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Un baño entre ladrillos en Donostia: los restos de la antigua cárcel de Ondarreta vuelven a aflorar en la playa

La playa Ondarreta de Donostia llena de escombros por el oleaje este jueves 30 de julio

María Laura Ferreira Niño

Donostia —
30 de julio de 2026 21:46 h

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El oleaje en la playa de Ondarreta vuelve a sacar a la superficie parte del pasado de Donostia. Cada verano, la erosión deja al descubierto piedras y restos de antiguas construcciones de siglos pasados que permanecen enterrados bajo la arena. El Ayuntamiento esperará, como es habitual, a la próxima marea viva, prevista para finales de agosto, para llevar a cabo una limpieza más exhaustiva. “Así se pueden retirar más piedras, ya que la bajamar deja al descubierto una mayor superficie de arena”, explica el Consistorio. Hasta entonces, los restos seguirán visibles y, siempre que ondee la bandera verde –como ocurre por ahora–, el baño estará permitido en toda la playa, confirma a este medio uno de los socorristas de Ondarreta.

El Ayuntamiento, a través del Departamento de Mantenimiento y Servicios Urbanos, explica a este medio que durante el periodo estival la erosión “modifica el perfil de la playa” y “reduce la capa de arena en determinadas zonas”. Recuerda, además, que la Sociedad de Ciencias Aranzadi determinó que parte de estos restos “no son de origen natural, sino antrópico”, es decir, fragmentos de antiguas construcciones, como la antigua cárcel de Ondarreta, que fue demolida como ahora lo será la de Martutene.

Asimismo, el Ayuntamiento señala que los fuertes temporales del invierno arrancaron “parte del material pétreo que conformaba la estructura del paseo de Ondarreta”, cuyos restos terminaron dispersos en el mar.

Hasta que llegue el momento de introducir la máquina cribadora, las labores de limpieza se realizan “de forma progresiva”, según el Ayuntamiento. Durante un recorrido por la playa pueden observarse restos repartidos por buena parte de la orilla, aunque la mayor concentración se encuentra en el extremo más próximo al monte Igeldo. Entre ellos aparecen desde piedras hasta ladrillos.

Aun así, un socorrista asegura a este periódico que “las personas pueden bañarse por esa zona” si lo desean. El principal riesgo, explica, es sufrir cortes o golpes con los restos, pero insiste en que, mientras se mantenga la bandera verde, no existe ninguna restricción.

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