¿Por qué la falla de San Andrés soporta más tensión que nunca y qué consecuencias puede tener?

Cajon Pass concentra gran parte de la preocupación científica

Héctor Farrés

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Una grieta que permanece inmóvil durante años puede acumular una fuerza enorme bajo tierra sin que nadie perciba cambios en la superficie. Los terremotos suelen formarse cuando esa tensión, generada por el movimiento lento de grandes bloques de la corteza terrestre, supera el límite que las rocas pueden soportar y se libera de golpe.

Su capacidad destructiva depende de varios factores, entre ellos la energía liberada, la profundidad de la ruptura, la cercanía a zonas habitadas y la resistencia de edificios e infraestructuras. Dos terremotos con una magnitud parecida pueden causar daños muy distintos si afectan a territorios diferentes o si la sacudida se propaga de manera desigual, una realidad que explica por qué el estudio de las tensiones acumuladas resulta tan importante.

El estudio sitúa a California ante una carga muy elevada

Una investigación publicada en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth concluye que los sistemas de fallas de San Andrés y San Jacinto, en el sur de California, atraviesan un periodo de tensión tectónica excepcionalmente elevado.

Según la geofísica Liliane Burkhard, investigadora de la Universidad de Berna y autora principal del trabajo, varios segmentos de estas estructuras geológicas presentan valores que igualan o superan los registrados durante el último milenio, una situación que ha llevado a los científicos a describir la región como un sistema sometido a una carga crítica.

La metodología sirve para otras regiones del planeta

Uno de los puntos que más preocupa a los investigadores es Cajon Pass, situado al noreste de Los Ángeles. En esta zona confluyen los dos grandes sistemas de fallas estudiados y su comportamiento puede determinar el alcance de futuros terremotos.

El trabajo describe este lugar como una especie de puerta sísmica capaz de frenar una ruptura o permitir que se extienda de una falla a otra. El geólogo Nicolas Barth, profesor asociado de la Universidad de California, Riverside, comparó este mecanismo con un control de tráfico en una carretera de un solo carril. Según explicó, unas veces las condiciones permiten avanzar y otras obligan a esperar hasta que la situación cambie.

Las condiciones se acercan a grandes episodios conjuntos

Para estudiar ese comportamiento, el equipo desarrolló un modelo físico detallado de la geología californiana. Los investigadores incorporaron información correspondiente a aproximadamente 1.000 años de actividad sísmica y reconstruyeron la forma en que la tensión se acumula, se redistribuye y disminuye después de grandes terremotos.

Burkhard explicó que el sistema analiza cómo cada seísmo modifica las tensiones en segmentos vecinos, cómo estas aumentan durante los periodos tranquilos y cómo las capas más profundas de la corteza se relajan tras grandes rupturas. Ese enfoque permite seguir la evolución de las fuerzas que actúan sobre las fallas durante siglos.

Los resultados muestran cifras especialmente elevadas en distintos sectores. El segmento San Jacinto-Bernardino soporta alrededor de 3,6 megapascales de tensión, mientras que Mojave South alcanza unos 2,8 megapascales. El estudio señala que la coincidencia de valores altos en áreas próximas incrementa la posibilidad de una ruptura conjunta.

Una apertura en Cajon Pass ampliaría los efectos

Burkhard advirtió de que el problema no reside únicamente en que las tensiones hayan alcanzado máximos históricos. También preocupa que las condiciones relativas entre ambos sistemas de fallas se estén acercando al rango asociado a grandes rupturas que atraviesan simultáneamente las dos estructuras. “Los niveles de tensión en múltiples segmentos de falla están ahora en los valores más altos observados durante el último milenio o por encima de ellos”, advirtió la investigadora.

Ese posible escenario tendría consecuencias mucho más amplias que un terremoto limitado a una sola falla. Los científicos recuerdan que Cajon Pass ya estuvo relacionado con grandes episodios sísmicos del pasado y que la apertura de esa puerta puede favorecer terremotos más extensos y complejos. Además, por esa zona pasan corredores de transporte, líneas energéticas, infraestructuras de comunicación y otras instalaciones esenciales para millones de personas del área metropolitana de Los Ángeles y regiones cercanas.

Aun así, el estudio no permite fijar una fecha para el próximo gran terremoto. Los autores insisten en que los seísmos siguen siendo fenómenos imposibles de predecir con exactitud. Burkhard subrayó ese límite al afirmar: “Esto no es una predicción de cuándo ocurrirá un terremoto”. Lo que sí aporta el modelo es una fotografía mucho más precisa del estado actual del sistema geológico y de los escenarios que podrían desarrollarse en el futuro si la tensión continúa aumentando.

El modelo mejora la evaluación de riesgos futuros

Esa información tiene aplicaciones prácticas inmediatas. Los investigadores consideran que herramientas de este tipo ayudan a evaluar riesgos, diseñar infraestructuras más resistentes y preparar planes de emergencia. Burkhard destacó que los modelos basados en la física ofrecen una visión más clara de las situaciones para las que conviene estar preparados y añadió que la metodología desarrollada no sirve únicamente para California.

El mismo enfoque puede aplicarse a otras zonas del planeta donde varias fallas interactúan entre sí y acumulan tensiones durante largos periodos antes de liberar de golpe la energía almacenada.

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