El eclipse podría alterar el comportamiento de los insectos crepusculares y abrir una observación a gran escala en España

La claridad artificial altera la noche de forma parecida

Héctor Farrés

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Las trampas ultravioletas instaladas en distintos puntos de España registrarán durante unos minutos una tarde que se parecerá demasiado pronto al anochecer. Los insectos serán los protagonistas de esa red de observación el 12 de agosto de 2026, cuando un eclipse total de Sol permita comprobar qué grupos empiezan a volar al disminuir la iluminación.

El equipo internacional dirigido por Tom Sheehan, investigador de la Universidad de Georgia, desplegará estaciones desde Galicia hasta Castellón, con participación de la Estación Biológica de Doñana-CSIC y la Universidad Rey Juan Carlos.

El mismo dispositivo comparará días y noches

El reportaje de Muy Interesante detalla que todas las estaciones emplearán el mismo modelo de trampa ultravioleta, diseñado para el proyecto Phalaena de ZERYNTHIA, con el propósito de poder comparar localidades separadas por cientos de kilómetros. Los equipos tomarán muestras a la misma hora el día anterior y el posterior al eclipse, además de efectuar registros nocturnos en esas tres jornadas.

Así podrán enfrentar una tarde habitual con el oscurecimiento provocado por la Luna y con una noche completa, reduciendo el riesgo de atribuir al eclipse diferencias causadas por el horario o por el instrumental.

Los antecedentes aconsejan esperar respuestas distintas entre especies, porque el eclipse estadounidense del 21 de agosto de 2017 produjo comportamientos muy diferentes en dos investigaciones.

Los ciclos biológicos cercanos a 24 horas pueden seguir anclados a la tarde

Marc Branham y Lynn Faust, investigadores que estudiaron a la luciérnaga crepuscular Photinus pyralis, observaron que los machos comenzaron a emitir destellos de cortejo cerca de la máxima ocultación.

Por otra parte, Michael Ferro, investigador que trabajó con escarabajos en Clemson, Carolina del Sur, capturó 49 ejemplares de 16 especies y no encontró un aumento general del vuelo respecto al control diurno.

Otros trabajos han ampliado esa diversidad de respuestas con métodos diferentes, según recoge la Estación Biológica de Doñana al referirse a un ensayo piloto realizado durante el eclipse estadounidense de 2024. Aquella prueba detectó alteraciones entre insectos crepusculares. Un estudio publicado en 2025 mediante radares Doppler añadió otro comportamiento, ya que registró un descenso de insectos aerotransportados alrededor de la fase máxima y un ascenso posterior.

Las muestras pedirán prudencia al interpretar los datos

Las capturas españolas exigirán cautela porque una trampa ultravioleta registra únicamente a determinados ejemplares que se encuentran activos y terminan acercándose al dispositivo. Un aumento de capturas puede proceder de un incremento del vuelo o de cambios en los desplazamientos por el hábitat, y también puede variar la probabilidad de que un animal presente acabe registrado.

El proyecto estudiará por ello tanto la abundancia como la detectabilidad, evitando convertir automáticamente un incremento dentro de las trampas en una respuesta general de toda una especie.

Las especies del amanecer o el ocaso podrían responder antes a la caída lumínica

Las diferencias entre insectos diurnos, crepusculares y nocturnos permitirán buscar el nivel de iluminación a partir del cual cada grupo modifica su comportamiento habitual. Los investigadores esperan que las especies vinculadas al amanecer o al ocaso respondan antes al falso crepúsculo, mientras algunos grupos nocturnos podrían necesitar una penumbra mayor.

El eclipse permitirá observar esa frontera porque la luminosidad caerá con rapidez y recuperará después sus valores anteriores sin reproducir las condiciones de una noche ordinaria.

El reloj interno recibirá una señal contradictoria

El ritmo circadiano aporta otra pieza al experimento porque coordina funciones biológicas en ciclos cercanos a 24 horas y recibe información del entorno para mantenerse ajustado. La luz constituye una de esas referencias, de modo que el 12 de agosto el reloj interno podrá seguir marcando una tarde normal cuando el exterior ofrezca temporalmente una iluminación asociada a otro momento del día.

Ese desacuerdo entre tiempo biológico e iluminación conecta el eclipse con un problema duradero, ya que la contaminación lumínica altera la relación contraria al introducir claridad artificial en horas naturalmente oscuras. Identificar los niveles que activan determinadas conductas permitirá precisar qué grupos dependen más de la cantidad de luz y hasta qué punto una modificación nocturna puede alterar su actividad.

El eclipse terminará en minutos, pero las respuestas recogidas entre Galicia y Castellón podrán ayudar a explicar cómo distintas especies interpretan cada día la frontera entre la tarde y la noche.

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