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La Sevilla de Aníbal González: una ruta por sus edificios más emblemáticos

La Plaza de España de Sevilla.

Se lo conoce como "el arquitecto de Sevilla". Aníbal González hizo tantas cosas en la capital hispalense, y algunas tan importantes, que el sobrenombre lo tiene más que merecido. Cualquiera que visite Sevilla pasará por multitud de sus edificios, a veces sin saberlo, y otros tantos irá expresamente a buscarlos porque su belleza y originalidad han hecho que pasen a la historia como símbolo de la ciudad.

Aníbal González nació en Sevilla en 1876 y estudió Arquitectura en Madrid. En su vida profesional pasó por diferentes etapas, centrándose entre 1909 y 1920 en el historicismo y, en especial, en el neomudéjar. Fue, además, el principal referente de la arquitectura regionalista local. Ladrillo, forja, azulejos… Los elementos se entremezclan para conseguir formas geométricas que llevan una firma característica fácil de distinguir. Un genio que reivindicó los paisajes urbanos, que hizo de la Sevilla histórica una Sevilla historicista y que, a pesar de su éxito, terminó sus días sumido en la pobreza solo unos meses después de inaugurarse el mayor proyecto de su vida: la Exposición Iberoamericana de 1929. Eso sí, la sociedad despidió a Aníbal González en masa.

Su obra es tan extensa que parece infinita. Hizo prácticamente de todo. Y no solo en Sevilla, sino también en otras provincias andaluzas, extremeñas o incluso en Madrid, donde se deja ver su mano en la ampliación del edificio del Diario ABC. Diseñó desde grandes edificios municipales hasta almacenes, de capillas a edificios de viviendas y de pabellones a plazas. Y eso si no contamos además la larga lista de proyectos que no llegaron a hacerse realidad.

Por eso, pasear por Sevilla es pasear por la obra de Aníbal González. Y como muestra, aquí tenemos algunos de sus edificios más representativos. Tenerlos en cuenta en nuestra visita será el mejor homenaje para este maestro Hijo Predilecto de la ciudad.

Aníbal González en la Exposición Iberoamericana de 1929

González fue el arquitecto director de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, una celebración que cambió la ciudad para siempre. Cualquiera que vaya al Parque de María Luisa y sus inmediaciones lo verá con sus propios ojos, y también los edificios más importantes que diseñó a lo largo de su vida.

  • La Plaza de España

Esta es para muchos la construcción más bonita y armoniosa de Sevilla. Símbolo de la ciudad, con permiso de la Giralda, y punto de encuentro para locales y turistas. Entre el ladrillo visto, los artesonados de madera, su estanque y la cerámica azulada reserva un espacio dedicado a cada provincia. Hoy es sede de la Capitanía General y de la delegación del Gobierno Central en Andalucía. 

  • El Pabellón Mudéjar

Es un edificio de postal, sobre todo si lo vemos reflejado en el estanque que reposa a sus pies. Durante la exposición fue el Pabellón de Arte Antiguo y hoy es el ​​Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla. 

  • El Pabellón de Bellas Artes

Justo enfrente del Pabellón Mudéjar está el Pabellón de Bellas Artes, también conocido como Palacio del Renacimiento, y aunque su estilo neoplateresco es totalmente diferente, también es obra de Aníbal González. Hoy es el Museo Arqueológico de Sevilla. 

  • El Pabellón Real 

Cerrando la Plaza de América y flanqueado por los dos anteriores, se levanta el Pabellón Real. Sigue líneas neogóticas, haciendo un guiño a los estilos clásicos de la ciudad con numerosos ornamentos tallados en ladrillo, y hoy alberga dependencias municipales. 

Aníbal González como arquitecto de la ciudad

Aunque la participación de González al frente de la Exposición Iberoamericana del 29 fuera crucial para la historia de Sevilla, su legado a lo largo y ancho de la ciudad es enorme. No queremos dejar de citar algunas de sus aportaciones más emblemáticas que encontraremos además en las rutas más turísticas que recorren la ciudad.

  • La Capilla del Carmen

Se encuentra en el Altozano, junto al Mercado de Triana. Es de ladrillo y de cerámica trianera, con una cúpula en la que se representa el escudo del Carmen. Cualquier que cruce el Puente de Triana se topará con ella y con su verja acristalada, un detalle que permite el culto permanente.

  • Edifício para Manuel Nogueira

En el centro, haciendo esquina en el cruce las calles Santa María de Gracia y Martín Villa, junto a La Campana, se encuentra uno de los mejores ejemplos de la arquitectura doméstica de estilo neomudéjar en Sevilla. De hecho, fue el primer edificio neomudéjar de Aníbal González, lo que supuso un giro en su carrera. 

  • La Casa de las Conchas

Está en la calle Mateos Gago, en el centro histórico de Sevilla. Se inspira en la Casa de las Conchas de Salamanca pero, en este caso, las conchas de su fachada no son conchas, sino medallones con figuras humanas, animales o vegetales. 

  • Casa Laureano Montoto

La Casa Laureano Montoto es un magnífico ejemplo del estilo modernista de Aníbal González. Se encuentra en la calle Alfonso XII, fue acabada en 1906 y llama la atención por su fachada de ladrillo con balcones de piedra de formas curvadas. Está ricamente decorada con figuras mitológicas, dragones y elementos naturalistas. 

  • Casa Álvaro Dávila, marqués de Villamarta

Otro edificio que es imposible pasar por alto, dada su ubicación en la Avenida de la Constitución frente a la catedral de Sevilla, es la casa de Álvaro Dávila. Hace esquina con la calle García de Vinuesa y es otro gran ejemplo del regionalismo sevillano con su ladrillo, su forja y su cerámica policromada. Como curiosidad, llama la atención la delgada escalera poligonal que parece acoplarse en su vértice exterior. 

Lo que pudo ser y lo que no está

Aníbal González proyectó un gran número de edificios que, por un motivo o por otro, no llegaron a realizarse. En este caso es interesante mencionar la basílica de la Inmaculada Milagrosa, un edificio religioso que pretendía competir con la mismísima catedral de Sevilla con dos altas torres de 100 metros de altura. En 1913 se colocó la primera piedra, con presencia incluso del rey Alfonso XIII, pero su construcción se detuvo al morir González. Desde entonces, su planta con forma de cruz latina permanece parada.

Y entre lo que hubo y ya no está también hay edificios dignos de mención. Una de las desapariciones más lamentadas es la del edificio del Café París. Estuvo en la esquina de la Plaza de la Campana con la calle O’Donell y fue obra de la etapa modernista de Aníbal González. Se hizo popular como lugar de reunión de la alta clase media y la burguesía, así como de toreros y artistas, pero fue derribado en los años 70 del siglo XX víctima del afán modernizador de la época.

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