una oportunidad

Es un fenómeno similar al que provocó temperaturas inusualmente bajas en junio de 2024 –tuvo una media de 0,2ºC por debajo de su promedio histórico–. O el que ha derivado en picos muy fríos en EEUU este enero pasado. La corriente en chorro ondula y masas de aire ártico (que no dejan de ser muy fríos, aunque la zona se caliente para sus parámetros) alcanzan latitudes más al sur. Tanto en el caso de aquel junio de hace dos años como el norteamericano de 2026, han servido para alimentar los discursos negacionistas del cambio climático.

Sin ir más lejos, el gran promotor de bulos negacionistas en la actualidad, el presidente de EEUU, Donald Trump, aprovechó la situación de emergencia en muchos estados de su país y de muchos de sus compatriotas, para alimentar ese falso discurso y bromear: “¿Pueden los insurreccionistas medioambientales explicar qué ha ocurrido con el calentamiento global?”

De todas maneras, estas ondulaciones son las que están detrás de cierto caos climático. “La alteración de la corriente en chorro es una de las expresiones de lo que está provocando el incremento de las temperaturas por las emisiones de gases de efecto invernadero” recuerda Giralt. “La base del problema –añade– son las emisiones y el consecuente incremento de las temperaturas. El resto son consecuencias”.