21 ballenas grises han muerto en apenas tres meses en las costas del Pacífico, pero la respuesta podría estar en el Ártico
Hace unos días, se confirmó el hallazgo de un nuevo cadáver de una ballena gris en la bahía de Willapa, en Washington. Con ella, se elevó a 21 el número de muertes confirmadas de esta especie en este estado de Estados Unidos, una noticia que ha alarmado especialmente a los biólogos de la zona.
“El ritmo que llevamos supera con creces el ritmo que habíamos documentado en cualquier año de los últimos 50 años”, dijo John Calambokidis, biólogo investigador sénior de Cascadia Research Collective, tras darse a conocer la noticia. Las 21 muertes registradas suponen “la tercera cifra más alta que hemos tenido en un total anual”, según el investigador.
Las ballenas grises son una especie de ballena barbada (Eschrichtius robustus) que se caracterizan por su color gris oscuro con manchas claras y sus largas migraciones, una de las más extensas de cualquier mamífero. Estos animales viajan desde zonas donde se alimentan en el Ártico hasta zonas de reproducción en aguas más cálidas, como las del Pacífico oriental.
Según Calambokidis, la recuperación de la ballena gris había sido considerada uno de los mayores éxitos de conservación de las últimas décadas. Sin embargo, en los últimos años, las poblaciones de este animal marino han sufrido una caída vertiginosa que preocupa a la comunidad científica.
En junio del año pasado, el Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste (NOAA Fisheries) publicó una nueva estimación de la población de ballenas grises del Pacífico Norte oriental: 12.900 ejemplares, la cifra más baja desde principios de la década de 1970. “El número estimado de crías, 85, es el más bajo desde que se iniciaron los registros en 1994, lo que indica que los niveles de reproducción son demasiado bajos para sustentar la recuperación de la población”, señala el informe.
La culpa es del cambio climático
“Sabemos que es un problema de suministro de alimentos”. Es la respuesta que dio Calambokidis cuando le preguntaron por las razones de las 21 muertes de ballenas grises en apenas tres meses, según recoge la NBC. “Sabemos que el Ártico ha sufrido cambios drásticos debido al cambio climático”, añadió refiriéndose, entre otras cosas, al derretimiento del hielo.
Tradicionalmente, el hielo marino permitía que las algas del Ártico alimentaran el fondo del mar, donde vivían pequeños organismos de los que se alimentan estas ballenas. Ahora, los investigadores creen que el hielo marino se está derritiendo antes, lo que estaría alterando este proceso, favoreciendo el crecimiento de fitoplancton en la superficie y reduciendo los nutrientes que llegan al fondo.
“A medida que estos animales se desnutren, se desesperan más, y también creo que se debilitan, pierden la noción de su entorno y su sentido de la orientación”, concluyó Calambokidis.
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