La espectacular piscina natural de Huesca perfecta para una escapada antes de terminar el verano

Salto de Pozán de Vero

Sofía Toraya

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A medida que el verano va terminando y el calor comienza a reducirse suavemente, surge el deseo de buscar rincones para culminar la temporada estival. Espacios fluviales donde el sonido del agua es constante y parece reemplazar el ajetreo de las grandes ciudades y del día a día. En el corazón de la comarca del Somontano de Barbastro, a las puertas del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, se encuentra una de las joyas acuáticas de la provincia. A unos 55 kilómetros está la ciudad de Huesca, lo que convierte este lugar en una alternativa para quienes se alojan durante unos días en ella.

Este paraje combina la ingeniería hidráulica del siglo XVI y la fuerza del río Vero en una simbiosis que crea un paisaje marcado por la tranquilidad, una de las características que buscan quienes eligen este destino para despedirse de uno de los veranos más calurosos que ha azotado la Península Ibérica.

A diferencia de otros pozos puramente salvajes y sin intervención humana, el Salto de Pozán de Vero posee un atractivo unido a la historia humana. El elemento principal de este enclave es un azud hidráulico que se construyó en el siglo XVI y que hoy en día sigue en pie. Su altura supera los seis metros y esta gran pared se levantó originalmente para desviar el caudal del río Vero hacia la Acequia San Marcos. De esta manera, se permitía abastecer a las plantaciones de la zona y que los antiguos molinos pudieran cumplir con su trabajo.

Con el tiempo, el agua ha ido moldeando una piscina natural. La cascada cae con fuerza y forma una enorme poza de agua cristalina con tonos verdes y azules. Al romper contra las rocas, el flujo crea una brisa fría constante que, en los días de mucho calor, permite refrescarse y aliviar las altas temperaturas.

Bañarse o tomarse un descanso

Sumergirse en la poza del Salto de Pozán de Vero es una experiencia reconfortante. El río Vero nace en los cañones calcáreos de Guara y, de esta manera, presenta en este tramo una corriente más pausada y templada que en sus cursos altos, aunque conserva esa pureza cristalina tan característica. La poza, de dimensiones generosas y amplias, permite nadar con comodidad y contemplar desde el agua la majestuosidad del salto y los cortados rocosos que custodian el margen del río.

Algunos visitantes se acercan con precaución hasta la base de la cascada para sentir el agua caer sobre sus cuerpos. Mientras tanto, las orillas formadas por losas de piedra pulida y zonas de grava, sombreadas por chopos, sauces y fresnos, ofrecen espacio para tender la toalla, relajarse con la lectura de un libro o simplemente dejar pasar el tiempo mientras se escucha el sonido del agua.

También es importante conocer el acceso y las posibilidades de aparcamiento. Se puede estacionar en las zonas habilitadas dentro del casco urbano del pueblo de Pozán de Vero o en el Parking Salto de Pozán de Vero. Desde este último, la distancia es de unos cinco minutos, mientras que desde el centro del pueblo son aproximadamente quince minutos. Es recomendable utilizar escarpines o calzado específico para evitar resbalones o caídas.

El atractivo del Salto de Pozán de Vero no se limita al baño refrescante. El entorno natural que lo rodea cuenta con una amplia biodiversidad e invita al paseo y al descubrimiento de la vegetación de la zona. Para los amantes del senderismo existe un recorrido familiar y sencillo, una pequeña ruta de bajo desnivel que conecta la localidad de Pozán de Vero con Castillazuelo, discurriendo paralela al cauce del río.

Orquídea.

Uno de los lugares más destacados junto al Salto de Pozán de Vero es el recorrido conocido como “El Jardín de las Orquídeas”. Entre la fronda del bosque de ribera y los claros de matorral mediterráneo proliferan diversas especies de orquídeas silvestres, que florecen llenando de color los márgenes de los caminos. Este ecosistema natural se mantiene gracias a la humedad que llega del río y a la suave topografía del lugar, además de albergar fauna aviar. Es habitual divisar al martín pescador, observar el vuelo del milano real sobre los cantiles o escuchar el canto de los ruiseñores entre el follaje.

Enoturismo y patrimonio

Para completar la experiencia en el Salto de Pozán de Vero también se puede conocer la gastronomía y las bebidas que caracterizan a esta tierra aragonesa. Para ello es necesario desplazarse hasta Barbastro, situado a apenas quince minutos en coche. La comarca del Somontano es mundialmente conocida por su Denominación de Origen protegida de vinos.

Tras una mañana de baños y una ruta por la naturaleza, el viajero puede visitar alguna de las bodegas familiares de la zona y realizar catas de sus blancos frescos y aromáticos, así como de tintos elaborados con uvas autóctonas como la Parraleta y la Moristel. A ello se suman quesos artesanales, aceites de oliva virgen extra de variedades locales como la Verdiella o el tomate rosa de Barbastro, muy conocido y valorado tanto por los visitantes que pasan unos días en la zona como por los propios habitantes.

Pozan de Vero.

Asimismo, se puede pasear por el propio pueblo y conocer su arquitectura, sus calles estrechas, sus conocidas casas con escudos nobiliarios, la Iglesia parroquial de La Asunción o la ermita de San Macario. Desde esta última es posible contemplar una panorámica del valle medio del Vero, de la Sierra de Salinas y de los viñedos.

Antes de que el calendario marque el regreso definitivo a las rutinas de la época otoñal, dedicar un día a visitar el Salto de Pozán de Vero puede ser una opción para despedir el verano. Se recomienda acudir hasta el inicio del otoño, inclusive, debido a que las temperaturas son aptas y permiten disfrutar del entorno.

Este lugar de Huesca combina su historia renacentista, reflejada en su azud, con el descubrimiento de la flora en la ruta de las orquídeas, el vino de la zona y la frescura de sus aguas turquesas, formando una alternativa para quienes buscan terminar la temporada estival en este entorno.

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