Para miles de niños y niñas huérfanos en Gaza, sobrevivir a la violencia es solo el principio
Wafaa al-Attar, de diez años, salió de su casa durante unos minutos para cargar el teléfono de su padre en la vivienda de su tío, situada al lado. Apenas había cruzado la calle cuando un ataque aéreo israelí alcanzó la casa de su familia en Deir al-Balah, en el centro de la franja de Gaza, y acabó con la vida de toda su familia. Su padre, Ahmed; su madre, Khouloud; su hermana Rital, de ocho años; y sus tres hermanos, Muhammed, de cinco años, Obada, de tres, y Yazan, de nueve meses, desaparecieron “en un abrir y cerrar de ojos”.
“Mi padre estaba hablando por teléfono y, como no había electricidad para cargarlo, el móvil se apagó mientras hablaba. Me dijo: ”Ve a casa de tu tío, que está al lado, y cárgalo allí“”, recuerda Wafaa. “Me fui a casa de mi tío, que eran nuestros vecinos. Estaba a punto de entrar cuando bombardearon nuestra casa. Los escombros me cayeron sobre la cabeza e inhalé azufre. Me di la vuelta y vi que habían bombardeado nuestro hogar. Empecé a gritar. No podía entender lo que estaba viendo”.
Wafaa sufrió una herida leve en la cabeza a causa de la metralla. Pero, mientras intentaba salir de la zona, vio algo que todavía le cuesta describir. Una de sus familiares por parte de madre había muerto y yacía en el suelo. “La habían matado y estaba tendida en el suelo. No podía asimilar lo que estaba viendo”, cuenta. “Empecé a gritar muy fuerte y alguien vino y me llevó en brazos hasta la ambulancia. Cuando subí, otra de las familiares de mi madre estaba sentada frente a mí. Tenía la cara quemada”.
En el hospital, Wafaa no dejaba de preguntarle a su tío por sus padres y sus hermanos. Finalmente, su tío le dijo: “Que Dios tenga misericordia de ellos. Que Dios te compense con algo mejor”.
Wafaa dejó de llorar. Se quedó en silencio.
“¿Todos a la vez?”, recuerda haber pensado. “¿Cómo pudieron irse en un instante? Apenas unos momentos antes estaba sentada con ellos”, cuenta. “No podía asimilarlo. Permanecí en silencio hasta que llegué a casa de mi abuelo, unas tres horas después. Durante todo ese tiempo, no lograba comprender lo que había sucedido”.
Antes del ataque, la familia de Wafaa ya vivía bajo el miedo y el hambre provocados por la ofensiva. Habían abierto las puertas de su casa a familiares desplazados de la ciudad de Gaza, y más de diez familias se hacinaban en su interior. Sin embargo, Wafaa recuerda aquella época como más llevadera que lo que vino después.
La casa estaba llena. Escaseaba la comida y todo el mundo tenía miedo, pero sus padres seguían allí. Todavía tenía a alguien a quien acudir. “Para mí, aquello era más fácil que la etapa que vino después de perderlos, porque me sentía tranquila al tener allí a mi madre y a mi padre”, asegura la niña.
Con solo diez años, lloraba constantemente. “Había momentos en los que pensaba: ”Ojalá hubiera estado con ellos. Ojalá no hubiera salido de casa. Me habría ido con ellos y habría descansado“”.
“Hasta ahora no he conseguido comprenderlo. Pero cuando una persona tiene a alguien que la apoya y le da fuerzas, puede salir adelante”, añade. Ese apoyo llegó de la mano de su tío y de la esposa de este, que la acogieron tras la pérdida. Hoy, Wafaa vive con su tío y los dos hijos pequeños de este, de cuatro años y de un año y medio. “No habría podido superar esta etapa sin la esposa de mi tío”, afirma. “Me ayudó, me apoyó y me brindó apoyo psicológico”.
Wafaa es una refugiada palestina y conoce a UNRWA desde que era muy pequeña. Recuerda perfectamente los paquetes de alimentos que recibía su familia por parte de la Agencia. Esta ayuda ha formado parte de su infancia y de su vida familiar.
Durante la ofensiva, UNRWA ha proporcionado ayuda alimentaria a más de 1,7 millones de personas en Gaza. Esta asistencia ha sido un sustento vital para muchas familias que se enfrentaban al hambre, tras perderlo todo y en mitad del asedio.
Una infancia marcada por la pérdida
La historia de Wafaa es una entre miles. Desde octubre de 2023, más de 58.000 niños y niñas han perdido a uno o ambos padres. Estas pérdidas, junto al desplazamiento, el hambre y la falta de acceso a servicios y artículos esenciales sigue condicionando todos los aspectos de la vida de los menores.
Casi tres años después, Wafaa intenta construir un futuro a partir de la vida que su padre había imaginado para ella. “Quiero ser dentista porque mi padre quería que me convirtiera en médica”, afirma.
“Nada puede describir lo que se siente al encontrarte de repente sola, al convertirte en alguien a quien la gente llama huérfana. Pero nada mantendrá a mi familia más presente en mi corazón que convertirme en la hija que siempre esperaron que fuera”.
Sobre este blog
UNRWA es la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Medio. Desde 1949 trabajamos para proporcionar asistencia, protección y defensa a más de 6 millones de refugiados y refugiadas de Palestina, que representan más de la quinta parte de los refugiados del mundo y que actualmente viven en campamentos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria y el territorio Palestino ocupado (la franja de Gaza y Cisjordania), a la espera de una solución pacífica y duradera a su difícil situación.
0