Zamora: del románico al modernismo en un fin de semana

La catedral de Zamora.

Roberto Ruiz


Al pensar en Zamora muchas veces el protagonismo de su Semana Santa, una de las más famosas de España, esconde todo lo demás. Y es cierto que es una de sus celebraciones más multitudinarias y que en ella procesionan hasta 30.000 personas, que supone el 50% de su población, pero hay mucho más fuera de esas fechas por las que Zamora se merece un pequeño viaje en el que descubrir el resto de sus encantos. Zamora ofrece historia, gastronomía, cultura, tradición y arte urbano. Pero si hay algo que destaca en sus calles, y que podremos descubrir en una escapada de fin de semana, es su contraste arquitectónico.

El lado más medieval de la ciudad, protagonizado por sus murallas y sus numerosas iglesias románicas, choca de frente contra una importante corriente modernista que transformó sus calles en el siglo XIX. Y a ello, además, se suman los diferentes murales que decoran la ciudad haciendo referencia a personajes, tradiciones y acontecimientos que marcaron el devenir de Zamora a lo largo de su historia.

Un paseo por Zamora nos llevará por sus calles laberínticas rodeadas de murallas, por sus tranquilas plazas e incluso por miradores que se asoman al Duero y su puente de piedra. Por calles prácticamente cortadas al tráfico podremos recorrer la ciudad, pasar por su monumental Plaza Mayor, su castillo, las puertas de su muralla y conocer la famosa calle Balborraz, que con su curiosa pendiente y animada vida es considerada una de las más bonitas del país. Podremos visitar el Palacio de los Momos, hoy Palacio de Justicia, y pasar cómo no por el Palacio y Puerta de Doña Urraca. 

Pero además no tardarás en descubrir que Zamora es también tierra de vino, y que la propia ciudad o tiendas gastronómicas como La Abacería, donde podrás comprar algún producto típico para llevar a casa, forman parte de la Ruta del Vino de Zamora. Un plan infalible para combinar gastronomía, turismo rural, patrimonio cultural, tradiciones y naturaleza a través de todo lo que tienen que ofrecer las bodegas y pequeñas empresas que se han asociado para dar a conocer los productos de su tierra.

Aunque si lo que buscas es sumergirte en la ciudad de Zamora durante un par de días para apreciar bien todos sus contrastes, te será interesante diferenciar sus dos caras más conocidas: la de la Zamora del románico y la Zamora del modernismo. Solo así podrás saltar de la arquitectura del siglo XII a la del siglo XIX con solo pasear entre sus calles.

La Zamora del románico

Zamora la podemos considerar la capital del románico, pues el legado de este estilo arquitectónico es abrumador. En ella encontramos ni más ni menos que 23 iglesias románicas, pero llegó a tener más de 40 y muchas aguantaron hasta principios del siglo XX. De hecho, si hoy a tu paso encuentras una plaza con nombre de santo, lo más probable es que en ese lugar se levantase antiguamente una iglesia románica. Por lo general, todas las construcciones que siguen en pie pertenecen a un románico tardío, de entre mediados del siglo XII y principios del XIII, pues las más antiguas fueron derribadas con el paso de los años. Y como verás, llama la atención la variedad de románicos que se concentran en tan poco espacio, y es que se deja notar una gran influencia francesa en sus elementos, pues la repoblación de la ciudad tuvo origen en el norte de España y el sur de Francia.

Iglesias hay muchas y probablemente no te dé tiempo a verlas todas en solo un fin de semana, pero si quieres centrar el tiro, asegúrate de al menos acercarte a conocer las que te vamos a proponer a continuación, ya que son algunas de las más destacadas. Si has llegado a Zamora y aún no te ha dado tiempo a pasar por una oficina de turismo donde hacerte con un mapa de la ciudad, te vendrá bien tener a mano este mapa turístico de Zamora para situarte. Pero ten clara una cosa, para comenzar tu ruta del románico de Zamora tu punto de partida es indiscutible: su propia catedral. 

  • La catedral de Zamora

Para empezar, hemos de saber que la catedral solo conserva parte de su románico pues un gran incendio en el siglo XVI hizo que tuviese que ser reconstruida. Pero eso sí, en los elementos que aún perduran vemos que es un románico especialmente simple, lejos del románico didáctico, y muy influenciado por el arte cisterciense y de clara inspiración francesa, como podemos ver en su cimborrio, de influencia bizantina y con escamas de piedra. El templo es de planta de cruz latina, con tres naves, y cuenta con dos cúpulas independientes. Las puertas de estilo plateresco son una verdadera preciosidad y el coro, del siglo XVI, no llama menos la atención. Además del propio edificio de la catedral no te pierdas su plaza y el Museo Catedralicio, donde se guarda una espectacular colección de tapices flamencos.

  • Iglesia de Santa Lucía

Data de finales del siglo XII y se levantó junto a los barrios bajos de la ciudad, donde tenían lugar actividades artesanales como la alfarería. De la construcción original solo se conserva el muro norte, coronado por un alero con canecillos muy simples, y el paso de los siglos ha hecho que sus tres naves se convirtieran en una y se muestre elementos góticos y barrocos. En la actualidad funciona como lapidario visitable del Museo de Zamora.

  • Iglesia de San Isidoro del Carmen

La iglesia del Carmen de San Isidoro es uno de los templos más destacados de la ciudad y se encuentra junto al Portillo de la Lealtad, muy cerca del castillo. Fue levantado a mediados del siglo XII y mantiene el paramento septentrional, con alero ajedrezado y canecillos sencillos. El resto del edificio es de la primera mitad del siglo XIII y la espadaña es de inicios del XIX.

  • Iglesia de San Cipriano

Pertenece a la primera mitad del siglo XII y, aunque tuvo tres naves, solo se conserva una. Llama la atención por su torre coronada por un chapitel de pizarra y conserva algunos restos pictóricos en su interior del siglo XIV.

  • Iglesia de la Magdalena

Para muchos, esta es la iglesia románica más bonita de la ciudad, y su elegancia, sus motivos decorativos y su ábside son grandes responsables de ello. Data de la segunda mitad del siglo XII y su interior recoge un singular ejemplo de la escultura funeraria románica de la época. Llama la atención por su esbeltez, con una sola nave, y los problemas de estabilidad pudieron motivar los contrafuertes que la mantienen en pie. 

  • Iglesia de San Juan de Puerta Nueva

Ubicada en la Plaza Mayor, la iglesia de San Juan de Puerta Nueva, de principios del siglo XII, se alza junto al recinto amurallado más antiguo de la ciudad. En el siglo XVI las tres naves originales quedaron reducidas a una sola tras el hundimiento de la torre, por lo que combina sus restos románicos con otros estilos posteriores. Estando donde está, es imposible que no dediques parte de tu visita a admirarla.

  • Iglesia de Santa María la Nueva

Pertenece a principios del siglo XII y se ubica en un espacio histórico de la ciudad medieval, pues aquí en 1168 tuvo lugar el “motín de la trucha”, una revuelta popular contra los nobles que incendió el viejo edificio que ocupaba este lugar. El templo llama la atención por su ábside semicircular, rodeado por media docena de columnillas adosadas con toscos capiteles. La portada meridional se considera perteneciente al templo original y conserva su diseño de medio punto. Prospecciones arqueológicas han revelado que en su origen la torre estaba separada del resto del edificio.

  • Iglesia de San Pedro y San Ildefonso

Fue levantada sobre una iglesia visigoda y pasó a ser románica en el siglo XII. Se encuentra en pleno corazón de la ciudad medieval y en el siglo XV sufrió modificaciones que dejaron poco de su origen románico. Sin embargo, aún se pueden apreciar detalles como el muro sur, el ábside central semicircular, el hastial, la portada norte que permanece tras la actual neoclásica y la portada meridional.

Y la Zamora del modernismo

Del románico del siglo XII saltamos al modernismo del siglo XIX, pues el importante desarrollo urbanístico que vivió la ciudad en este periodo también marcó su arquitectura para siempre. El auge económico de los cereales, la llegada del ferrocarril y la aparición de nuevas industrias hicieron que la burguesía creciera en Zamora. Eso unido a una serie de autoridades preocupadas por mejorar la ciudad trajo consigo la llegada de reconocidos arquitectos que dejaron su impronta en diversos edificios.

Aparecieron las líneas curvas, la mezcla de materiales, los contrastes de color y la decoración animal y vegetal. Algo absolutamente rompedor en la arquitectura tradicional zamorana, y eso le permitió a la ciudad convertirse en uno de los municipios que forman parte de la Ruta Europea del Modernismo. Aunque fueron varios los arquitectos que dieron forma al rejuvenecimiento de la ciudad hubo un principal responsable de todo ello: Francese Ferriol i Carreras. Llegó desde Barcelona lleno de modernidad y ejerció como arquitecto municipal durante ocho años entre 1908 y 1916, y en ese periodo es cuando se levantaron la mayor parte de los edificios modernistas que hoy puedes ver en Zamora. Suyos son el Laboratorio Municipal, la casa Montero, la casa de Juan Gato, la casa de Faustina Leirado, la casa de Mariano López, la casa de Gregorio Prada, la casa de Norberto Macho, la de Crisanto Aguiar, el edificio de la calle Travesía, la forja de la casa Martín de Horna, la casa de Valentín Matilla, la casa Tejedor y el cierre del jardín de la casa de Miguel Hervilla. Con este plano de la Zamora del modernismo en la mano las encontrarás todas.

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