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Érase una vez un PSOE que...

El problema es que hay un PSOE que no es el PSOE de antes y en el que los programas eran motivo de deliberación constante en todos  los territorios y en todos los órganos federales

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Sede del PSOE en Ferraz.

Sede del PSOE en Ferraz

Érase una vez un PSOE en el que la redacción de los programas electorales tenía cierta  liturgia, además de un largo y deliberativo procedimiento previo. Debates con expertos, comisiones de sabios, propuestas de la militancia, redacción de documentos, conferencias sectoriales, aprobación de resoluciones y más debates, muchos debates… Siempre había debate. Una coma era un mundo y una párrafo, en ocasiones, un universo inexpugnable para según qué federaciones.

Érase una vez un PSOE cuyos órganos federales discutían hasta la última línea de cada capítulo del programa en jornadas que se prolongaban  hasta la madrugada. Primero llegaban las aportaciones de las agrupaciones y luego estas se debatían dentro de las Ejecutivas locales, provinciales y autonómicas. Desde allí eran remitidas a la Ejecutiva Federal del PSOE, que redactaba una inabarcable memoria de enmiendas.

Érase una vez un PSOE en el que, casualidades de la política, Pedro Sánchez -hoy secretario general del partido- trabajó en varias ocasiones en la confección de aquél listado de adendas remitido desde los distintos territorios.

Érase una vez un PSOE en el que la dirección federal negociaba, subsumía, transaccionaba y coordinaba todas las aportaciones hasta que concluía el programa, lo aprobaba y lo remitía, después, al Comité Federal, máximo órgano entre congresos del partido, para la aprobación definitiva.

Érase una vez un PSOE en el que, después de alcanzar el no siempre cómodo acuerdo entre barones, presentaba el documento en rueda de prensa con preguntas a los medios de comunicación.

Érase una vez un PSOE que no era el PSOE de Pedro Sánchez, donde los programas hoy se redactan en un despacho de La Moncloa y se ajustan solo con los miembros de un Comité Electoral que recibe instrucciones desde el Gobierno.

He aquí una de las polémicas de la semana, la del programa electoral que el diario.es adelantó el pasado martes y provocó la enérgica y justificada protesta del PSC de Miquel Iceta por no incluir en el texto la referencia al federalismo tantas veces invocado por los socialistas como solución al conflicto catalán y recogido en las Declaraciones de Granada y Barcelona de 2013 y 2017 con las que el partido -dirección federal y barones- alcanzó un pacto de mínimos con el que fijar su posición oficial ante el avance del independentismo en Cataluña.

Y he aquí algunas respuestas a lo ocurrido. Alguien en La Moncloa defendió hace tiempo que Cataluña beneficiaría electoralmente a un PSOE ahora en el Gobierno. Algún estratega pensó en la gestión de una respuesta a la sentencia en la que el independentismo volviese a saltarse la ley y la Constitución y hubiera que responder con un nuevo 155, pero  se encontraron con que la reacción no vino de las instituciones catalanes, sino de una calle incendiaba en la que se suceden día sí y día también los disturbios y los altercados.

Pedro Sánchez ha tenido que viajar a Cataluña casi de incógnito, ha sido escracheado por los trabajadores de un hospital e increpado durante un mitin en Viladecans, y al ministro del Interior quieren reventarle la visita el lunes de los reyes y la princesa de Asturias. Cataluña ya no interesa en la estrategia electoral del PSOE porque las encuestas han puesto negro sobre blanco que a quien beneficia una Cataluña  inflamada es a la derecha, que siempre es más radical en cuestiones de ley y orden que la izquierda. Más que Casado o Rivera quien está llenado el zurrón de votos en el resto de España es Abascal, que para eso siempre encuentra palabras más gruesas y medidas más extremas a aplicar contra el independentismo estén o no justificadas.

Y por eso alguien decidió en La Moncloa, que es donde se redactan los programas electorales -aunque formalmente estén coordinados por la presidenta del PSOE, Cristina Narbona- que ni federalismo, ni plurinacionalidad, ni descentralización, ni gaitas… La consigna: pasar de puntillas por Cataluña en el programa.

Pero llegó Iceta y la montó parda, que para eso el PSC también se presenta a las elecciones y no quiere bromas en un momento en que sus posibilidades electorales están al alza. Sánchez aceptó pulpo como animal de compañía y accedió a recuperar las declaraciones de Granada y Barcelona. Y, en lugar de admitir el error, dice que es que en el PSOE son muy transparentes y que el documento publicado respondía a la filtración de un borrador previo que no era el definitivo.

No es cierto. Antes de publicarse el documento adelantado por diario.es, sí existieron otras versiones. Dos de ellas pasaron por esta redacción y sólo cuando el texto fue remitido desde La Moncloa al Comité Electoral como definitivo y con la advertencia expresa de que así era fue publicada la última versión. En las anteriores, se introdujeron añadidos como la de la retirada de las condecoraciones del franquismo o la revisión del Concordato con la Santa Sede, nunca sobre el federalismo ni el capítulo referente a la política territorial. Lo sabe Iceta, lo saben los barones y lo sabe Sánchez. El problema es que hay un PSOE que no es el PSOE de antes y en el que los programas eran motivo de deliberación constante en todos  los territorios y en todos los órganos federales. Ni fue cuestión de transparencia ni fue un borrador previo, sino un cálculo premeditado y decidido en el ámbito de La Moncloa, y no del partido.

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