Ni incendios, terremotos o guerras han dañado el que es considerado uno de los castillos japoneses más bonitos del país

Reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el castillo cautiva a propios y extraños con sus muros relucientes y su escala imponente

Alberto Gómez

0

El castillo de Himeji, apodado ‘de la Garza Blanca’ por su elegante silueta que recuerda a un ave blanca emprendiendo el vuelo, es una joya de la arquitectura de madera japonesa. Esta fortaleza monumental, situada en la prefectura de Hyogo, fue el primer sitio del país en ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993. Su diseño actual se completó a principios del siglo XVII, representando el apogeo de la ingeniería defensiva y la estética feudal del periodo Edo. A lo largo de sus más de 400 años de historia, Himeji ha cautivado a propios y extraños con sus muros relucientes y su escala imponente.

De hecho, es considerado uno de los tres castillos más famosos de Japón, destacando por su autenticidad y su estado de conservación casi perfecto hasta nuestros días. La estructura principal se alza sobre una colina, dominando el paisaje urbano con una gracia que oculta su verdadera naturaleza de fortaleza inexpugnable. Pero quizás lo que otorga a Himeji un aura de leyenda es su resistencia casi sobrenatural ante las catástrofes que han asolado al país durante siglos. A diferencia de otras fortificaciones que sucumbieron a las llamas o a los temblores, este castillo ha sobrevivido milagrosamente a incendios, terremotos y guerras. Incluso durante la Segunda Guerra Mundial, el azar protegió sus muros cuando varias bombas cayeron sobre la torre principal sin llegar a explotar jamás. 

Gracias a esta fortuna histórica, hoy se mantiene como uno de los doce castillos originales que conservan su estructura de madera auténtica en Japón. Sus pilares y vigas de madera original han soportado el paso del tiempo sin las reconstrucciones modernas de hormigón habituales en otros monumentos. Esta invulnerabilidad lo ha convertido en un símbolo de esperanza y permanencia para la nación japonesa, que ve en él todo un tesoro nacional.

En su interior, los visitantes deben descalzarse para recorrer los suelos de madera originales y subir por escaleras extremadamente empinadas

La historia de este bastión comenzó en 1333, cuando se construyó un primer fuerte en el monte Himeyama para defender estratégicamente la región. Con el paso de los siglos, figuras históricas de la talla de Toyotomi Hideyoshi e Ikeda Terumasa ampliaron y perfeccionaron el complejo defensivo. Terumasa, en particular, fue el responsable de construir la majestuosa torre de cinco pisos que hoy admiramos, utilizando materiales de estructuras previas. El castillo evolucionó de ser un simple punto de defensa militar a convertirse en la sede del gobierno feudal durante todo el periodo Edo. Durante la era Meiji, el edificio estuvo a punto de ser demolido, pero la decisión de preservarlo en 1873 salvó esta maravilla para la posteridad. 

Su apertura al público en 1912 marcó el inicio de una nueva era donde el castillo pasó de ser un secreto militar a un icono turístico. Detrás de sus paredes de un blanco inmaculado se esconde un laberinto defensivo diseñado con una complejidad que buscaba confundir y aniquilar a los invasores. El complejo consta de más de ochenta edificios conectados por pasadizos serpenteantes y puertas ocultas que ralentizaban el avance de las tropas enemigas. Un elemento distintivo son los casi mil agujeros en las murallas, desde los cuales los defensores podían disparar flechas o armas de fuego. Estas aberturas tienen formas rectangulares, circulares y triangulares según su propósito táctico, permitiendo atacar desde posiciones de pie o arrodilladas. 

Incluso el camino hacia la torre principal es una trampa visual que hoy en día sigue desorientando a los turistas menos atentos durante su visita. Cada rincón del castillo fue concebido para que la belleza y la letalidad coexistieran en una armonía perfecta que repeliera cualquier asalto. El característico color blanco de sus muros exteriores no es simplemente una elección estética, sino una medida técnica de protección contra el fuego. Se trata de un yeso especial ignífugo que recubre la madera para evitar que las flechas incendiarias o los rayos pudieran consumir la estructura. 

La torre principal, que alcanza los 46 metros de altura, parece tener cinco plantas desde el exterior, aunque en realidad posee seis niveles. En su interior, los visitantes deben descalzarse para recorrer los suelos de madera originales y subir por escaleras extremadamente empinadas. En el nivel más alto se encuentra un pequeño santuario dedicado a la deidad guardiana Osakabe-myōjin, ofreciendo vistas panorámicas de la ciudad. Los tejados están coronados por amuletos, criaturas mitológicas con cabeza de tigre y cuerpo de carpa que se creía atraían la lluvia.

Restauración técnica

Entre los años 2009 y 2015, el castillo se sometió a una profunda restauración técnica conocida como la gran reparación de la era Heisei. Durante este periodo, la torre principal fue cubierta totalmente por andamios para limpiar el yeso y asegurar las tejas, recuperando su brillo original. Aunque el interior se vació de muchas exposiciones históricas para mejorar el flujo de visitantes, la arquitectura despojada permite apreciar mejor la carpintería. Esta intervención fue necesaria para corregir las inclinaciones que el peso de la estructura había provocado en los cimientos originales de piedra. 

Hoy, el castillo luce más resplandeciente que nunca, con sus juntas de yeso blanco recién renovadas que destacan contra el cielo de Hyogo. La reapertura oficial devolvió a Japón su monumento más querido, listo para afrontar varios siglos más de historia. El entorno que rodea al castillo, además, complementa su belleza arquitectónica con un paisaje que cambia drásticamente según las estaciones del año. En definitiva, se trata de mucho más que una estructura militar: un centro de cultura, artesanía y gastronomía que sigue latiendo en el corazón de Japón. Una fortaleza inexpugnable que se sumerge en la historia de un pueblo que supo proteger su herencia.

Etiquetas
stats