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El número de camas de nuestra sanidad: la importancia de elegir lo que medimos

La capacidad para medir resultados en salud cada vez es mayor, ya que sólo así tendremos una idea de la calidad y la capacidad de nuestro sistema sanitario

Sobre este tema también: El gasto sanitario público en tiempos de crisis

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El número de camas por habitante, el número de médicos o enfermeros, el número de aparatos de resonancia magnética o, incluso, el número de hospitales son datos que suelen dar para unas cuantas noticias al año. Los titulares más recientes son los que dicen que España es el cuarto país con menor número de camas hospitalarias por habitante (gráfica 1), solo por delante de Irlanda, Reino Unido y Suecia, y han salido a la luz a partir de la publicación del informe “ Los sistemas sanitarios de la UE. Características e indicadores de salud en el S.XXI

Gráfico 1. Número de camas por 1.000 habitantes

Fuente: Elaboración propia con datos de MSSSI

Fuente: Elaboración propia con datos de MSSSI

Podríamos pensar que tanto España como Reino Unido, Suecia, Italia, Portugal o Dinamarca necesitan incrementar su número de camas hospitalarias porque sus sistemas son claramente deficitarios de éstas y están por debajo de la media de la Unión Europea. Sin embargo, también podríamos pensar si estos países tienen algo en común, y rápidamente nos daríamos cuenta de la respuesta: todos tienen sistemas sanitarios del tipo Sistema Nacional de Salud (pagados por impuestos, con tendencia a desligar –salvo aberraciones como la introducida en España con el RD16/2012- el derecho a la asistencia de la cotización a la seguridad social, con la existencia de una Atención Primaria que ejerce de puerta de entrada al sistema sanitario,…).

Sabiendo esto la afirmación “España tiene que aumentar el número de camas hospitalarias” se transforma en dos preguntas:

1) ¿Por qué los sistemas nacionales de salud tienen menos camas que los sistemas del tipo Seguridad Social?

Cada tipo de sistema sanitario tiene una forma de racionar (sí, de racionar) la asistencia; en los sistemas de libre mercado (como el estadounidense) la asistencia se raciona en función de la capacidad individual de pago (directo o mediante aseguramiento privado); en los sistemas tipo seguridad social, el racionamiento viene por medio de la cobertura sanitaria a la que se suele acceder de forma vinculada al acceso al mundo laboral; por último, en los sistemas sanitarios tipo sistema nacional de salud el racionamiento viene mediante las listas de espera.

Podríamos considerar a estos mecanismos de racionamiento de la asistencia como problemas puntuales que necesitan mejorar, pero en realidad traducen las características de cada sistema sanitario. Características que lejos de ser asumidas como un hecho inmutable y sin consecuencias sobre la salud de la población, deben ser comprendidas e incorporadas a nuestros análisis para saber que tal vez sean más difíciles de cambiar que otras características menos impresas en el código genético del sistema.

2) ¿Tiene sentido comparar el número de camas a nivel europeo sin tener en cuenta otros factores?

No demasiado. El número de camas, como variable aislada y no puesta en contexto no sirve de nada. Lo que hay que preguntarse es qué actividades se llevan a cabo que requieran esas camas. Como se observa en la siguiente gráfica, con datos extraídos de la base de datos del Ministerio de Sanidad para la elaboración del informe antes citado los países con sistemas sanitarios del tipo Sistema Nacional de Salud muestran unas cifras superiores a la media de la Unión Europea según el porcentaje de sus intervenciones de amígdalas, cataratas y hernia inguinal realizadas en forma de cirugía sin ingreso.

Gráfica 2. % de intervenciones de cataratas, amigdalectomías y hernia inguinal realizadas bajo régimen de cirugía sin ingreso

Fuente: Elaboración propia con datos de MSSSI

Fuente: Elaboración propia con datos de MSSSI

En concreto, si nos fijamos en Suecia y Reino Unido (los países con menor número de camas por habitantes entre todos los que figuran en la gráfica 1), muestran unos datos especialmente elevados –junto con España-. Esto, conjuntamente con el papel de los cuidados ambulatorios (especialmente en lo que se refiere al papel de la atención primaria en cada tipo de sistema) puede justificar una parte importante del aparente déficit de camas de estos países.

¿Quiere esto decir que no hay por qué preocuparse en nuestro sistema sanitario? En absoluto. Si en vez de escoger una variable tan mediática como el número de camas escogemos una variable que mida resultados relacionados con el desempeño del sistema sanitario, como la mortalidad intrahospitalaria por infarto de miocardio en los primeros 30 días del ingreso, observaremos lo siguiente:

Gráfica 3. Mortalidad (%) intrahospitalaria por infarto agudo de miocardio a los 30 días del ingreso en mayores de 45 años

Fuente: Elaboración propia con datos de MSSSI

Fuente: Elaboración propia con datos de MSSSI

España se encuentra en el grupo de cabeza con una mayor mortalidad instrahospitalaria en esta variable. Si comparamos con los países con los que comparte un menor número de camas, podemos ver que Dinamarca, Suecia, Irlanda o Italia se encuentran bastante por debajo de la media (especialmente los tres primeros), mientras que España no les acompaña en estas posiciones.

Los sistemas de información se van desarrollando y la capacidad para medir resultados en salud cada vez es mayor (tanto tecnológica como metodológicamente). Hemos de poner el foco ahí, e ir desviándolo poco a poco de otros aspectos que, aunque coyunturalmente puedan –y deban- centrar la atención al verse relacionados con recortes y desviaciones de fondos de lo público a lo privado, no son los que dan la medida de la calidad y capacidad de nuestro sistema sanitario.

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