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No somos el Marca

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Magnífica foto la de Claudio Álvarez mostrando a Mariano Rajoy, aguerrido, a punto de meterse en el coche oficial, lanzando una mirada acuciante hacia su izquierda, como si buscara propiedades que registrar, y con el diario Marca firmemente sujeto a la altura del pecho, cual si lo usara como escudo o talismán contra los peligros que pueden asaltarle desde ese lado luminoso del asfalto patrio en donde habitan los rojos, los descontentos y las Femen, por no extenderme más.

Tal actitud y bagaje literario del ínclito líder del PP o la Nada (ya sabéis, podemos elegir y, de hecho, lo hacemos) ha despertado mofa y cachondeo en el ciudadano medio, y no digo que el pueblo o vulgo carezca de razón. Cuánto mejor no habría sido ver al prócer emerger de la fachisoletana Convención (no la ciudad: el acto) con el Ulises de James Joyce enrollado sobre el corazón, pues ello habría evidenciado no sólo el superior intelecto de nuestro amado presidente, sino también la contundencia de sus manitas, que, hasta la fecha, únicamente parecen servir para firmar sangrantes decretos en la oscuridad de su guarida, o para hacer un canutillo con las frágiles hojas de un periódico deportivo. Enrollar el Ulises, ahí le habría querido ver, don Mariano, aunque hubiera sido de tapas blandas.

Sin embargo, lo verdaderamente estremecedor de la imagen captada por Álvarez radica, una vez más, en lo simbólico.

Creo que, salvo que alguien aporte pruebas de lo contrario, podemos descartar la carga fálica, no sólo porque ya está muy vista semejante interpretación, sino sobre todo porque la foto fue tomada a la salida de la Convención y no a la salida de casa ni, concretamente, de un baño.

Centrémonos, pues, en otra imagen mucho más inquietante. En esa cabeza visible del Partido Popular que, durante la conventual Convención, sigue las intervenciones de sus correligionarios manteniendo su habitual e inane expresión, entre el nirvana y la bobería, con la boquita entreabierta como esperando el momento de hacerse con un buen puro... Tanta placidez mientras, por debajo, sus manos trabajan. Sus manos dan forma al ejemplar de Marca, lo palpan, lo apelmazan, lo aprietan. Sus manos de Orlac agarrotan al pobre diario, lo obligan a encerrarse en sí mismo, le cortan la respiración, no puede escapar, no tiene recursos... ¿A quién están estrangulando, esas manos?

No le deis más vueltas. Él ya se las dio, obsesiva, concienzudamente, como demuestra la foto. Pensaba en nosotros, en retorcernos el pescuezo.

En nosotros, los obligados a escoger entre Cospestalin y Nowhere, entre las desopilantes, desmesuradas y desvergonzadas mentiras oficiales y las crudas verdades que, día a día, nos atropellan. En nosotros que, pese a todo, en este Año de Su Recuperación, en este 2014, y ojalá y más nos vale, estamos despertando.

Nosotros, páginas sueltas que vamos a escribir otra historia y que queremos ser libres.

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