¿Cómo llega el sur del Sáhara a una isla balear medieval? Un análisis de ADN destapa rutas y mezcla genética en Ibiza

La llegada omeya transformó Ibiza con nuevos asentamientos humanos

Héctor Farrés

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Un territorio cambia cuando llegan nuevas personas, nuevas normas y nuevas rutas de intercambio. El emirato Omeya de Córdoba llevó ese cambio hasta las Baleares en el año 902 y transformó Ibiza con la llegada de población vinculada a su expansión. Esa entrada no consistió solo en tomar el control del territorio, también implicó instalar grupos humanos que se asentaron, trabajaron la tierra y participaron en circuitos que ya unían distintas regiones.

La isla pasó a depender de esas rutas y empezó a recibir gente que venía por mar desde el norte y desde el sur. Ese movimiento dejó rastros en los enterramientos y en los restos humanos que siglos después permiten reconstruir lo que ocurrió.

Un estudio genético revela orígenes diversos entre personas enterradas siglos después

Un estudio genético sobre 13 individuos enterrados en Ibiza entre los siglos X y XII muestra una diversidad de orígenes ligada a redes amplias del mundo islámico. El trabajo, publicado en Nature Communications y recogido por The Conversation, analiza ADN antiguo para reconstruir cómo vivieron esas personas.

Los resultados indican que en la isla convivieron individuos con ascendencias europeas, norteafricanas y subsaharianas, a veces dentro de un mismo cuerpo familiar. El análisis no se limita a identificar orígenes, también permite situar cuándo se produjeron esas mezclas y en qué contexto social ocurrieron.

Las fuentes históricas ya hablaban de dos momentos distintos en la llegada de población. Primero se instaló un grupo asociado a la expansión omeya tras la conquista de la isla. Más tarde, a comienzos del siglo XII, entraron nuevas personas durante el dominio almorávide.

El ADN confirma rutas que unían la península con África y el desierto

Esa segunda llegada no sustituyó a la anterior, sino que añadió más diversidad a la población existente. Los restos analizados muestran esa superposición porque en el mismo espacio funerario aparecen individuos con perfiles distintos, lo que encaja con un proceso continuo de entradas y asentamientos.

Dos de esos individuos permiten ver con detalle hasta dónde llegaban esas conexiones. Uno presenta afinidades con poblaciones de la zona de Senegambia y otro con regiones cercanas al Chad. El investigador Ricardo Rodríguez-Varela, de la Universidad de Estocolmo y autor principal del estudio, explicó que “estos genomas muestran que personas procedentes tanto del Sahel occidental como del central pasaron a formar parte de comunidades de la Iberia islámica”.

Esos datos coinciden con lo que describen textos árabes medievales sobre rutas que atravesaban el desierto y llevaban personas hacia el norte en contextos militares o de esclavitud.

Los datos sitúan una transformación rápida a finales del siglo IX

El análisis también permite calcular cuándo se produjeron las mezclas genéticas. Los investigadores estiman que el flujo desde el norte de África hacia la isla ocurrió entre dos y siete generaciones antes de la vida de esos individuos.

Eso sitúa el principal episodio de mezcla a finales del siglo IX. No se trata de un proceso lento durante siglos, sino de una transformación rápida ligada a los primeros momentos de la ocupación islámica. En pocos años, la población cambió su composición con la llegada de nuevos grupos y la convivencia entre ellos.

Los restos proceden de un área excavada en la calle Bartomeu Vicent Ramon, en Ibiza. Allí aparecieron hasta 125 enterramientos que forman parte de la maqbara de Madina Yabisa, un cementerio islámico utilizado entre los años 925 y 1150. Los cuerpos se depositaban siguiendo un patrón repetido, alineados y con una orientación que responde a normas religiosas. Ese espacio permitió estudiar no solo los huesos, también los microorganismos presentes en ellos y las relaciones familiares entre los individuos enterrados.

Dos individuos muestran conexiones con regiones del Sahel africano

La isla ya funcionaba como punto de paso antes de estos hallazgos, pero los datos genéticos permiten ver cómo circulaban personas reales. Ibiza conectaba rutas marítimas entre la península ibérica y el norte de África, y esas rutas enlazaban con trayectos terrestres que cruzaban el desierto hasta el Sahel.

El ADN confirma que esas conexiones no eran solo comerciales, porque aparecen en los cuerpos de quienes vivieron allí. Anders Götherström, coautor del estudio, señaló que “estos genomas captan el momento en que el mundo islámico y las sociedades cristianas de Iberia empezaron a transformarse mutuamente”.

Un caso de lepra aparece sin diferencias en el trato funerario

Uno de los enterramientos aportó un dato distinto. El análisis detectó la presencia de Mycobacterium leprae, la bacteria que causa la lepra. Ese individuo fue enterrado con el mismo ritual que el resto, sin cambios en la posición del cuerpo ni en el tratamiento funerario.

Zoé Pochon, especialista en metagenómica, indicó que “no hay indicios de que esta persona fuera tratada de forma diferente”. El estudio sitúa ese caso dentro de un linaje de lepra presente en Europa entre los siglos VII y XIII, junto a otro genoma hallado en Italia.

El conjunto del trabajo parte del análisis de ADN antiguo, pero también integra datos arqueológicos y registros históricos. Los investigadores compararon los genomas con bases de datos modernas para localizar afinidades geográficas y reconstruir trayectorias de movilidad.

Esa combinación permite pasar de los restos óseos a historias de vida que incluyen desplazamientos, contactos entre regiones y enfermedades presentes en la comunidad.

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