Este impresionante edificio de 1570 es la oficina del primer ministro de este pequeño país y se llama Albergue de Castilla

En marzo de 1972 pasó a albergar la oficina del Primer Ministro, pasando a ser el epicentro de la gobernanza democrática de la Malta independiente

Alberto Gómez

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Dominando la silueta de La Valeta y las aguas del Gran Puerto desde la Plaza de Castilla, un curioso viajero puede dejarse maravillar por el Albergue de Castilla. Pero, a pesar del nombre, este emblemático monumento barroco, erigido en la década de 1570, representa uno de los tesoros patrimoniales más deslumbrantes de Malta. Conocido localmente como Berġa ta' Kastilja, el edificio trasciende su valor arquitectónico para consolidarse como el epicentro político del país insular, ya que actualmente funciona como la sede oficial de la oficina del Primer Ministro de Malta, constituyendo el símbolo indiscutible de su poder ejecutivo nacional.

Los orígenes de este soberbio palacio se remontan a los años posteriores al Gran Sitio, cuando la Orden de San Juan decidió fundar la nueva capital. Construido entre 1573 y 1574 bajo las directrices del reputado arquitecto maltés Girolamo Cassar, el edificio fue concebido en estilo manierista. Su propósito fundamental era alojar a los caballeros de la Orden pertenecientes a las lenguas de Castilla, León y Portugal, proporcionándoles una residencia digna de su estatus. Aquella estructura de Cassar, considerada en su tiempo una obra profundamente innovadora, estableció la presencia hispana en la isla.

Durante la mitad del siglo XVIII, el palacio experimentó una metamorfosis radical que definió la fisonomía que admiran sus visitantes en la actualidad. Entre 1741 y 1744, bajo la magistratura del gran maestre Manuel Pinto da Fonseca, el edificio fue completamente remodelado en estilo barroco español. Las obras fueron diseñadas por el notable arquitecto Andrea Belli y supervisadas rigurosamente por el maestro Domenico Cachia. Esta ambiciosa transformación convirtió la severidad manierista original en una residencia palaciega destinada a proyectar la grandeza de la Orden.

Entre los años 2009 y 2014, el gobierno emprendió una restauración integral de sus fachadas y elementos ornamentales

Desde el punto de vista arquitectónico, el Albergue de Castilla destaca por su soberbia planta rectangular organizada en torno a un elegante patio interior. Su imponente fachada principal, dividida simétricamente en once tramos, luce una profusa decoración en piedra esculpida con delicados marcos y esbeltas pilastras. El acceso se realiza a través de una monumental escalinata flanqueada por columnas que sostienen un trofeo de armas de piedra y un busto de bronce de Pinto da Fonseca. Coronado por escudos, el portal constituye una muestra cumbre del barroco.

El devenir histórico de la edificación estuvo marcado por giros dramáticos al compás de los grandes acontecimientos militares europeos del siglo XVIII. Tras la fulgurante invasión francesa comandada por Napoleón Bonaparte en 1798, la Orden de San Juan fue expulsada de Malta y el inmueble fue confiscado. La residencia se convirtió en el cuartel general del ejército francés de ocupación y albergó la Comisión de Bienes Nacionales. Durante el posterior bloqueo naval anglo-maltés entre 1798 y 1800, el palacio sufrió considerables daños materiales antes de la capitulación napoleónica.

Con el establecimiento del protectorado británico en 1805, esta joya de la arquitectura asumió un nuevo papel estratégico como centro neurálgico del ejército colonial. Durante este periodo, la edificación albergó los cuarteles generales de las fuerzas armadas británicas y sirvió de residencia para sus mandos militares. En el año 1840, se habilitó una capilla de culto protestante en la primera planta de la estructura para atender a los oficiales. Décadas más tarde, en 1889, se instaló en su cubierta una importante estación de señalización óptica destinada a comunicarse con los buques en el puerto.

El último giro, en 1972

El siglo XX puso a prueba la resistencia de la estructura durante los oscuros años de la Segunda Guerra Mundial y los conflictos posteriores. En 1942, los intensos bombardeos aéreos ejecutados por la aviación del Eje destruyeron parcialmente el ala derecha del edificio, causando graves destrozos históricos. Tras la contienda, el inmueble fue rehabilitado y continuó funcionando como sede militar de las fuerzas armadas de Malta y Libia, acogiendo también a las tropas chipriotas tras 1954. Estas intervenciones lograron preservar la esencia del monumento.

El punto de inflexión definitivo en la trayectoria del monumento se produjo en marzo de 1972, cuando pasó a albergar la oficina del Primer Ministro. Este trascendental cambio consagró la conversión de una antigua fortaleza militar en el epicentro de la gobernanza democrática de la Malta independiente. Entre los años 2009 y 2014, el gobierno emprendió una restauración integral de sus fachadas y elementos ornamentales, devolviendo el esplendor original a su mampostería que hoy se puede disfrutar.

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