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INTERNACIONAL

OPINIÓN

El estrés y la ansiedad nos hacen menos productivos y una semana laboral de cuatro días puede solucionarlo

El exceso de trabajo, el estrés y la ansiedad están afectando a la economía. Una semana más corta podría ser beneficiosa para las empresas y para los trabajadores

Si realmente queremos recuperar el control sobre nuestro país, primero hay que reconocer que debemos canalizar el descontento político hacia formas de reparar nuestro sistema económico

La oficina central de reclamador.es en Madrid.

La oficina central de reclamador.es en Madrid.

Nuestro momento político actual puede definirse como un estado de parálisis. Al negarse a enfrentar la realidad de un modelo económico fracturado, las fuerzas reaccionarias nos están arrastrando hacia un futuro basado en la exclusión, la desregulación y la reducción de los derechos de los trabajadores. En lugar de rendirse antes esta "inevitable" caída hacia el fondo, todas las fuerzas progresistas deberían hacerle frente a la crisis del siglo XXI con propuestas que mejoren de manera tangible la vida de las personas.

Como lo demostró Alexandria Ocasio-Cortez en Estados Unidos con el nuevo acuerdo ecológico, las propuestas nuevas pueden modificar narrativas políticas y económicas y aprovechar oportunidades colectivas, potencialmente prevenir catástrofes y llevarnos hacia un futuro sostenible ¿En qué consistiría un 'new deal' en Reino Unido? Un nuevo informe realizado por Autonomy –el think tank del cual soy codirector– señala que una semana laboral más corta podría ser el pilar central de nuestro futuro económico.

En los últimos años han ido aumentando las voces que reclaman una semana laboral más corta. Recientemente, la Confederación Nacional de Sindicatos, el Partido Verde, sindicatos grandes y pequeños y ahora el responsable laborista de economía, John McDonnell, se han unido al coro. Este reclamo sin duda se debe a la forma en que el exceso de trabajo está consumiendo todos los aspectos de nuestras vidas. Desde el tiempo que pasamos viajando a nuestros trabajos, el que pasamos haciendo contactos y la presión para revisar el correo electrónico en nuestros "días libres", sumado al trabajo en el hogar que realiza una cantidad desproporcionada de mujeres cuando llegan a casa del trabajo, la realidad es que cada vez es más difícil saber cuándo comienza y cuándo termina la semana laboral. Teniendo en cuenta la cantidad de horas extras que hacemos sin que se nos pague nada, estamos trabajando cada vez más a cambio de salarios estancados y jubilaciones cada vez más pequeñas.

El informe socava dos mitos muy difundidos: que trabajar más horas necesariamente equivale a mayor productividad y que el trabajo es necesariamente bueno para la salud. Algunas de las economías más productivas del mundo trabajan en conjunto muchas menos horas que el trabajador británico promedio. Las estrategias para aumentar la productividad deben aceptar la realidad de que la productividad no se basa solo en la cantidad de horas de trabajo sino en el bienestar y la salud general de la mano de obra, así como en el nivel de inversión en tecnología productiva.

La evidencia es contundente: el exceso de trabajo sumado al estrés y la ansiedad le cuestan millones cada año tanto al sector público como al privado. Uno de cada cuatro días de baja por enfermedad es resultado directo de la presión laboral. En el informe nos basamos en varios estudios para demostrar que una semana laboral más corta (y un mayor control del trabajador sobre el tiempo de trabajo) se traduce en menos ausencias por baja de enfermedad, menos accidentes laborales y mayor motivación. Trabajar menos horas puede ser beneficioso para las empresas y podría aliviar la presión a la que están sometidos los servicios de sanidad pública.

Para que nuestra economía se mueva en una dirección positiva, la sección de propuestas del informe sugiere políticas específicas para lograr una reducción progresiva del tiempo laboral. Proponemos comenzar por el sector público, adoptando una semana laboral más corta sin reducir los salarios. Una semana laboral más corta en el sector público mejoraría el bienestar y la productividad del personal, a la vez que ayudaría a retener a los empleados y hacer estos empleos más atractivos. También recomendamos darles nuevos derechos a los trabajadores. Por ejemplo, los empleados podrían tener la opción de tener ascensos que se traduzcan en tiempo así como en dinero, y la flexibilidad (y seguridad) de las horas trabajadas debería ser una opción normal, permitiendo a los trabajadores lograr el equilibrio de trabajo y tiempo libre que mejor le funcione a cada uno.

A escala nacional, el informe también propone establecer un Ministerio de Trabajo que supervise la transición hacia una semana laboral más corta, ayudando a las empresas a invertir en tecnología productiva a través de subsidios y logrando acuerdos sectoriales entre los sindicatos y las empresas para asegurarse de que el avance tecnológico les ahorre tiempo a los trabajadores y a la vez preserve sus salarios. Ganando automatización dirigida, los trabajadores no cargarían sobre sus hombros todo el peso de la productividad.

Los escépticos dirán que estas medidas no son realistas y que harían que la economía británica no fuera competitiva en una economía globalizada. Pero recordemos que el sistema actual no le funciona a la mayoría de las personas y que la crisis laboral empeorará a medida que el impacto sobre medioambiente vaya intensificándose y las nuevas tecnologías empobrezcan al mercado laboral. La cuestión entonces no es si podemos permitirnos un 'new deal' para los trabajadores, sino si podemos permitirnos no poner en práctica estos cambios.

De alguna forma, el futuro ya ha llegado: cada vez más en Reino Unido se está poniendo en práctica una semana laboral más corta. Imitando a empresas pequeñas, en Cardiff, Londres, Glasgow y otros sitios, la Wellcome Trust ha anunciado recientemente que este año pondrá a prueba una semana de cuatro días (sin reducción de salarios), posiblemente convirtiéndose en la primera gran empresa que lo hace. Autonomy ha lanzado su propio servicio de consultoría para pequeñas y medianas empresas que tengan una mentalidad progresista y comprendan los beneficios de tener empleados felices y menos agotados.

Si realmente queremos recuperar el control sobre nuestro país, primero hay que reconocer que debemos canalizar el descontento político hacia formas de reparar nuestro sistema económico. Una semana laboral más corta puede ser la clave para colocar a la democracia, las comunidades y el medioambiente en el centro de la estrategia política. Junto con modelos alternativos de propiedad y un estado del bienestar modernizado y apuntalado por ingresos garantizados, una semana laboral más corta podría ser parte de una visión económica emergente que intente hacerle frente a los desafíos del siglo XXI.

Traducido por Lucía Balducci

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