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S.O.S. Gaza

El 80% de la población de Gaza depende de la ayuda humanitaria.

En la actualidad, el 80% de la población depende por completo de la ayuda humanitaria, el 50% vive bajo el umbral de la pobreza y el 49% está en el paro. La situación no sólo no ha mejorado en los últimos meses, sino que se ha deteriorado de manera notable debido a diversos factores, entre ellos la reducción de las ayudas a la  Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) por parte de la Administración de Trump y, por otra parte, la intensificación de la represión israelí de las Marchas del Retorno que cada viernes se celebran en Gaza desde el pasado 30 de marzo.

Tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos ha reducido de manera notable su aportación a UNRWA, que en 2017 alcanzó los 368 millones de dólares, lo que representó casi un tercio del presupuesto de la agencia onusiana. Esta reducción ha afectado de manera notable a los servicios que presta a los 5,3 millones de refugiados palestinos en Jordania, Líbano, Siria, Cisjordania y la franja de Gaza y ha tenido un fuerte impacto en el sector educativo y sanitario, ya que UNRWA gestiona 700 escuelas y 145 clínicas de salud que se han visto obligadas a reducir sus servicios.

De otra parte, la franja de Gaza vive uno de sus momentos más delicados en los últimos años y, una vez más, vuelven a retumbar los tambores de guerra después de que las hostilidades se hayan intensificado en el curso de la última semana. Tras la caída de más de un centenar de proyectiles en territorio israelí, la aviación hebrea ha atacado casi medio centenar de objetivos de Hamas y Yihad Islámica, lo que ha encendido todas las alarmas, ya que se trata de la mayor ofensiva registrada desde la operación Margen Protector de 2014 que provocó la muerte de 2.205 palestinos.

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Objetivo: desmantelar la UNRWA

De los algo más de 700.000 refugiados iniciales hemos pasado en la actualidad a los 5,4 millones de personas a las que la UNRWA ha registrado como refugiadas de Palestina.

Con respecto a los primeros, y especialmente a lo largo de las últimas siete décadas, los sucesivos gobiernos israelíes no han dudado en emplear la fuerza cuando lo han considerado necesario, anexionando diversas zonas hasta contar hoy con un territorio propio que abarca el 78% de la Palestina histórica, cuando el Plan de Partición de la ONU (Resolución 181 del Consejo de Seguridad, 29 de noviembre de 1947) “solo” le concedía el 56%. A eso se une l a ocupación permanente del Territorio Ocupado Palestino (TOP) desde 1967, en el que Israel ejerce un control absoluto sobre todos los aspectos de la vida social, política, económica y de seguridad de los más de 4,6 millones de palestinos enclaustrados en Gaza y Cisjordania.

Para llegar hasta ahí, como bien han demostrado los llamados en su momento “nuevos historiadores israelíes”-echando mano de los documentos oficiales que corresponden a la etapa de creación del Estado-, fue fundamental tanto la muy planificada limpieza étnica inicial (1948), como la posterior marginación de los árabes-israelíes (hoy el 19% de la población israelí) y la sistemática presión y humillación de los habitantes del TOP.

Como resultado de todo ello, y aunque Israel sigue sosteniendo hoy que ningún palestino fue forzado a abandonar su hogar y sus tierras, de los algo más de 700.000 refugiados iniciales hemos pasado en la actualidad a los 5,4 millones de personas a las que la UNRWA ha registrado como refugiadas.

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¿Por qué nos debería importar que destruyan esta pequeña aldea beduina?

Demolición de la comunidad beduina de Khan al Ahmar

En el preciso momento que escribo estas líneas se está demoliendo la comunidad beduina de Khan al-Ahmar, a escasos kilómetros de Jerusalén Este, en el territorio Palestino ocupado. Me invade la impotencia y una profunda tristeza. Prácticamente 10 años de lucha que han terminado en el peor de los escenarios: la transferencia forzosa de 180 personas a las cuales se las ha dejado desprovistas de todo derecho, a las que de nuevo se las arranca mediante la violencia de sus tierras.

Khan al-Ahmar es una minúscula aldea formada por chozas y estructuras temporales y rodeada de asentamientos ilegales de colonos israelíes.  En ella habita la tribu Jahalin, formada por 180 miembros, originalmente pastores nómadas del valle del Jordán que fueron expulsados tras la guerra árabe-israelí de 1948 del desierto del Negev a Cisjordania. 

Para paliar la falta de infraestructuras educativas en la zona que obligaban a los niños y niñas beduinos a recorrer largas distancias diarias, el líder de la comunidad beduina, Abu Khamiss, apoyado por la ONG italiana Vento di Terra decidió construir, en junio de 2009, una escuela con adobe y neumáticos de vehículos usados. Al no poder obtener un permiso de construcción – Israel los deniega un 97,8% de las veces – tuvieron que construir la escuela sin él. Un mes después de su apertura llegó la primera orden de demolición emitida por la Administración Civil israelí. Entonces comenzó un tortuoso camino legal, en el que apelación tras apelación consiguieron posponer la fecha de demolición. En 2011, al riesgo de demolición se unió la amenaza de traslado forzoso de la comunidad. 

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No estamos en venta, la dignidad de las personas refugiadas de Palestina no tiene precio

UNRWA proporciona ayuda humanitaria a 5,4 millones de refugiados de Palestina que viven en Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano y Jordania.

El domingo, nuestra directora se vio obligada a dar en este medio una noticia a la que nos hemos resistido durante meses: “El dinero para educación y alimentos de los refugiados palestinos se acaba: nos queda para un mes”.

Desde que Estados Unidos anunció un recorte de su aportación a  UNRWA de 300 millones de dólares en enero, todos y cada uno de nosotros, los más de 30.000 trabajadores de UNRWA, el 99,8% refugiados, hemos trabajado sin descanso para conseguir esos fondos, para evitar que esta decisión políticamente motivada se tradujera en dramáticos e injustos recortes de ayuda humanitaria para la población refugiada de Palestina.

Mientras continúa el trasiego político, las negociaciones, las guerras… hay 5 millones de personas que sufren. 5 millones de personas que en muchos casos dependen de nuestra ayuda humanitaria y que van a sufrir como nadie las consecuencias de la crisis de financiación a la que UNRWA se ha visto abocada por el recorte de la administración de Trump. 5 millones de personas que llevan, en definitiva, 70 años esperando a que la comunidad internacional ofrezca una solución. 

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