Fue enterrada sin nombre y no tuvo inscripción hasta un siglo después: la mente que forjó a Oscar Wilde entre letras, revolución y feminismo

Retrato de la poetisa Lady Jane Wilde, obra de Bernard Mulrenin, 1864.

Andrea Blez

12 de julio de 2026 13:46 h

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Oscar Wilde es uno de los poetas y dramaturgos más célebres de Irlanda y la literatura en general, con obras como ‘El retrato de Dorian Gray’. Lo que pocos conocen, como suele suceder, es que su carrera se debe a su madre, que fue la que le inculcó las letras y le hizo crecer en un entorno que desarrolló sus actitudes.

A pesar de todo ello, Jane Wilde, poeta y escritora, fue también una mujer del siglo XIX que escribía bajo seudónimo, que tuvo que vivir penurias económicas en su matrimonio y que incluso se la enterró sin nombre, y que tuvo que esperar un siglo hasta que se incluyó en la placa en la tumba de su marido. En 1996 fue cuando se incluyó una inscripción que decía: “Speranza de la Nación, escritora, traductora, poeta y nacionalista, autora de obras sobre el folclore irlandés, defensora temprana de la igualdad de las mujeres y fundadora de un importante salón literario”.

Autodidacta, revolucionaria y feminista

Jane Wilde nació hace 205 años, un 27 de diciembre de 1821 en Wexford, al sureste de Irlanda, como Jane Francesca Agnes Elgee, hija de un abogado que fallecería cuando tenía tan solo tres años. Esto, sin embargo, propició que su educación fuera autodidacta, pero se decía que a los 18 años dominaba 10 idiomas, siendo uno de ellos el italiano, origen de su bisabuelo.

La joven creció involucrándose de forma temprana en asuntos nacionalistas y formó parte del llamado movimiento “Joven Irlanda”, que luchaba en todo el país por su independencia, pero también por su reforma democrática. De hecho, en la década de 1840 comenzó a escribir artículos y poemas de esta temática que se publicaban en un periódico semanal de Dublín, ‘The Nation’, bajo el seudónimo de Speranza. Sin embargo, en un artículo de opinión hizo un llamamiento a la revolución armada y esto propició el cierre del periódico por parte de las autoridades y llevó a juicio a su editor, Charles Duffy, que se negó a revelar quién estaba detrás de ello. A pesar de ello, ella confesó, pero fue ignorada y no pudo evitar la clausura del diario.

El memorial de William Wilde, en el que se lee inscripción de Jane Wilde, en su memoria.

Además de todo ello, Jane Wilde fue defensora durante toda su vida también de los derechos de la mujer. Elogió la aprobación de la Ley de Propiedad de las Mujeres Casadas de 1883, que impedía que una mujer tuviera que contraer matrimonio “como esclava, privada de todo derecho sobre su fortuna”, además de que en su casa invitó a la sufragista Millicent Fawcett para hablar de libertad feminista.

Inculcó en su hijo la literatura, pero murió en la pobreza

En noviembre de 1851 se casó con William Wilde, cirujano y oftalmólogo con quien tuvo tres hijos: William (1852), Oscar (1854) e Isola (1857). Durante su matrimonio, la tragedia y el escándalo protagonizaron su vida, especialmente desde que una joven interpuso una demanda a su marido por haberla sucedido, aunque finalmente terminó en una indemnización por daños y perjuicios contra la familia Wilde.

A todo esto, su hija falleció por una fiebre y también murieron las dos hijas ilegítimas de su marido poco después. Sir William Wilde, ya como caballero, murió en 1876 y fue cuando la familia descubrió que estaban en bancarrota, lo que propició que Jane se mudara a Londres con sus hijos en 1879.

En Londres consiguió labrarse una reputación en círculos literarios, lo en los que ya se había movido también en Irlanda y había propiciado que su hijo Oscar creciera en un ambiente de letras, de hecho, se dice que sus poemas y su actividad literaria influyeron en su obra, siendo uno de los ejemplos más mencionados ‘Balada de la cárcel de Reading’ que se compara con ‘Los hermanos’, que Speranza había escrito basándose en un juicio y ejecución durante la rebelión de 1798.

Durante su época como viuda complementaba sus ingresos escribiendo para revistas de moda y publicando libros sobre folclore irlandés. Escribió varios libros, uno de ellos “Leyendas antiguas, amuletos místicos y supersticiones de Irlanda” en 1887. Casi una década después, sin embargo, su salud comenzó a resentirse y una bronquitis que no llegó a curarse provocó su fallecimiento a los 74 años el 3 de febrero de 1896, hace 130 años.

Entonces su hijo Oscar estaba en la cárcel y ella pidió verlo, pero se le denegó el permiso y no pudieron reunirse antes de que ella muriera. Fue enterrada en una tumba sin nombre porque ninguno de sus hijos pudo costear una lápida, y tuvo que esperar hasta cien años después para que se le diera una inscripción en la de su marido. Posteriormente, gracias a los fondos recaudados por la Sociedad Oscar Wilde alrededor del año 1999, se erigió un monumento con una cruz celta en su memoria.

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