La zoóloga amante de los gorilas que inspiró la película por la que Sigourney Weaver fue nominada a los Oscar
Dian Fossey, nacida en San Francisco en 1932, cambió la ciencia con su entrega absoluta. Se graduó en Terapia Ocupacional, pero la obra de George Schaller despertó su interés por África. En 1963, usó sus ahorros para viajar y conocer al reconocido paleoantropólogo Louis Leakey. Él la convenció de que estudiar simios era clave para entender nuestra propia evolución. Tras aprender suajili, se instaló en África en 1966 apoyada por la revista National Geographic. Su base inicial fue el Congo, pero la inestabilidad política la llevó finalmente hasta Ruanda. Allí, en las montañas Virunga, comenzó una labor de investigación que duraría veinte años. Su vida fue un testimonio de pasión y defensa inquebrantable por la naturaleza salvaje.
El 24 de septiembre de 1967, fundó el Centro de Investigación Karisoke entre dos grandes volcanes. Su campamento comenzó con dos tiendas de campaña en un entorno sumamente hostil y aislado. Durante los primeros años, Fossey enfrentó la soledad absoluta sin apenas apoyos ni recursos. Los gorilas no estaban habituados a los humanos y los locales desconfiaban de su presencia. A pesar de sufrir un enfisema pulmonar, su determinación compensaba cualquier miedo o carencia. Aprendió a comunicarse con sus trabajadores mediante gestos y mucha paciencia en la selva.
Para ganarse la confianza de los gorilas, Fossey imitó sus comportamientos naturales de forma creativa. Caminaba sobre sus nudillos, masticaba apio y emitía sonidos de satisfacción similares a eructos. Al mantenerse a la misma altura que ellos, logró que los primates perdieran el miedo. Sus observaciones destruyeron el mito del gorila como una bestia violenta tipo King Kong. Tras miles de horas de estudio, demostró que son criaturas gentiles, plácidas y muy inteligentes. National Geographic envió a Bob Campbell para documentar visualmente estos hallazgos tan asombrosos. Las imágenes de Fossey interactuando con simios cambiaron la percepción global sobre esta especie. Su trabajo resaltó la urgencia de conservar el hábitat natural de estos seres tan especiales.
Dentro de los grupos que estudiaba, Fossey estableció un vínculo muy profundo con el gorila Digit. Lo llamó así por un dedo dañado y llegó a interactuar con él como verdaderos amigos. Sin embargo, el 31 de diciembre de 1977, Digit fue brutalmente asesinado por cazadores furtivos. El animal murió defendiendo a su familia y fue encontrado mutilado sin su cabeza ni manos. Este suceso sumió a Fossey en una depresión y transformó su ciencia en una guerra personal. Creó la Fundación Digit para recaudar fondos destinados a combatir la caza ilegal en Ruanda. Su dolor se convirtió en una furia implacable contra quienes amenazaran a sus queridos animales. La muerte de su gorila favorito marcó un punto de no retorno en su vida y aislamiento.
La lucha de Fossey contra la caza furtiva fue radical, utilizando tácticas que le propició enemigos. Quemaba trampas, capturaba intrusos y usaba máscaras para que creyeran que ella hacía brujería. Se opuso firmemente al turismo masivo, pues creía que interfería en la paz de los animales. Sus enfrentamientos constantes con el gobierno ruandés tensaron su situación legal en la región. Algunos colegas consideraban que sus métodos extremos obstaculizaban una gestión racional del centro. A pesar de las críticas, su activismo logró que la crisis de los gorilas captara atención global. Fossey se convirtió en un símbolo de la conservación radical en una época de gran indiferencia. No dudaba en enfrentarse a intereses poderosos para asegurar que los gorilas pudieran existir.
En 1983, publicó su obra maestra Gorilas en la niebla, relatando sus décadas en la selva. El libro fue un éxito rotundo y sirvió de base para la famosa adaptación cinematográfica posterior. Académicamente, obtuvo su doctorado en Zoología por la Universidad de Cambridge en el año 1974. Su técnica de ganarse la confianza de animales salvajes fue un gran legado para la ciencia. Incluso el divulgador David Attenborough filmó una secuencia histórica con ella para la televisión. Fossey demostró que cada gorila poseía una personalidad distinta y estructuras familiares complejas. Sus reportajes concienciaron a miles de personas sobre la fragilidad de la vida silvestre africana. Gracias a su labor de difusión, el mundo comprendió la importancia de proteger a estos gigantes.
Enigma por resolver
La mañana del 27 de diciembre de 1985, Dian Fossey fue hallada muerta en su cabaña de Karisoke. Fue asesinada con un machete tipo panga que ella misma tenía colgado en su vivienda. La escena del crimen estaba revuelta, pero se descartó el robo al no faltar dinero ni valores. Su asesinato sigue siendo un enigma casi cuarenta años después, lleno de muchas irregularidades. Las teorías apuntan a cazadores resentidos, contrabandistas de oro o funcionarios corruptos. Su asistente Wayne McGuire fue acusado, aunque el caso nunca se resolvió satisfactoriamente. Fossey sabía que su vida corría peligro y tuvo problemas para renovar su pasaporte. Su muerte violenta marcó el fin de una era, pero no el fin de su gran lucha por la vida.
Dian Fossey fue enterrada en el cementerio que ella creó, descansando eternamente junto a Digit. Su lápida lleva el nombre Nyiramachabelli, que significa la mujer que supo adaptarse al bosque. Tres años tras su muerte, la película protagonizada por Sigourney Weaver inmortalizó su legado. Weaver fue nominada al Óscar y ganó el Globo de Oro por interpretar magistralmente a la zoóloga. Aunque los gorilas siguen en peligro, su población ha crecido gracias a las bases de Fossey. Organizaciones actuales continúan hoy con su misión de proteger a esta especie tan vulnerable. Su última frase en el diario recordaba que el valor de la vida está en proteger el futuro. Nadie amó tanto a los gorilas como esta mujer que entregó su existencia por su salvación.
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