La tortuga híbrida Earl Grey sobrevive al frío extremo y su retorno al Atlántico marca un caso excepcional de conservación

El rescate comenzó en una playa de Massachusetts

Héctor Farrés

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La superficie del mar es solo una parte del recorrido de una tortuga, que debe superar riesgos distintos en cada etapa de su vida. Estos animales se enfrentan a depredadores, cambios bruscos de temperatura, enfermedades y obstáculos que aparecen tanto en mar abierto como cerca de la costa.

A esos riesgos naturales se suman redes de pesca, embarcaciones, contaminación y alteraciones de los hábitats donde nacen o se alimentan. El resultado es una vida marcada por amenazas que pueden afectar a ejemplares jóvenes y adultos durante décadas.

Earl Grey se convirtió en un caso poco frecuente

El caso de Earl Grey llamó la atención de los especialistas porque esta tortuga marina, recuperada en la costa de Massachusetts, terminó convirtiéndose en un hallazgo excepcional. Según el Georgia Sea Turtle Center, el animal era un híbrido de primera generación nacido de una tortuga lora y una tortuga boba, una combinación muy poco frecuente entre especies marinas.

La historia tuvo un desenlace positivo. Tras varios meses de cuidados, Earl Grey regresó al océano Atlántico el 28 de mayo en una liberación privada organizada por el centro. Antes de entrar de nuevo en el mar, los investigadores colocaron en su caparazón un dispositivo de seguimiento por satélite que permitirá conocer sus desplazamientos y estudiar su comportamiento una vez recuperado.

Las pruebas genéticas confirmaron un cruce reciente

La singularidad del animal empezó a hacerse evidente cuando los veterinarios observaron rasgos físicos que no encajaban del todo con una sola especie. Presentaba el pico ligeramente curvado y una forma de caparazón asociada a la tortuga lora, mientras que la coloración más clara y varias características dorsales recordaban a la tortuga boba. Su tamaño también resultaba menor de lo habitual para una tortuga boba juvenil.

Las sospechas terminaron confirmándose gracias a las pruebas realizadas junto con la University of Georgia. Los análisis genéticos demostraron que Earl Grey era efectivamente un híbrido de primera generación. Lauren Buie, responsable de comunicación del Jekyll Island Authority, destacó la importancia de este tipo de estudios porque muchos ejemplares podrían pasar desapercibidos.

Sobre la utilidad de ampliar estas pruebas, señaló: “Es la mejor manera de reunir más información sobre los híbridos, comprender mejor con qué frecuencia se produce la hibridación y saber qué puede significar para la conservación de las tortugas marinas en el futuro”.

El equipo trató lesiones e infecciones por frío

La hibridación entre tortugas marinas está documentada, aunque sigue siendo poco común en muchas zonas. Existen siete especies de tortugas marinas en el mundo y varias comparten áreas de alimentación y desplazamiento. Algunos sectores de la costa brasileña presentan porcentajes elevados de híbridos, mientras que en otras regiones los casos son mucho más escasos. Earl Grey resulta especialmente llamativo porque su madre pertenecía a la tortuga lora, considerada la especie de tortuga marina más pequeña y una de las más amenazadas.

Durante su estancia en el Georgia Sea Turtle Center, el equipo veterinario trató diferentes problemas derivados de su estado inicial. El animal recibió atención para lesiones cutáneas, infecciones y otros efectos asociados a la exposición prolongada al frío.

Jaynie Gaskin, directora del centro, reconoció que el ejemplar llegó a confundir incluso a profesionales con muchos años de experiencia. Al recordar aquella primera impresión, explicó: “Llevo quince años trabajando con tortugas marinas y esta realmente me engañó”. Con el paso de las semanas, el animal recuperó fuerzas y mostró un comportamiento activo que facilitó su regreso al océano.

Los hallazgos reforzaron nuevas líneas de investigación

Todo había comenzado meses antes, cuando fue encontrado en una playa de Brewster, en Massachusetts, afectado por un episodio de aturdimiento por frío. Esta condición aparece cuando las temperaturas del agua descienden con rapidez y el organismo de la tortuga pierde capacidad para funcionar con normalidad.

El New England Aquarium recibió inicialmente al ejemplar y, debido a la llegada masiva de otros animales en situación similar, lo trasladó por vía aérea al centro de Georgia junto con varias tortugas lora rescatadas en la misma temporada.

Los científicos estudiarán sus movimientos durante años

La información obtenida a partir del transmisor satelital formará parte de un proyecto respaldado por el Navy Marine Species Monitoring Program y desarrollado junto con el University of Central Florida Marine Turtle Research Group. La iniciativa está dirigida por Andrew DiMatteo, de CheloniData, LLC, y por la investigadora Kate Mansfield.

Los científicos intentan conocer con mayor precisión cuánto tiempo pasan las tortugas en superficie y cómo se desplazan por la costa este de Estados Unidos. Buie explicó la utilidad de esos datos porque las observaciones aéreas suelen dejar fuera a animales que permanecen bajo el agua durante largos periodos.

En ese contexto, señaló: “Los datos de seguimiento ayudan a los investigadores a comprender mejor con qué frecuencia salen a la superficie, lo que permite estimaciones poblacionales más precisas, una planificación de conservación más sólida y una mejor protección de las especies marinas vulnerables”. Esa información acompañará durante años el viaje de una tortuga que todavía tiene mucho que enseñar a los científicos.

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