Marruecos en Semana Santa: una ruta de nueve días entre medinas, desiertos y montañas
Semana Santa es, posiblemente, uno de los mejores momentos del año para viajar a Marruecos. No hace el calor extremo del verano, y aunque las noches en el desierto son frescas y las montañas del Atlas pueden conservar algo de nieve en las cumbres, los días son lo suficientemente largos y las temperaturas agradables. Además, si sumas los fines de semana, es relativamente fácil disponer de ocho o nueve días reales, el tiempo justo para hacer una ruta completa sin ir a la carrera.
Para viajar a Marruecos la clave está en plantear bien el recorrido y decidir el medio de transporte. Podemos cruzar con nuestro propio vehículo en ferri, pero si queremos llegar a Marrakech y al desierto de Merzouga tendríamos que hacer una ruta circular que, aun siendo viable, implicaría un importante atracón de kilómetros y visitas demasiado rápidas. Así que te vamos a proponer otra opción: volar a Marrakech, alquilar allí un coche, y hacer un viaje lineal hasta terminar en Tánger, desde donde volveríamos en avión a casa. Devolver el coche en un lugar diferente al de recogida conllevará un extra económico, pero suele merecer la pena.
La propuesta seguiría la siguiente ruta: empezar en Marrakech, cruzar el Atlas hacia el sur, dormir en el desierto, enlazar con Fez tras una gran jornada de carretera y terminar en el norte, en Chefchaouen y Tánger. Una ruta lineal, sin deshacer camino, que en poco más de una semana te llevará de las medinas bulliciosas a las gargantas de roca, de los palmerales infinitos a las dunas, y de ahí a bosques de cedros y ciudades imperiales. Todo en un país al alcance de la mano, tan cercano como lleno de contrastes.
Días 1 y 2: Marrakech
La ruta comienza en Marrakech, que para muchos viajeros es la puerta de entrada a Marruecos y, probablemente, la ciudad más famosa del país. Nada más llegar, lo mejor es tomarse el primer día con calma, dedicarlo a dar un paseo por la medina, empezar a orientarse entre callejuelas y terminar la jornada cenando en la animada plaza de Jemaa el-Fna.
El segundo día es el momento de dedicar tiempo a descubrir la ciudad con más profundidad. Marrakech es una ciudad muy viva, que está en movimiento desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. Gran parte de los lugares imprescindibles se concentran dentro de la medina, donde puedes visitar espacios como la madrasa Ben Youssef, el Palacio de la Bahía o las Tumbas Saadíes, además de perderte por los zocos llenos de especias, telas y talleres artesanos. Y sí, lo de ‘perderte’ en muchas ocasiones es literal.
Más allá de las visitas concretas, una de las mejores formas de conocer Marrakech es simplemente pasear sin rumbo por la medina. Tarde o temprano acabarás en alguno de sus mercados o en alguna pequeña plaza llena de colores y olores, de esas que no aparecen en las guías.
Día 3: Marrakech – Ait Ben Haddou – Ouarzazate
El tercer día comienza realmente el viaje por carretera, así que no interesa coger el coche de alquiler hasta entonces; en Marrakech no lo querrás para nada. Al salir de la ciudad pondrás rumbo al sur cruzando el Alto Atlas por el puerto de montaña de Tizi n’Tichka, a más de 2.200 metros de altura, uno de los pasos más espectaculares de esta cordillera.
Tras atravesar el Atlas llegarás a uno de los lugares más icónicos del sur de Marruecos: Ait Ben Haddou. Este antiguo ksar, algo así como un poblado fortificado de adobe, parece detenido en el tiempo, con torres almenadas y callejuelas de tierra que suben hasta la parte alta de la colina. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, también es conocido por haber sido escenario de películas y series como Gladiator o Juego de Tronos.
Después de recorrerlo con calma, la ruta continúa hacia Ouarzazate. Esta ciudad es famosa por su relación con el cine y por construcciones como la kasbah de Taourirt, una antigua fortaleza que permite hacerse una idea de cómo eran las residencias de los gobernadores de la región. Aquí puedes hacer noche antes de continuar hacia el desierto al día siguiente.
Día 4: Ouarzazate – Gargantas del Dades – Gargantas del Todra – Erfoud
La jornada comienza siguiendo la llamada Ruta de las Mil Kasbahs, una zona donde se suceden pueblos bereberes, palmerales y fortalezas de adobe que forman uno de los paisajes más característicos del sur del país.
La primera parada importante del día son las Gargantas del Dades. La carretera que recorre este valle es conocida por sus curvas y por las curiosas formaciones rocosas de la zona, entre ellas las llamadas “dedos de mono”. Además del paisaje, el propio recorrido por el valle es una de las partes más interesantes de esta etapa.
Más adelante aparecen las Gargantas del Todra, probablemente el cañón más famoso del sur de Marruecos. En algunos tramos, las paredes de roca alcanzan hasta 300 metros de altura, creando un paisaje espectacular que se ha convertido en una de las paradas clásicas de cualquier ruta por esta región.
Desde aquí, la ruta continúa hacia el sureste atravesando palmerales y pequeños pueblos hasta llegar a Erfoud, una localidad conocida por sus fósiles y mármoles. Podríamos llegar hasta Merzouga, pero para entonces ya llevaremos un buen número de kilómetros en el cuerpo y Erfoud es buen sitio para hacer noche antes de entrar definitivamente en el desierto.
Día 5: Erfoud – Merzouga
El quinto día el destino está claro: el desierto. Desde Erfoud apenas queda un pequeño tramo de carretera hasta llegar a Merzouga, la puerta de entrada al desierto de Erg Chebbi. Sus dunas dan lugar uno de los paisajes más icónicos del país. Algunas alcanzan hasta 150 metros de altura y forman un mar de arena dorada que cambia de color según avanza el día.
Lo más recomendable es llevar reservado un alojamiento (los hay de todo tipo y presupuesto) al que podamos llegar con nuestro coche, y desde ahí ser transportados hasta un campamento en medio de las dunas. Allí probablemente te recibirán con el tradicional té bereber antes de la cena y, por la noche, dormirás en una jaima bajo el cielo estrellado del desierto. Para muchos este es uno de los momentos más memorables de toda la ruta, pero ten en cuenta que en el desierto, al ponerse el sol, las temperaturas caen en picado.
Día 6: Merzouga – Fez
Tras despertar temprano en medio del desierto es momento de ponerse en marcha. Este va a ser el día más largo de la ruta, pero también uno de los más interesantes desde el punto de vista paisajístico. Una vez ya de nuevo en tu vehículo, la carretera gira hacia el norte para cruzar el Medio Atlas rumbo a Fez.
Por delante tenemos muchos kilómetros, unos 460, pero merecerá la pena el atracón. Durante el trayecto puedes hacer algunas paradas, por ejemplo en Rissani, antigua capital de Tafilalt y ciudad con una gran importancia histórica, o en alguno de los miradores del Valle del Ziz, desde donde se contemplan extensos palmerales que acompañan el curso del río.
Más adelante el paisaje vuelve a cambiar al entrar en las zonas montañosas del Atlas, donde incluso es posible pasar por localidades como Azrou o Ifrane, cuyas casas con tejados a dos aguas nos recuerdan más a Suiza que a Marruecos, pero no sin antes haber atravesado un espectacular bosque de cedros. Después, por fin, llegaremos a Fez, donde pasaremos dos noches.
Día 7: Fez
Después de tantos kilómetros, Fez merece una jornada completa. Su medina es enorme y está declarada Patrimonio de la Humanidad, un auténtico laberinto de calles donde talleres, mercados y mezquitas forman uno de los centros históricos más fascinantes del país.
Entre los lugares más conocidos están la puerta de Bab Boujeloud, la madrasa Bou Inania o la mezquita Karaouine. Pero si hay un lugar que se ha convertido en símbolo de la ciudad es la Curtiduría Chouwara, donde se siguen trabajando las pieles de forma tradicional y que se ha convertido en uno de los puntos más fotografiados de Fez. Ojo con los olores, que son de los que no se olvidan jamás.
Dedicar un día completo a recorrer su medina es casi imprescindible para entender la ciudad. El reto, casi imposible de cumplir, es no perderse, porque se sabe por dónde se entra pero no por dónde se sale. Para ello, un consejo: para moverte por las medinas descarga mapas offline o usa aplicaciones como Maps.me, que suelen ser más precisas que Google Maps entre muros de piedra.
Día 8: Fez – Chefchaouen
Amanecemos por segundo día en Fez y la ruta continúa hacia el norte, en dirección a las montañas del Rif. Tras unas cuatro horas de carretera se llega a Chefchaouen, una de las ciudades más bonitas y llamativas del país.
Conocida como “la perla azul”, su medina es famosa por las casas y callejuelas pintadas en distintos tonos de azul. Pasear por ellas, descubrir pequeñas plazas o subir a alguno de sus miradores forma parte de la experiencia de visitar esta pequeña localidad. Verás que aquí el ritmo es otro, más calmado y relajado, algo que no viene nada mal tras la frenética Fez.
Día 9: Chefchaouen – Tánger
El último día solo queda un último trayecto por carretera hasta Tánger, a unas dos horas de distancia. Desde aquí puedes regresar a España en ferri hacia puertos como Algeciras o Tarifa, o tomar un vuelo de vuelta desde el aeropuerto de la ciudad. Es el final lógico de una ruta que, en poco más de una semana, conecta algunas de las ciudades más interesantes de Marruecos con paisajes tan distintos como el Atlas, los valles del sur o las dunas de Merzouga.