Qué ver en la isla del archipiélago canario que es Reserva de la Biosfera y cuenta con un idioma Patrimonio de la Humanidad

Roque de Agando.

Sofía Toraya

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Oculta en el interior del archipiélago canario se encuentra una de las islas más desconocidas de España. En mitad del extenso océano Atlántico se esconde La Gomera. Con poco más de veinte mil habitantes y una extensión territorial de 369,76 kilómetros cuadrados repletos de historia y naturaleza, la isla permite apreciar paisajes excepcionales y difíciles de encontrar en otros lugares del propio archipiélago, presentándose al viajero como un refugio para desconectar y vivir experiencias diferentes.

Descubrir esta isla canaria implica adentrarse en un entorno marcado por una orografía abrupta, con importantes desniveles, parajes singulares y una profunda identidad ligada a sus habitantes. Desde los primeros pobladores aborígenes hasta la sociedad actual, la isla atesora cientos de años de memoria presentes en muchos de sus rincones. No se puede comparar con La Graciosa —que no cuenta con carreteras asfaltadas— o El Hierro, pero sí se puede decir que es una isla que cuenta con un elevado grado de conservación.

El clima en La Gomera es cálido y constante, bajo el influjo directo y continuo de unos vientos alisios que no solamente refrescan y suavizan las temperaturas insulares, sino que también proporcionan la humedad necesaria para mantener vivos los bosques milenarios del interior. El entorno ha convertido a la isla en un lugar adecuado para desconectar de la rutina diaria, dejar atrás el estrés, olvidar los problemas del día a día y renovar energías, ya sea caminando entre la bruma del monte o descansando en sus playas de arena volcánica y aguas cristalinas.

El Parque Nacional de Garajonay

En el corazón geográfico del territorio se sitúa una de las principales joyas naturales de la isla: el Parque Nacional de Garajonay, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1986. Este espacio protegido es un santuario botánico donde se conservan frondosos bosques de laurisilva, una masa vegetal prehistórica que data del periodo terciario.

El Parque Nacional de Garajonay.

Hace millones de años, los bosques de laurisilva cubrían gran parte de la cuenca mediterránea. Hoy en día, han logrado sobrevivir en La Gomera gracias a las condiciones de humedad y temperatura generadas por los alisios. Junto a la laurisilva se desarrollan grandes palmerales, muy característicos de las islas, y otras variaciones vegetales que configuran un paisaje primitivo que se ha conservado con el paso de los siglos.

La huella volcánica puede apreciarse prácticamente en cualquier lugar de la isla que se decida recorrer, ya que esta es una de las singularidades de su paisaje. El terreno insular se articula a través de una intrincada red de profundos barrancos, enormes muros de piedra y valles verticales que descienden directamente hacia el mar, moldeando paisajes muy característicos.

Uno de los exponentes de arquitectura natural más conocidos entre los visitantes es el Monumento Natural de Los Órganos, situado en la costa del municipio de Vallehermoso. Esta pared junto al mar es consecuencia directa del enfriamiento de la lava, junto con la erosión continua provocada por el agua y el viento, así como las explosiones volcánicas que ocurrieron hace más de dos millones de años. Las rocas han formado una silueta alineada que recuerda a los grandes tubos de un órgano catedralicio que caen sobre el mar.

Monumento Natural de Los Órganos.

Como en todo territorio insular, el empuje del océano ha esculpido un litoral lleno de matices, con playas variadas y calas singulares. Destacan las de arena negra volcánica por su color, situadas al pie de grandes barrancos y accesibles, en ocasiones, únicamente por embarcación.

Para explorar este terreno agreste de punta a punta, la isla cuenta con una red de senderos que conecta distintos rincones, permitiendo a los caminantes recorrer a pie la distancia que separa las cumbres más elevadas del nivel del mar. Uno de los casos es el municipio de Alajeró, conocido como “el sendero del sur” debido a las rutas que atraviesan sus acantilados y barrancos, y en cuyo territorio se encuentra el Monumento Natural de La Caldera, exponente de la mayor muestra volcánica del lugar.

Municipios de La Gomera

La personalidad de la isla se manifiesta claramente en la diversidad de sus municipios, donde cada rincón aporta una perspectiva diferente del paisaje y de la historia insular. En el norte se sitúa Agulo, un enclave donde se pueden ver diversos lugares como el mirador de Abrante —una pasarela situada a 600 metros de altitud—, recorrer su casco histórico, conocer la Iglesia de San Marcos —un templo de estilo neogótico con cúpulas blancas—, visitar las exposiciones del Centro de Visitantes Juego de Bolas, o acercarse al Pescante de Agulo, formado por antiguas estructuras de hormigón situadas junto al mar que se utilizaban para embarcar productos.

Por su parte, Alajeró destaca por sus vertiginosos barrancos y acantilados marinos. Los acantilados de la cala de Erese son un ejemplo de ello. Pero no todo son acantilados, ya que también se encuentra la Ermita de San Isidro, situada en la montaña de El Calvario. Si lo que se prefiere es una tarde de playa, junto al espigón de Santiago se encuentra la playa que recibe este mismo nombre. Es una opción para darse un baño o practicar submarinismo, ya que sus aguas son muy limpias.

Vallehermoso, un municipio de gran extensión, conecta zonas de alta montaña con paisajes agrícolas. Algunos de los puntos que se pueden visitar son el Monumento Natural del Roque Cano, la plaza de la Constitución y todo el casco histórico que la rodea, la iglesia de San Juan Bautista, el jardín botánico —lleno de plantas autóctonas y de diversas regiones del mundo vinculadas a la era de los descubrimientos marítimos—, el Parque Marítimo de Vallehermoso o la presa de La Encantadora. A ello se suma el anteriormente mencionado Monumento Natural de Los Órganos.

Jardín botánico.

Tampoco se puede olvidar que en el litoral destaca la Playa de la Caleta, situada en el municipio de Hermigua, como un espacio representativo de los entornos costeros gomeros. Cuenta con arena volcánica, servicios completos y un entorno protegido de aguas cristalinas que invita al descanso.

Una forma de comunicación única

El Silbo Gomero representa una de las expresiones más características del ingenio de los habitantes de la isla para adaptarse a un relieve vertiginoso. Este lenguaje ha pasado de generación en generación como un símbolo de cohesión comunitaria y permite comunicarse entre personas aunque exista una gran distancia de por medio. Cuenta con reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial, lo que no solamente protege una joya etnográfica, sino que también refleja la unión del pueblo gomero con su entorno, con la naturaleza que lo rodea y con unas tradiciones que siguen vivas pese al paso de los años.

La Gomera se consolida como un destino donde la naturaleza milenaria, el legado volcánico y la identidad cultural conviven en un mismo territorio. Desde los frondosos bosques de laurisilva de Garajonay hasta sus costas y sus municipios, diferentes entre sí pero vinculados por una misma identidad. Un refugio en el Atlántico marcado por su paisaje, su gente y su patrimonio.

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