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Arribes del Duero: el espectacular 'Gran Cañón' que separa España y Portugal

El Parque Natural de Arribes del Duero, desde las inmediaciones de Fermoselle.

Roberto Ruiz

27 de febrero de 2026 22:19 h

En el oeste de Salamanca y Zamora, en la frontera con Portugal, hay un tramo del río Duero en el que el paisaje cambia por completo. La llanura deja paso a cañones profundos, carreteras estrechas y pueblos pequeños que aparecen medio escondidos. Es la zona conocida como las Arribes del Duero, o los Arribes del Duero, un territorio desconocido para muchos y, sin embargo, uno de los más llamativos del interior de Castilla y León.

Todo este entorno está protegido como Parque Natural de Arribes del Duero y forma parte también de la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta Ibérica. El responsable de este paisaje es el propio Duero, que durante millones de años ha ido excavando la roca hasta formar cañones con grandes desniveles. Eso, además, ha creado un microclima propio en el fondo del valle, donde es habitual ver cultivos raros de encontrar en estas latitudes

Hoy, recorrer las Arribes es sobre todo ir enlazando miradores, acercarse a pueblos con mucha historia, hacer alguna ruta sencilla o visitar lugares tan conocidos como el Pozo de los Humos. Además, siempre es interesante navegar por el propio cañón para contemplarlo con una perspectiva totalmente diferente, y así completar una escapada llena de paisajes para descubrir uno de los entornos más singulares de toda Castilla y León.

Banco Hullón en Arribes del Duero.

Un paisaje modelado por el Duero

Para entender qué son las Arribes hay que fijarse en el río. Durante millones de años, el Duero ha ido erosionando la roca hasta crear un cañón que, en algunos puntos, alcanza varios cientos de metros de profundidad. Lo más curioso es que todo esto sucede en plena meseta, en un entorno que, unos pocos kilómetros antes, es prácticamente llano.

Ese desnivel tan acusado hace que el paisaje cambie mucho en poco tiempo. Desde arriba, lo que se ve es una sucesión de cortados y barrancos. Desde abajo, el río queda encajonado entre paredes de roca y la sensación es completamente distinta, porque además el fondo del cañón tiene temperaturas más suaves y ha permitido tradicionalmente el cultivo de viñedos, olivos y almendros. No es raro ver bancales en pendientes muy pronunciadas, aprovechando cada metro de terreno disponible.

Al recorrer la zona y ver cómo el terreno se rompe de forma brusca, es cuando aparecen muchos de los lugares más interesantes de la visita.

Mirador del Fraile, en Arribes del Duero.

Miradores: las vistas más espectaculares

Una de las mejores formas de descubrir las Arribes es acercarse a sus miradores. Hay muchos y la mayoría son accesibles en coche, con pequeños caminos o paseos cortos hasta el punto desde el que se obtiene la panorámica.

Uno de los más conocidos es el mirador del Picón de Felipe, cerca de Aldeadávila de la Ribera. Desde aquí se ve el cañón en toda su dimensión y también la presa, una de las infraestructuras hidroeléctricas más importantes del Duero. Muy cerca está el mirador del Fraile, otro de los imprescindibles, con una vista abierta del río encajonado entre paredes de roca.

También merece la pena parar en el mirador del castillo de Fermoselle, que permite ver el Duero desde una posición elevada, o acercarse a algunos de los miradores de la zona de Mieza, que ofrecen perspectivas diferentes del cañón. Y si se cruza a Portugal, el mirador de Penedo Durão es uno de los más recomendables, con vistas amplias y frecuentes avistamientos de aves.

Lo bueno es que no hace falta hacer grandes rutas para disfrutar de estas vistas, pues en muchos casos basta con desviarse unos minutos de la carretera.

Fermoselle, uno de los pueblos más característicos de Arribes del Duero.

Pueblos con historia y tradición

Además del paisaje, una parte importante del viaje está en los pueblos. Son pequeños, tranquilos y conservan bastante bien su arquitectura tradicional.

El más conocido es Fermoselle, considerado uno de los núcleos históricos más importantes de la zona. Sus calles son estrechas, con casas de piedra, y bajo muchas de ellas se esconden bodegas excavadas en la roca. Pasear sin rumbo fijo es la mejor forma de conocerlo, asomándose también a sus miradores y parando en alguna de sus plazas.

Otro pueblo interesante es San Felices de los Gallegos, con un centro histórico bien conservado y un castillo que recuerda su importancia estratégica en el pasado. También Aldeadávila de la Ribera es una buena base para explorar la zona, sobre todo por su cercanía a varios de los miradores más conocidos y a la presa.

En cualquiera de ellos no hacen falta excusas para parar a comer y probar algunos productos locales, como embutidos, quesos o vinos con Denominación de Origen Arribes, que se elaboran desde hace siglos aprovechando las condiciones especiales del terreno.

Y si apetece ampliar el recorrido, siempre se puede cruzar fácilmente a Portugal para conocer Miranda do Douro, que solo por su casco histórico y sus vistas al río, ya merece una visita. 

La cascada del Pozo de los Humos, en Arribes del Duero.

Senderismo y el Pozo de los Humos

Las Arribes son también un buen destino para caminar. Hay muchas rutas señalizadas, de distinta longitud y dificultad, que permiten recorrer el parque natural con calma.

Uno de los lugares más visitados de las Arribes es el Pozo de los Humos, una cascada de más de 40 metros de altura que se forma en el curso del río Uces, uno de los afluentes del Duero. Podemos llegar desde Masueco a través de una ruta de senderismo corta, con pasarelas y miradores, y también desde Pereña de la Ribera, que nos ofrecerá una vista un poco más alejada pero de la cascada completa. Dependiendo de la época del año y del caudal, la imagen cambia bastante, pero siempre es una de las visitas más recomendables, sobre todo en invierno y primavera.

Para caminatas más largas, una de las rutas más conocidas es el Camino de Hierro, un recorrido que sigue el trazado de una antigua línea de tren y que atraviesa túneles y puentes hasta llegar al Duero. Es una ruta larga, de 17 km, pero muy interesante por el entorno por el que pasa.

También tienes el GR-14 y su variante GR-14.1, que cruzan el Parque Natural de norte a sur y puedes aprovechar algunos de sus tramos, todos señalizados. Aunque si lo prefieres, hay senderos más cortos y sencillos, muchos de ellos conectando miradores o descendiendo hacia el río. El sendero de las Merchanas, en Bermellar, o el que lleva al mirador de las Barrancas, en Fariza, son fácilmente accesibles y muy recomendables. 

En estos recorridos es fácil ver algunas de las especies más características de la zona. En el cielo, es habitual observar buitres leonados planeando, y con algo de suerte también otras aves como la cigüeña negra o el águila perdicera. A tu alrededor irás dejando encinas, olivos y almendros, especialmente en las zonas más resguardadas del cañón.

El Duero desde el agua.

El Duero desde el agua

Otra forma diferente de descubrir las Arribes es navegando por el propio río. Desde Miranda do Douro tienes el Crucero Ambiental, de la Estación Biológica Internacional, que te lleva por el Duero durante una hora y finaliza con degustación de vinos de Oporto, y desde el entorno de Fermoselle puedes optar por otros cruceros fluviales, normalmente de dos horas de duración, o incluso más.

Durante el trayecto se avanza entre las paredes de roca, permitiéndonos ver el paisaje desde abajo y entender mejor su tamaño. Además, es habitual ver aves en las zonas altas del cañón sobrevolando las cabezas. Es una actividad sencilla, apta para todo tipo de visitantes, y una buena manera de completar la escapada con una perspectiva distinta.

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